28

358 43 45
                                        

Kiev

Ella no es presa de mi
bestia, es su rival.
(God of ruin. Rina Kent)

Tierra siendo removida es lo que finalmente me arrastra de el estado de inconsciencia. Abro los ojos, pero mi visión es un caos; todo se ve borroso, como si estuviera mirando a través de un cristal empañado. Parpadeo varias veces, intentando enfocar, mientras el aire a mi alrededor se siente pesado y húmedo, impregnado del olor terroso que me rodea. Siento el vibrar del sonido de los grillos en la tierra, un canto insistente que resuena en mis oídos.

Espera un puto segundo.

Clavo mis manos a los costados, y al instante siento la fría y húmeda tierra que se adhiere a mi piel. La oscuridad me envuelve; es todo lo que puedo ver por todas partes. Mis sentidos están abrumados por la sensación de encierro, y mi visión se limita aún más, ya que estoy atado a una especie de caja.

Una puta caja fúnebre, y estoy dentro de ella, atrapada en una especie de tumba.

La cual probablemente sea mi propia tumba.

Jo-de-me.

La verdad, estoy bastante impresionado, más que otra cosa. Llevo toda mi vida atando a personas, ya sea por placer o castigo, pero es la primera vez que soy yo quien está atado y, además, bajo el suelo, nada menos. Sabía que me estaba conduciendo a una trampa, pero lo que menos imaginé fue que fuera de este tipo.

—Hora de despertar, psicópata.

Una voz altiva me llega desde la superficie. El hoyo no es muy profundo; sin embargo, se siente como si la propia tierra me estuviera tragando por completo, reclamándome como suyo. Aun así, alzo mi vista para encontrarme con tres siluetas de chicas, cada una con un color de pelo distinto: rubio, rojo y azul.

Supongo que la de azul es la loca número 3, quien tuvo la osadía de entrar en el inferno, seguramente en un patético intento por conseguir información. La cual no alcanzó su objetivo, evidentemente. Mandé a Asher a que se hiciera cargo de ella en cuanto la vi adentrarse en el lugar con su sonrisita de esquizofrénica en potencia. Sin embargo, aún dudo que el bastardo haya hecho lo que le pedí, ya que al salir, lucía más eufórica que traumatizada, como era la idea. Pero es la rubia la que me hace detenerme cuando veo la máscara que está usando; al parecer, se deshizo del cabello castaño falso mientras yo estaba inconsciente.

—Oh, conejito, te disfracé por mí. Qué considerada. No es lo que tenía en mente, pero me vale de todas formas.

La máscara de conejo solo muestra sus ojos azulados y la parte inferior de su cara, lo que da una clara visión de su sonrisa engreída. Esa chica tendrá que quemar esa máscara una vez salga de aquí, porque la obligaré a usarla mientras me la vuelve a chupar.

Las otras dos, en cambio, portan una máscara sencilla de calavera, cada una reflejando la sonrisa del conejito como un espejo.

—Aún demasiado altivo para la posición en la que te encuentras, ¿no crees? —comenta lanzándome una mirada de superioridad—. De todas formas, es algo decepcionante lo fácil que te dejaste atrapar. Esperaba algo más de pelea viniendo de uno de los duques infernales.

Sus palabras me transportan hacia la primera noche en que nos conocimos, cuando, luego de atraparla, le dije algo similar.

—Es un poco decepcionante, debo decir. Esperaba un poco de pelea al menos.

—¿Qué dices? Tengo una vista perfecta ahora mismo. Hace mucho que no estaba tan cómodo.

Mi actitud solo incrementa su sonrisa, como si fuera consciente de que es ella quien tiene el control en esta situación y yo solo estoy fanfarroneando debido a mi ego herido. Puede que sea cierto, pero me corto yo mismo los huevos antes de rebajarme a ese nivel. Samael estaría muriéndose de risa al encontrarme ahora mismo.

LujuriaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora