Abigail .
Rainer Maria Rilke: "El amor consiste en dos soledades que se protegen, se tocan y se saludan."
Tres semanas después
Un líquido abrasador se cuela entre mi paladar, lo retengo por tan solo unos instantes, apreciando su sabor especiado, antes de que mi garganta se queje en protesta. Toso con fuerza, apoyándome en el respaldo del asiento mientras le lanzo una mirada fulminante a Asher, cuya expresión de satisfacción solo incrementa mi frustración.
—¿Pero qué... mierda era eso? —exclamo, sintiendo que el ardor del trago aún recorre mi pecho.
El aludido solo me sonríe con orgullo, sosteniendo entre sus manos la botella como si se tratara de un tesoro de alto valor. La etiqueta reluce bajo la tenue luz del bar.
—No es mi problema qué tengas un gusto tan poco refinado —responde, abrazando la botella con la devoción de un niño pequeño que acaba de descubrir un regalo de cumpleaños—. Solo dale otra oportunidad. Piensa en ello como un rito de iniciación —sugiere, haciendo un gesto hacia la botella, como si invocara a los dioses del licor para que me convencieran.
—No, ni hablar—niego enfáticamente—No necesito una muerte por intoxicación, por favor y gracias.
—Abi tiene razón —me apoya Chiara desde su asiento justo a mi derecha, mirando el trago en sus manos con reproche—. Esto es una mirada.
Asher comienza a lanzarnos improperios indignados, pero de repente parece más animado. Una sonrisa malévola se forma en sus labios al sacar una pequeña caja transparente, sospechosamente familiar.
—Está claro que no saben de lo que hablan, pero si lo que desean es algo más... eufórico, puedo dárselos como regalo, ya que son mis chicas favoritas...
Sus palabras se interrumpen abruptamente cuando un dardo es lanzado en su dirección. A duras penas logra esquivarlo; apenas roza sus mechones rebeldes antes de clavarse en la pared frente a él.
—¿Pero qué demonios, hombre...? —le recrimina a Kiev, quien aún mantiene su mano derecha extendida desde el instante en que lanzó el dardo, con una media sonrisa en el rostro—. ¡¡Pudiste haberme dado!!
Samael suelta una carcajada divertida junto a Ayla. La tenue iluminación de la sala de juegos y su cabello dorado le otorgan esa aura de soberbia que tanto lo caracteriza, acompañado de su habitual traje de piel de zorro escarlata.
—Esa era la idea —replica Kiev con un despreocupado encogimiento de hombros, mientras toma tres dardos entre sus finos dedos. Su vestimenta es más casual, con una camiseta negra ajustada y pantalones oscuros—. Te advertí que nada de drogas esta noche, así que supuse que querías ser ajugerado.
—Era solo una broma. El problema es que eres un amargado que no tiene sentido del humor. Además...
La música ligera mitiga la cacofonía de voces mientras comienza una discusión. Erin les pide que se relajen, algo irónico considerando que, al ver que no le hacen el más mínimo caso, termina molestándose y rompiendo el taco de billar contra la mesa donde jugaba con Mika. Este solo niega con la cabeza en gesto resignado. Chiara se burla de su temperamento, lo que lo irrita aún más, mientras Samael graba todo con claras intenciones maquiavélicas.
Doy un ligero sorbo a mi trago, a pesar de lo horripilante que es. Han pasado tres semanas desde mi recuperación en el hospital. Mis heridas no eran graves, pero necesitaban atención. Más importante aún, necesitaba ese tiempo para mí, para hacer las paces, aunque fuera solo temporalmente con mi mente. Sin embargo, he recibido mucho apoyo por parte de cada uno de los pecados capitales y de Chiara. Kiev incluso trajo a mi abuela al hospital; claro que ella no se lo puso fácil y lo amenazó con su escopeta favorita durante todo el trayecto hasta que me vio, momento en el cual terminé rompiendo en llanto.
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Lujuria
De Todo-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
