Kiev
“No busco redención, busco verla sonreír entre las ruinas."
La gasolina se desliza entre las raíces y la hojarasca, empapando la tierra húmeda bajo nuestros pies. Samael vacía el último bidón, y el olor acre se mezcla con la sal del mar y la perversa emoción en el aire. Con un chasquido, la llama del mechero baila en mi mano—sólo un segundo, contemplando el destello en la llama—y luego el fuego salta, hambriento, trepando por los troncos y rugiendo hacia el cielo.
Las llamas iluminan los rostros a mi alrededor: Samael suelta una carcajada desquiciada junto con Ayla; Chiara se mantiene firme, observando las llamas consumir los árboles a su paso como si estuviera hipnotizada, mientras Erin la contempla a ella con una especie de curiosidad mordaz.
Asher se encargó de llevar al conejito hasta el auto, a unos metros de distancia, lejos del peligro y lo más próximo a Isaac, quien utiliza sus herramientas de rastreo en espera de un maldito helicóptero.
El bosque mismo grita desesperación; el aire a nuestro alrededor se vuelve denso, ya que el humo se cuela por todas partes, dificultando la respiración. Sin embargo, a ninguno de los que estamos aquí de pie podría importarnos una grandísima mierda.
Que todo arda.
Que el mundo entienda que reduciré cada maldita parte a cenizas y le daré forma con la sangre de los caídos tiñendo mis dedos.
Los segundos corren deprisa, marcando la cuenta atrás mientras el humo asciende a mayor altura, hasta que es prácticamente un manto que recubre una gran extensión del bosque cerca de la costa.
—Una vez te dije que podrías quemarlo todo y solo estaría en una esquina sonriendo con orgullo—comenta Sam con una mano en mi hombro, las llamas iluminando la emoción en sus rasgos—. Eres un hijo de puta, Kiev, no pensé que sería tan literal, pero carajo... me alegra estar presente; lástima que no haya una audiencia apropiada.
—¿Crees que es más necesario más personas?—pregunta Ayla, curiosa.
—No me refiero junto a nosotros—comenta el rubio con simpleza—sino dentro del propio incendio.
Un silencio cae tras sus palabras, solo interrumpido por el chisporroteo de ramas y hojas quemándose a lo lejos. Un silencio donde, por unos instantes, la máscara de Samael cae, mostrando por qué ese, precisamente, es su nombre. En lugar de la soberbia que suele envolverlo, una ira cruda asoma en las profundidades de sus ojos, tanta que es casi palpable. Todos tenemos pasados trágicos; sin embargo, el suyo, en cambio, siempre ha sido un misterio. Todo lo que sabemos es que mi padre lo encontró como único sobreviviente del incendio en una iglesia que servía de orfanato. Desde entonces, el fuego es lo único que hace mostrar sus emociones de raíz, revelando una retorcida visión vengativa.
Nadie sabe el porqué. Salvo que perdió a la única persona que amó en ese lugar. Pero todos estamos dispuestos a seguirlo una vez que deje caer su máscara por completo.
—Puedes volver con Abigail, Chiara—comenta mi hermano, con la vista clavada en la pelirroja—. No es necesario que estés aquí; puede ser peligroso para ti misma.
—No me importa. Quiero verlo—afirma ella, cuadrando los hombros y mostrando una mirada desafiante—. Nunca me agradaron en lo absoluto; creía que eran un peligro para Abi, y aún lo creo. Son cabrones homicidas y no existe ni una pizca de moralidad en alguna parte de su ser—con esto último, su mirada se desliza de las llamas hacia mí, dejando en claro su punto. Una elevación de cejas es toda mi respuesta—. Pero si eso es lo que le salva la vida, no me importa en absoluto. Destruyan todo si es necesario.
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Lujuria
Random-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
