Kiev
Donde estoy yo, ella está . Ya
sea en la carne o en
fragmentos de mi mente.
Y donde hay llama, siempre
hay sombra.
Ella es mi inevitable. Powerless
—Bien, ahora podemos pasar a tu castigo.
—¿Mi qué? —pregunta, con un adorable rubor en sus mejillas.
—Te tardaste tres minutos en llegar, amor. La impuntualidad se castiga.
Tres minutos y trece segundos.
Pero no digo esa parte; me hace sonar demasiado acosador.
—Pero... pero...
—Pero nada, límpiate las lágrimas y sígueme.
Avanzo varios pasos lejos del lugar. Me tomó meses poder construirlo hasta terminarlo. Comencé desde el momento en que la dejé irse; poder armarlo pieza por pieza era una de las únicas cosas que mantenían mi mente en paz.
Noto que aún no se mueve, su cuerpo congelado sin dejar de mirar su reflejo.
—No deberías hacerme esperar más, o le subiré el nivel.
—Espera, ¿a dónde vamos? —pregunta, siguiéndome los pasos.
—Al círculo de la lujuria.
Escucho cómo traga en seco, con un gesto nervioso en su cara.
—¿A tu círculo? ¿A qué?
—¿A qué crees, conejito? —pregunto, inclinándome hacia ella una vez que entramos en el ascensor.
Ella retrocede por lo que queda de espacio, presionándose contra la pared, lo que aprovecho para acorralarla, agarrando sus manos en cada lado de su cabeza. Mi rostro está a solo centímetros del suyo, y eso es suficiente para que las ganas de follarla hagan su acto de aparición. La sangre comienza a correr por mis venas a toda velocidad mientras miro su lindo rostro, tan sonrojado y tentador.
—¿Para, umm, seguir mostrándome el lugar? —pregunta haciéndose la tonta, pero su vista se dirige a mi boca, lo que me hace apretar aún más sus manos.
Joder, no debería verme así.
—No hay nada que mostrar. Mereces un castigo por desobedecerme, y es lo que obtendrás —murmuro, besándole la comisura del labio, luego ese punto tan sensible que tiene en el cuello, para terminar rozando sus labios.
Si supiera la tortura que es contener mis ansias después de haber estado dentro de ella, empiezo a creer que estoy un poco obsesionado.
Okey, puede que más que un poco.
—¿Qué vas a hacer conmigo?
—Voy a corromperte, conejito.
Y justo en ese mismo instante, el ascensor se abre, dándole paso a la entrada de mi círculo favorito. La música suena a todo volumen; su función es opacar un poco el sonido de los gemidos y de los cuerpos chocando. Como en el caso de Ira, el de los huesos quebrándose. La tomo de la mano para conducirla hacia mi objetivo mientras la euforia vuelve a invadir mi sistema. No tengo que apartar a ninguna persona en el camino, ya que me reconocen; saben quién es el puto rey del lugar, por lo que ellos mismos se abren paso, dejándome el camino libre.
—¿A dónde me llevas, Kiev?
—¿Ya mencioné lo mucho que me gusta cada vez que pronuncias mi nombre?
Hasta que llegamos a la conocida "caja de cristal". Una pareja se encuentra todavía teniendo relaciones, rodeada de un grupo de personas que las observa desde afuera.
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Lujuria
De Todo-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
