𝐂𝐀𝐏 01

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Finales del año 145

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Finales del año 145.

La luz de las velas titilaba en la sala, arrojando sombras danzantes sobre las paredes empapadas en silencio. El aire estaba denso, cargado con la fragancia de cera derretida y el susurro del viento que se colaba por las rendijas. En el centro de la estancia, el cuerpo de Rhaenyra Targaryen yacía en la mesa de piedra, su rostro marcado por la paz que la muerte le había otorgado, pero también por el misterio que envolvía su partida.

Las telas blancas, finas y suaves, eran enrolladas cuidadosamente por las manos que las manipulaban, cubriendo su cuerpo con reverencia. No había prisa. Cada movimiento era lento, meticuloso, como si en ese instante el tiempo se hubiera detenido para rendir tributo a una reina caída, a una madre, a una mujer que había sido todo en este reino, y ahora, solo quedaba su cuerpo frío, inerte.

La septa, vestida con su manto negro, se arrodilló ante la mesa, el incienso que quemaba en el altar llenando la sala con su humo espeso y dulce. Su voz comenzó a elevarse, suave pero firme, entremezclada con la respiración contenida de los presentes.

—— Siete señores y señoras del cielo y de la tierra, en vuestra misericordia acoged el alma de nuestra reina, Rhaenyra Targaryen... —La septa recitaba las antiguas palabras con una devoción que dejaba entrever el pesar profundo que todos compartían. — Que su alma sea purificada en vuestro abrazo, y que sus días de lucha y sufrimiento se desvanezcan como la niebla al amanecer...

Cada palabra era un suspiro, una oración hecha para entregar lo que quedaba de la reina al reino de los muertos. La quietud del lugar solo era interrumpida por el crujir de las velas y el murmullo de la oración. Nadie se atrevía a romper el silencio. Nadie podía. La figura de Rhaenyra, que había sido un faro de fuego y pasión, ahora era solo una sombra entre las telas.

El eco de las últimas palabras de la septa flotó en el aire, antes de que el silencio se apoderara nuevamente de la sala.

Fue entonces cuando Daemon Targaryen, de pie al fondo, avanzó lentamente hacia el cuerpo de su esposa. Su rostro, siempre marcado por la dureza del hombre que había sido, ahora mostraba la vulnerabilidad de un ser que había perdido lo que más amaba. Su respiración era pesada, su mirada fija en el cuerpo que aún parecía retener algo de su esencia. Se detuvo junto a ella, observando el rostro que había compartido su vida, su amor, su dolor.

𝑩𝑳𝑶𝑶𝑫 𝑨𝑵𝑫 𝑨𝑺𝑯𝑬𝑺- 𝑱𝒂𝒄𝒂𝒆𝒓𝒚𝒔 𝑽𝒆𝒍𝒂𝒓𝒚𝒐𝒏Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora