Abigail
Hay algo encantador en la oscuridad… un empujón, un tirón. Es como una canción de cuna inquietante con letras en constante cambio. (Lies true. Rina Kent)
El demonio se acerca lentamente mientras los latidos de mi corazón van en crescendo. Justo cuando está frente a mí, le lanzo una patada con todas mis fuerzas, impulsándome con los talones. Sin embargo, mi pie no impacta contra su cuerpo como me hubiera gustado; en cambio, me sostiene, consiguiendo pegar su cuerpo al mío. A pesar de que el lugar está completamente cerrado, puedo escuchar el eco de la música proveniente de las paredes.
—¿Lista para perder, conejito?
—¿Lo estás tú? Porque nada me motiva más que poder librarme de tu maldita presencia. No hay forma en que ganes esta vez.
—¿Sabes qué es lo que más me gusta de la caza? —pregunta mientras acaricia mi muslo suavemente solo con la punta de sus dedos—. La falsa sensación de esperanza en la presa. Por eso las dejo correr libres primero; me gusta que crean que pueden escapar de mí. El mejor momento es ver sus ojos cuando se dan cuenta de que en realidad nunca la tuvieron.
Con mi pierna todavía enroscada en sus caderas, baja la mano y corta la tela de las bragas en un rápido movimiento con su navaja. Jadeo de sorpresa; de haber estado a centímetros más cerca, me habría cortado, y no creo que le hubiese importado en los más mínimo.
—¿Por qué no lo dejaste besarme? Parecías muy dispuesto a permitir otras cosas.
—Porque no lo tiene permitido.
—¿Eso va para ti también?
—Por supuesto, pero solo porque no estoy interesado. Besar es demasiado íntimo, y tú solo eres una venganza.
—Si me importara un poco ese comentario, tal vez dolería, pero me da igual porque lo único que siento por ti... es desprecio. No tienes idea del odio que siento solo con ver tu estúpida cara. Eres todo lo malo que existe en el mundo y solo me consuelo pensando que un día podré clavarte un cuchillo en tu negro y podrido corazón.
Termino gritando, necesitando tomar varias bocanadas de aire una vez que termino de hablar, pero de alguna forma me siento bien; es casi terapéutico. Él, por otro lado, lejos de verse ofendido o molesto, sonríe ampliamente.
—El odio es un sentimiento muy fuerte, amor. Sabía que era importante para tí —clava sus dientes en mi hombro con fuerza, haciéndome retroceder tratando de liberarme—. Ódiame todo lo que quieras, conejito; me gusta cómo se siente.
Un quejido involuntario sale de mí debido al dolor provocado cuando siento su lengua limpiar toda la marca junto con un pequeño líquido pegajoso. El olor metálico me hace darme cuenta: el cabrón me mordió tan fuerte que me sacó sangre.
—Esto es para que no se te olvide a quién perteneces.
Me mira fijamente mientras se lleva a la boca el dedo corazón, el terror trepa por mi vientre, pero lo resisto, sabía cuál era su intensión y aun así decidí provocarlo, esta vez estoy jugando contra él; así que hago todo lo posible por transmitirle eso mismo con la mirada y la inclinación de mi barbilla.
Lo cual parece divertirlo, baja su dedo hasta la entrada de mí entre pierna esperando
una reacción de mi parte, no se la doy. En menos de un segundo lo tengo dentro de mí lo que consigue tensarme por completo, pero eso no lo detiene, comienza a moverse muy lentamente para luego ir aumentando el ritmo y agregar dos dedos más, una rotación por su parte hasta una zona particularmente sensible y un calor se instala en esa zona, junto con un palpitar.
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Lujuria
Random-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
