Kiev
Y mientras yo te sienta, tú me serás, dolor, la prueba de otra vida en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos, de que existió, de que existe de que me quiso, sí, de que aún lo estoy queriendo (Pedro Salinas "no quiero que te vayas")
Algo va jodidamente mal.
Es lo que me repite mi cabeza sin parar a medida que cruzo los pasillos, con una duda que me está quebrando la mente. Una duda que antes no lo era en absoluto; antes solo era una clara certeza, y me dirijo hacia la única persona que puede aclararla. El ruido en mis oídos se hace cada vez más fuerte con cada paso.
Ya había visto ese colgante antes.
Y podría decirme a mí mismo que es otro, que no es el que atormenta mis recuerdos, pero no es así, ya que fue creado específicamente para una persona.
Una lágrima de amatista.
Como el color de sus ojos.
Unos ojos que nunca volveré a ver otra vez, por lo que toparme con dicho objeto destapó todos los recuerdos que llevaba mucho tiempo conteniendo.
Abro la puerta sin molestarme en tocar, entrando en la pequeña habitación, en su santuario, como le gusta llamarlo. Me lo encuentro exactamente como imaginaba: con su rostro recostado en su mano, mientras con la otra teclea rápidamente sin cesar, la luz de las pantallas alrededor iluminando mi rostro.
—Imagino que no estás aquí por buscar una persona, sino por alguien en específico —dice sin siquiera voltear a verme—. ¿Qué será esta vez si ella se encuentra aquí? Tu deuda conmigo crece cada vez más.
Es algo que Isaac comparte con Samael: ¿quieres algún favor? ¿Información o encontrar a alguien? Ellos lo harán por ti.
Pero no es gratis.
Todo viene con un precio, y en su caso viene en forma de favores; nunca sabrás de qué se trata hasta que ellos decidan qué es.
—¿Tan obvio soy?
—El hecho de que solo hayas venido aquí por una persona lo hace obvio para ti. ¿De qué se trata?
—El día en el bosque... el anterior a que la policía nos arrastrara. ¿Alguna vez... supiste quién nos había delatado?
Eso lo hace darse la vuelta en su silla para mirarme con su rostro como si estuviera muy aburrido de tu presencia. Es su expresión natural, pero hay molestia bajo esos rasgos; molestia no, me corrijo al fijarme mejor: impotencia.
—No— es todo lo que dice, y entiendo el motivo de su incomodidad; es la primera vez que no da con el culpable. —Sea quien sea, nos conocía de alguna forma, por lo que ha podido burlar cada cámara de seguridad y forma de localización que tengo disponible. Es como si se tratara de un fantasma.
Y eso le obsesiona; puedo verlo en sus ojeras tan notorias ahora que lo miro de frente. Seguramente lleva días sin dormir buscando a esa persona. Sin embargo, todo lo que dice no tiene ningún sentido respecto a quién se tratara...
—¿Crees que fue ella? —contesta al leer mi expresión.
—Era la única persona aparte de nosotros ese día; no pudo ser más nadie.
—Lo sé. Sé que estaba allí, yo también la vi. Al principio me pregunté por qué te interesaba tanto saber todo sobre esa chica, hasta que me di cuenta del porqué... querías castigarla por delatarnos.
Asiento simplemente, a pesar de que a estas alturas es lo último que pienso una vez la veo.
—Pero, Kiev, hay algo que deberías saber... ella no fue.
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Lujuria
Rastgele-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
