Abigail
Los placeres violentos encuentran
finales violentosy en su triunfo
mueren, como fuego y pólvora,que,
al besarse, estallan.
Romeo y Julieta, acto II, escena
VIWilliam Shakespeare
¿Conoces esa sensación en la que te sientes asfixiada debido a las emociones tan intensas en tu interior, pero a la vez no logras sentir nada?
Es como estar en un volcán mientras la tierra tiembla bajo tus pies en señal de que va a hacer erupción. Pero a ti no podría importarte en lo más mínimo.
Así es como me siento mientras camino con pasos furiosos hasta el quinto nivel del inferno, donde está su habitación. Como un puto volcán a segundos de estallar, deseoso de llevarse a todas las personas que pueda consigo.
No tuve ningún problema en entrar, ya que los guardias de seguridad no se interpusieron en mi camino; la mayoría de ellos me conoce. Después de todo, estuve unos días en este mismo antro. Llego a la puerta de madera y, sin tomarme un solo segundo, comienzo a golpearla con todas mis fuerzas.
—Erin, ya te he dicho que no estoy interesado en... —pero se calla abruptamente al ver a quién tiene tras la puerta.— Vaya, vaya. Esto sí que es una sorpresa.
—¿Puedo entrar? —pregunto, tratando de mantener a raya los espasmos que me provocan escalofríos por toda la espalda.
Él se encuentra sin camiseta, dejando al descubierto todos sus tatuajes, con el cabello algo despeinado, como si se hubiera acabado de levantar.
—Por más que disfrute con esta sorpresa, tengo que dudar un poco de tus intenciones.
—¿Vas a dejarme entrar o no?
Me mira, clavando su mirada bajo mi piel, como si estuviera examinando cada detalle, sabiendo que algo no anda bien pero sin poder identificar de qué se trata.
—Bien, supongo que me arrepentiré de esto, pero... ¿qué mierda?
Se hace a un lado, dejándome pasar. Entro con todas mis emociones aún contenidas. Las pinturas del infierno me devuelven la vista, recordándome la primera vez que estuve aquí. Justo después de salvarlo. ¿Qué irónico, no? Cómo arriesgué mi vida por salvar la suya. Tal vez ese fue mi error. Debí dejar que muriera ese día; así tal vez Rian aún estaría...
El dolor comienza como un líquido colgándose en cada parte de mi interior, pero lo vuelvo a retener.
No, aún no.
Primero tengo que hacer esto; luego podré derrumbarme y dejar que el dolor venga a quitarme lo que desee esta vez.
—¿De qué se trata, amor? Porque no soy tan ingenuo como para pensar que si estás aquí es por el consuelo de mi compañía.
El cuchillo escondido tras mi suéter amplio y la cintura de mi pantalón arde, volviéndome realmente consciente de por qué estoy aquí.
—Tienes razón, no tiene nada que ver con ese motivo —volteo mi rostro acercándome a él hasta ponerme frente a frente.
Es sencillo.
Ya he hecho esto antes.
Solo tengo que sacar el cuchillo y abrir su garganta.
Justo como él hizo con ese hombre en el bosque.
Como hizo con Mariana.
Con Rian.
Esto no es venganza; es justicia. Y si alguien tiene que hacerlo, esa soy yo.
—¿Sucedió algo? —pregunta, frunciendo el ceño mientras mira mis ojos alternativamente—. Luces diferente.
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Lujuria
De Todo-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
