Abigail
—Si quieres convertirme en la villana de tu historia, háslo. Incluso haré que me crecan cuernos y garras para hacertelo más fácil (Asesino de Brujas)
Sus palabras se sienten como una sentencia, dejando un eco escalofriante a su paso. El viento agitado aúlla como una fuerza, provocando el frío en mis huesos.
—No le hagas caso, Julien, no va a disparar —contesto con seguridad, intentando mantener mis rasgos calmados y avanzando un paso al frente—. Vete de aquí de una vez.
—¿Qué estás diciendo, Abi? ¿Te volviste loca? El tipo te está apuntando con un arma.
—Tu amigo tiene razón, conejito —responde el psicópata, volteando a verme, aún con el arma apuntando hacia mí—. Esa seguridad es bastante arrogante; sabes que siempre cumplo mis amenazas.
—No lo harás —replico con furia, inclinando mi barbilla. Sin embargo, los espasmos comienzan en mis dedos para luego hacerme temblar.
—Eres una ilusa entonces. Ahora, ¿en qué estábamos? Ah, sí. Verás, Julien, quiero comprobar algo muy importante y tú me ayudarás en eso. Supongo que quieres que tu amiga siga viva, ¿verdad? Debes conocer mi reputación; sabes que no me temblará el pulso en borrarla de la existencia.
—¿Qué... tengo que hacer? —dice nervioso, sus ojos revoloteando en cualquier esquina en busca de una salida.
—Es simple: comienza por arrodillarte y luego bésame las suelas de los zapatos mientras me suplicas por la vida de tu amiga.
Lágrimas de frustración recorren mis ojos. ¿Cómo pude sentir atracción por una persona como él, aunque fuera por un instante? Por unos tontos segundos había olvidado quién era. Y es que la verdad es que los monstruos cambian; no obtienen rendición. Porque simplemente son felices siendo como son.
—No hablas en serio, ¿verdad? —comenta Julien nervioso, su frente perlada en sudor debido a los nervios.
—¿Te parece que estoy de broma? —dice Kiev, El click del seguro al ser quitado suena estridente, como la cuenta regresiva de una zona por ser bombardeada. Sus ojos, oscuros y penetrantes, se fijan en él con una intensidad que lo hace retroceder un paso—. No me volveré a repetir; pensé que ella era importante para ti.
Julien traga saliva audiblemente. —Y lo es —responde finalmente, su voz apenas un susurro—. Pero lo que me pides es demasiado humillante.
—Entonces, ¿tu orgullo vale más que su vida? ¿Es lo que me estás diciendo? —lo interrumpe él, su tono cargado de incredulidad. La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo, y sentí cómo la presión aumentaba, como si cada palabra pronunciada pudiera ser un detonante.
—No, no... —balbuceó temeroso—. Yo... mierda, de acuerdo —finalmente cedió, la resignación pesando en su voz. Su mirada se desvía hacia el suelo, incapaz de enfrentar las consecuencias de su decisión.
Observo a Julien, con cara de derrota, inclinar sus rodillas hasta quedar presionando el suelo, sus ojos evitando los míos a toda costa. Los del demonio, en cambio, iluminados en sadismo. Cierra los párpados con fuerza, haciendo el amago de besar sus pies, pero retrocede con sus facciones contraídas en vergüenza.
—Joder —gruñe en el segundo intento.
—¿Algo anda mal, colega? Mi tiempo es preciado y suelo aburrirme con facilidad. Tienes diez segundos antes de que suelte el primer disparo.
—Lo haré, joder, lo haré. No la mates, ¿sí? Haré lo que me pidas.
—Palabras, palabras. Pero mis botas aún siguen intactas. 10...
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Lujuria
De Todo-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
