Kiev
El villano sabe que el
dolor es el preludio de un placer mucho más intenso. (¿Qué has hecho?. Pasión fae)
La sangre se desliza entre mis dedos, convirtiendo la pinza en un instrumento resbaladizo, manchado por el líquido carmesí que brota de mi piel. Cada gota que cae amplifica mi sonrisa, mientras los gritos de Penélope perforan el silencio del sótano, resonando como una sublime sinfonía. Siempre he encontrado un extraño consuelo en esos gritos, esos lamentos que emergen desde lo más profundo del alma, desgarrados por el dolor agonizante.
Dolor.
Mi existencia ha estado marcada por el sufrimiento desde el instante en que llegué a este mundo. Aprendí a adueñarme de él, a transformarlo en una filosofía de vida. Nadie podría arrebatarme más si yo era quien infligía esa intensa emoción. Sin embargo, a pesar de mis esfuerzos, quedaron grietas en mi interior, por donde una persona de ojos color tormenta se coló, apropiándose de cada rincón de mi ser. Se convirtió en mi puta debilidad.
—Por favor, Kiev—suplica Penélope, sus lágrimas surcando su rostro sucio y su cabello enmarañado por días de encierro en el sótano—Solo detente, por favor. Te he dicho mil veces que yo no fui la responsable. ¡¡Estás torturando a la persona equivocada, joder!!
Dejo caer las pinzas que utilicé para arrancar algunas de sus filosas uñas, aquellas que intentó usar para arañar el rostro de mi conejito. Apoyo los brazos en el respaldo del asiento donde está atada, acercando mi rostro al suyo con una sonrisa burlona.
—Pen, dulce e ingenua Pen—le respondo, acariciando su rostro cubierto de sangre mientras agarro su mandíbula con fuerza, dirigiendo sus ojos hacia mí—El problema es que no te creo una mierda.
—¡Te estás dejando llevar por ella, imbécil!—grita, el pánico reflejado en su rostro descompuesto por la escasa luz del sótano—Siempre te he sido fiel, siempre. Estás cometiendo un error.
—Pero él tiene razón, querida—interviene Alya, emergiendo de las sombras en una esquina, donde había estado observando el espectáculo. Se acerca con un vestido negro ceñido y su serpiente devoradora de personas enredada en su cuello—Estás mintiendo. Ahora me pregunto sobre qué.
Ya me habían informado sobre su visita a la reportera y cómo terminó. Aún tengo planes de castigo para mi conejito por desobedecer una orden directa de no salir del inferno; eso tendrá su tiempo. Pero ahora hay algo que me consume la mente: los asesinatos continúan a pesar de que Penélope sigue atrapada aquí.
Eso debería ser suficiente para sacarla de la lista de sospechosos. Pero para mí, no es suficiente. Sé que algo se me escapa y me corto los huevos como no dé con ello.
—Yo no lo hice, no lo hice, no lo hice...—empieza a lloriquear histéricamente mientras Alya acerca su serpiente a sus dedos sangrientos, lista para dejarle probar un bocado de su carne—¡Por favor, Kiev! Haz que se detenga. No fui yo. ¿Cómo puedo serlo? ¡Si estoy encerrada! ¿Es que no lo ven?
—Eso es evidente—respondo con solemnidad, recostándome contra la pared sin dejar de observarla—Sin embargo, el hecho de que no seas la responsable directa no elimina tu implicación en todo esto. Así que te lo preguntaré de nuevo: ¿para quién trabajas?
—¡Para nadie!—grita cuando la serpiente comienza a introducir su boca en uno de sus dedos—Lo juro, maldita sea. No trabajo para nadie.
—Tan buena mentirosa—arrulla Alya, acariciando su cabello mientras la serpiente continúa devorando su piel, alcanzando otro dedo—Tan bonita y tan manipuladora por dentro. Esos trucos de feria de fingir ser inocente no funcionan conmigo, querida; puedo ver a través de lo que intentas ocultar.
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Lujuria
Random-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
