Kiev
Es una hermosa rosa con
una energía fascinante que
intoxica a las
moscas que la rodean, pero
como todas las rosas, su tallo
está lleno de espinas.
Soy yo. Soy las espinas
(God of war) Rina Kent
El trago me sabe a fuego mientras recorre por mi garganta, una mezcla de ardor y desagrado que se funde con la tensión palpable en el aire. Varias miradas se posan en mí, y tengo que controlar una mueca de disgusto que amenaza con traicionarme.
Me asquean todos y cada uno de ellos.
La mayoría de las personas aquí presentes -senadores, personal del gobierno y millonarios- lucen como si hubieran sido esculpidos por un artista obsesionado con la perfección. Ellos no pueden ver lo podridos que están, lo nauseabundo que se oculta tras esa fachada brillante. No como yo. Es un espectáculo grotesco: el objetivo del círculo es simple y claro después de todo.
¿Algún fetiche lo suficientemente escandaloso como para avergonzarte?.
No hay problema.
Una vez pasadas las puertas del infierno, es cuando realmente muestras tu verdadera cara. Aquí, en este antro de depravación y desenfreno, las risas son falsas y las miradas son cuchillos afilados.
Mientras me esfuerzo por mantener la compostura, un torrente de rabia hierve en mi interior. Carajo, realmente odio a los hipócritas de mierda.
—Estás muy tenso, cariño. ¿Acaso no te estás divirtiendo? —pregunta Penélope, pasando sus uñas por mi hombro.
—Divertido es una palabra sutil para describirlo; extasiado diría yo—respondo con sarcasmo.
Sigo tomando cada trago que rellenan en mi mesa, escuchando los acordes del nuevo espectáculo de strippers. Ni siquiera me molesto en mirar; lo he visto tantas veces que me lo sé de memoria.
—Vaya, esas chicas sí que saben moverse. ¿Puedo quedarme con alguna? Solo por esta noche, claro—comenta uno de los hombres de negocios a la izquierda, con ojos vidriosos.
—Elige la que quieras, es tuya —digo, quitándole importancia con una mano.
—¿Pero qué coño...?
—¿Eso también es parte del show? Vaya, creo que ya ha elegido a mi acompañante.
Alzo mi vista fuera de mi copa al escuchar el desconcierto en el lugar, buscando el motivo de la energía comprimida en el ambiente. Es cuando veo a una de las chicas caminar como si estuviera en una puta pasarela hacia nuestra mesa.
Hacia mí. Corrijo, porque con cada paso nunca despega su mirada de la mía mientras se acerca con aire retador.
—No, no es parte del show —concedo, algo confundido y sin tener idea de qué va todo esto.
Frunzo el ceño al no reconocer a esta chica; las conozco a todas, ya que yo mismo soy quien se encarga de contratarlas junto con Penélope. Pero no a ella; a ella no la recuerdo.
Solo que estoy equivocado.
Las luces rojas me impedían ver su rostro con claridad y supongo que la máscara, al igual que esa fea peluca castaña, tuvo algo que ver.
Vaya, vaya. Debo de estar jodidamente soñando, porque no es posible que la chica que estoy viendo caminar de esa forma hacia mí sea mi conejito. Y por voluntad propia.
Imposible.
El alcohol debió de hacer algo terrible en mi cerebro. Abro y cierro los ojos tratando de borrar la ilusión creada para burlarse de mí. Solo que no; aún sigo viendo lo mismo. Son sus ojos los que la delatan.
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Lujuria
De Todo-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
