Abigail
"En el instante en que la presa se da cuenta de su poder, el mundo cambia; ya no es solo un juego de caza, sino una danza mortal."
Anónimo
La pequeña bandeja repleta de masa de galletas cae al suelo, arruinando las losetas con un feo estruendo. Sin embargo, no podría importarme menos, porque mi mente está totalmente metida de lleno en el mensaje que acabo de recibir de un número desconocido en una especie de bucle.
Era una tarde particularmente calurosa, así que me encontraba horneando galletas junto a mi abuela en la cocina. A pesar de que lo mío no es la cocina en absoluto, adoro poder decorarlas, al igual que los postres rellenos, hasta llegar a mi parte favorita: comerlas, por supuesto.
Pero antes de poder hacerlo, recibí un mensaje en mi móvil. Lo tomé con una mano mientras sostenía las galletas con la otra, y al ver de qué se trataba, me paralicé.
Número desconocido: Creo que a tu novio le vendría bien una nueva reconstrucción de rostro. Puedo ayudar con eso; sin embargo, no te aseguro que sobreviva a ella.
Pero fue la imagen adjunta la que me hizo tirar la bandeja de golpe.
En ella se muestra a Ronan amarrado a una silla, con varios golpes repartidos por toda la cara y una pistola apuntando justo en la sien. Son sus ojos, abiertos como platos y desesperados, lo que hace que las náuseas estallen en mi estómago.
—Jesús, Abi, mira todo el desastre que hiciste —dice mi abuela con reprobación—. Cariño, ¿te sientes bien? Estás transpirando.
—Sí, sí. No es nada, solo... necesito un poco de aire.
Corro hacia el porche de la casa, escribiendo lo más deprisa que me permiten mis dedos. Ni siquiera me cuestiono cómo tiene mi número; a estas alturas, nada me sorprende.
Yo: Por favor, no le hagas daño.
Número desconocido: Entonces ven por él.
Sé que es una trampa; aun así, también sé de lo que es capaz. Llamar a la policía es solo darle más motivos para vengarse, y la próxima vez podría ir por Chiara o mi abuela. Me monto en el auto sin molestarme en limpiar el polvo de harina de la ropa y arranco, dirigiéndome a casa de mi ex, manejando lo más rápido que soy capaz con el miedo atascado en mi garganta. Él es demasiado impredecible y si algo le pasa a Ronan por mi culpa... no podría perdonármelo.
Luego de media hora, llego por fin a mi destino. Desabrocho mi cinturón con manos temblorosas y me dirijo a su casa. La puerta está abierta, así que no me molesto en tocar. Dudo solo unos segundos hasta que tomo mi decisión y finalmente entro. Todo está totalmente oscuro a pesar de que aún es de día; esto se debe a que todas las ventanas y cortinas de la casa están cerradas. Camino lentamente con el corazón retumbándome en el pecho. No tengo idea de qué haré; no me molesté en idear un plan, simplemente actúo por impulso.
Siento una luz encendida en el centro de la sala. Tomando una fuerte respiración, me dirijo hacia allí, rezando porque al menos los padres de Ronan no se encuentren en la casa. Mis pasos crujen sobre el piso de madera, por lo que no me sorprende que ya estuviera atento a mi llegada.
—Conejito, por fin nos honras con tu presencia. Te hemos estado esperando.
La imagen de Ronan golpeado y con un arma en su cabeza rompe mi corazón; está metido en esto por mi culpa.
—Ya estoy aquí —digo con voz titubeante—. Es a mí a quien quieres y no a él; por favor, déjalo en paz.
—Ah, eso es muy arrogante de tu parte. Atribuirte todo mi interés hacia ti—chasquea la lengua con expresión lunática mientras gesticula con el arma—. Después de todo, creo que el imbécil aquí y yo podríamos ser amigos. ¿Qué te parece, colega?
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Lujuria
Random-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
