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Abigail


I tried to live in black and white, but I'm so blue
I'de like to mean it when I say I'm over you
Bat that's still not true
I'm still so blue
(Blue, Billie Eilish)

Dos semanas después

—Conecten sus chakras en el vórtice espiritual.

Chiara y yo la miramos confundidas, sin entender en absoluto a qué se refiere.

—¿El qué?

—Sus manos —aclara Rian en un suspiro exasperado—. Coloquen sus manos en el vaso frente a ustedes.

Las tres alzamos nuestras manos para hacer justamente lo que dice, nuestros rostros apenas iluminados por las velas alrededor del suelo junto a nosotras.

—Espíritus que están presentes esta noche, yo los convoco a revelar su presencia. ¡Muéstrense! —dice Rian con voz teatral y los ojos cerrados.

Resoplo sin poder contenerme. Sinceramente, no tengo idea de cómo me dejé convencer para hacer tal cosa. Esta tarde vinieron las dos a visitarme alegando que una noche de chicas era lo que necesitaba, ya que mi abuela estaría fuera toda la noche. Me pareció una idea estupenda, hasta que Rian tropezó con un estante repleto de sus cosas de bruja y se le ocurrió la genial idea de usarlas para convocar fantasmas.

Por supuesto que me negué rotundamente al principio, pero la cosa es que resulta prácticamente imposible negarle nada cuando algo se le mete en la cabeza. Por lo que nos encontramos sentadas en el suelo a la medianoche con una tabla ouija en el centro.

Esperamos unos segundos con los ojos cerrados, pero nada sucede, ni siquiera un cambio en el aire.

—¿Estás segura de que dijiste las palabras correctas? No siento nada extraño —comenta Chiara, abriendo los ojos en una mueca de escepticismo.

—Las palabras son lo de menos; lo importante es cómo se dice. La influencia de la luna y la noche. No me estés mirando con esa cara de incredulidad, Abigail. De todas nosotras, deberías ser la más creyente; estas cosas son de tu abuela, después de todo. No me digas que nunca intentaste comunicarte con algún muerto.

—Es precisamente porque conozco los riesgos de abrir el velo que nunca lo he hecho. No solo abres la puerta a los muertos, sino a otras cosas también.

—Cosas que vienen tras tu alma, Rian, aunque dudo mucho que le interese; demasiado negra para su gusto.

—Muy chistosa, Chiara. La tuya sí que es poco apetecible, con ese temperamento de mierda que siempre llevas...

Las escucho discutir, pero no intervengo; sé que así es su relación, una forma extraña de demostrarse afecto. ¿Pero quién soy yo para juzgar? Mis ojos, en cambio, están totalmente fijos en el vaso encima de la tabla, como atraída por una especie de atracción magnética.

Tal vez, solo tal vez, si lo intentara y funcionara, podría obtener algunas respuestas. Estoy tan harta de la maldita incertidumbre, de que las señales solo sean imágenes confusas. Si tuviera una ayuda, por más pequeña que sea, podría serme de utilidad.

Aguantando la respiración, vuelvo a colocar mi mano en la superficie del vaso, ajena a todo lo que me rodea. Por una vez no reprimo mi energía oscura; la dejo fluir, cerrando fuertemente los párpados mientras recito lo que escuchaba a mi abuela decir todas las noches tras el asesinato de mis padres en un intento de comunicarse con ellos. Nunca lo consiguió; mis padres nunca acudieron a ella. Sin embargo, ese día se fue con una gran cicatriz en su clavícula. Mis padres no acudieron a su llamada; otra cosa lo hizo.

LujuriaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora