Abigail
"A veces caer al vacío es la única forma de aprender a volar"
(Anónimo)
Es curiosa la sensación que experimentas cuando el mundo se desmorona a tu alrededor. Las cosas siguen su curso natural, el tiempo avanza de la misma manera, deslizándose como agua entre nuestros dedos. Sin embargo, en ese pequeño instante en el que sientes que la tierra te engulle vivo, cuando todo a tu alrededor parece paralizarse, es cuando sabes que nada será igual.
Un suspiro entrecortado sale de mis labios mientras mis pies crujen bajo la hierba al retroceder.
Un paso atrás y un recuerdo brumoso comienza a emerger desde la profundidad de mi mente, causando pulsadas en mis sienes.
Sangre.
Estoy rodeada de sangre por todas partes, como un océano carmesí que me envuelve, mientras un calor abrazador se desliza por mi piel, como brasas ardientes. Trato de ponerme en pie lentamente, a pesar de los músculos doloridos que parecen gritar en protesta.
—Vamos —me digo a mí misma, la desesperación apretando mi pecho al sentir mis piernas temblorosas negándose a cooperar—. Por favor.
Pestañeo continuamente, tratando de volver a la realidad, pero mi mente se niega a cooperar. En lugar de apagarse de una maldita vez, me lanza imágenes confusas que me desorientan aún más.
Gotas de sudor caen en mis ojos como pequeñas lágrimas, dificultando mi visión. La humedad se mezcla con el terror que me consume; así es siempre en el infierno.
Porque es justamente donde me encuentro.
Un momento... ¿el infierno? Ya he estado allí antes, pero no es un recuerdo en absoluto. Es un sueño, una pesadilla, un eco del trauma que me persigue por haber creído haber asesinado a mi hermano.
No es real, no es real, no es...
Pero las imágenes no se detienen; esta vez captan más detalles que antes no existían. En lugar de pasillos escalofriantes y paredes mohosas, me encuentro escapando a través de paredes de madera, atravesando un pasillo repleto de retratos clavados en la pared. Rostros felices me observan desde el pasado, pero mi cerebro no es capaz de entender por qué si la niña en ese retrato que se parece a mí luce tan feliz, yo me asfixio en el pavor. Porque mi cuerpo está cubierto de pequeños cortes de tijera, y las losetas de mármol están manchadas de carmín.
—Yo... no lo entiendo —murmuro, retrocediendo dos pasos mientras presiono mis manos contra mi cabeza en un intento desesperado por detenerlo todo—. Son pesadillas, siempre han sido solo pesadillas. ¡¡Mis padres me amaban!! —grito rabiosa, acercándome a mi hermano con una risa nerviosa burbujeando en mis labios—. Es otro truco, ¿a que sí? De eso se trata todo, de putos trucos para arruinarme la vida.
—Ojalá fuera así, pequeña flor —contesta con pesar, sin inmutarse ante el arma que apunta a su frente. Su voz es suave— Nunca fueron pesadillas; eran recuerdos.
—¡¡Mientes!! —mi rostro arde de ira, calentando mi sangre hasta que creo que voy a explotar en mil pedazos—. ¿Por qué los recordaría solo ahora? ¿Por qué no antes?
—¿Recuerdas todas las terapias en las que te acompañé de pequeña? Luego de la muerte de nuestros padres.
—Las recuerdo —respondo con desdén—, pero eso fue para jugar en mi mente, para borrar la imagen de ti asesinando a nuestros padres. Para que me volviera una puta marioneta dispuesta a tu antojo.
Sus ojos brillan con un tipo de emoción terriblemente familiar al dolor mientras niega con la cabeza lentamente.
—Sí es cierto que las terapias fueron para bloquear tus recuerdos. No es curioso, ¿acaso? Cómo nuestra mente tiene el poder de inventar escenas; una historia que nunca sucedió solo cuando cree que es por nuestra propia supervivencia.
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Lujuria
Acak-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
