Abigail
Hay roces de labios,
Que suenan como un choques de trenes a toda velocidad.
Mientras...
Noches de sexo pasan totalmente desapercibidas
Sabía que iba a arrepentirme de haber venido.
Sin embargo, no pensé que lo haría en el instante de llegar. Porque es él lo primero que veo una vez que entro en el lugar, incluso a pesar de las tenues luces y de la gran cantidad de personas que aquí se encuentran. Mis ojos solo lo ven a él.
Arriba, en un escenario, mientras varias chicas deslizan sus manos por su cuerpo cubierto de pintura iridescente de varios colores. Y él se lo permite. ¿Por qué no lo haría? Él no es mío, después de todo. Solo que me molesta que esté aquí; tanto tiempo sin ver sus orbes oscuros taladrándome con la mirada y aún sigue provocándome el mismo encogimiento en el estómago.
—Abi, ¿pasa algo? —pregunta Chia al ver lo que sea que esté revelando mi rostro, hasta que sigue mi campo de visión y se da cuenta de quién se trata. Sus manos sostienen las mías—. Podemos irnos ahora mismo.
Durante esos tres meses le conté sobre su decisión de dejarme libre, que se había aburrido por fin de mí y no tenía intención de seguir buscando venganza, pero no entré en detalles. Sin embargo, nunca volvimos a retomar el tema, ya que sabía que me afectaba, por lo que se convirtió en el elefante rosa en la habitación.
Excepto esta noche.
—No —digo, inclinando mi barbilla hacia arriba y cuadrando mis hombros—. Terminé escapando cada vez que él está presente; que se joda.
—¿Estás segura? Sabes todo lo que pasa cada vez que él está involucrado y ahora está aquí...
—Estoy segura, Chia. Estaré bien, lo prometo.
Sus ojos azules me estudian en busca de cualquier indicio de duda, pero finalmente suelta un suspiro de resignación.
—De acuerdo, si es lo que quieres.
—¿Por qué aún siguen paradas aquí? La fiesta se encuentra por allá —dice Rian con varios vasos desechables en la mano, cerveza seguramente. Fue la primera en adentrarse en la plaza abarrotada una vez llegamos.
—Estábamos esperándote —comenta Chia, alzando su mano para tomar uno de los vasos y dando un fuerte trago.
Hago lo mismo sin siquiera reparar en el contenido; la tierra vibra bajo mis pies con el sonido de la música, algún cover electrónico de "Für Elise" de Beethoven en las bocinas.
—¿Se refieren a mí? —dice un chico de cabello castaño y gran sonrisa dirigiéndose hacia nosotras.
—Ya quisieras, Julien.
—Oh, pequeña Rian, sabes que nada de esto es lo mismo sin mí —le replica robándole su cerveza—. Bien entonces, ¿entramos de una vez?
Chia me lanza una última mirada, pero yo solo asiento y nos adentramos en el centro de todo, ya que apenas estábamos en una de las esquinas menos pobladas.
En mi camino recibo codazos y empujones debido a las personas bailando ajenas a todo lo que les rodea; uno de ellos incluso consigue chocar contra mí arrojando mi cerveza al suelo. Y ni siquiera se disculpa, el muy cretino.
—Perfecto, suerte que no tenía muchas ganas de beber —digo con sarcasmo.
—Tranquila, encanto, enseguida consigo más —me dice Rian por encima de la música, escabulléndose para conseguir su objetivo. Me quedo asombrada por la forma tan ágil en que se desliza entre la multitud sin siquiera tropezar con nadie, quizás debido a su cuerpo menudo.
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Lujuria
Acak-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
