Abigail
No creo que Atlantis sea una leyenda, también fui un imperio. Mis ruinas yacen perdidas bajo el agua, aunque queden restos, existo. —Corazón de Atlantis
Observo la puerta de madera fijamente, viéndola totalmente insultada. Tras ella se encuentra la gran perra que está siendo interrogada por varios de los chicos. Desde aquí puedo escuchar los gritos y los "yo no lo hice". Quise participar, pero me lo prohibieron. Dijeron que no estoy mentalmente estable como para hacerlo.
Que los follen.
Por supuesto que estoy totalmente estable. Solo quería ver su rostro retorciéndose de dolor, quería ver cómo me decía en mi propia cara que no era culpable.
Por supuesto que lo es.
Es la única que pudo haber sido. Rian no tenía ningún enemigo, y si alguien quiere joderme, es esa zorra. Estaría ahí, calmada, solo feliz de ver su sufrimiento. Y tal vez provocándolo y clavando un puto cuchillo en su corazón y luego...
Ok, tal vez no esté tan bien ahora mismo como me hago creer.
Y estar tras esta puerta como una jodida maníaca no resuelve nada. Observo mi mano derecha vendada con el ceño fruncido; no recuerdo el momento en que fue vendada ni mucho menos la causa de la punzada dolorosa en ella, sin embargo, lo dejo en segundo plano.
Así que, tras lanzar varios resoplidos de frustración, me robo una botella de champán que saco de la sala de juegos y me dirijo hacia el balcón del quinto piso. Al llegar, lo encuentro ocupado.
—Dime que traes algo de comida y no solo esa botella, preciosa —dice Asher sin siquiera mirarme.
—Lamentablemente no. Es esto o nada.
Me acerco a la barandilla hasta quedar a su lado, apreciando las hermosas vistas del lugar. Desde aquí se puede ver todo el pueblo; es el único lugar donde no se siente el bullicio y la música que se cuela a través de las paredes. Un lugar pacífico en medio del caos.
No me sorprende que les guste tanto.
—¿Noche de mierda? —pregunta, quitándome la botella para darle un trago.
—Algo así.
—Escuché lo de Penélope, ¿realmente crees que pudo ser ella?
—Lo creo, porque de lo contrario no tengo nada, nadie a quien culpar más que a mí misma.
—Abi, escucha. No fue tu culpa, ¿vale? —dice mirándome directamente. Odio la forma en que lo hace, con esa mirada tan convaleciente, como si tuviera lástima—. Hubiera pasado de todas formas; hay algunas cosas que están escritas y no importa cuánto trates de cambiarlas, no lo harás.
—Es fácil decir eso hasta que seas tú mismo de quien estés hablando.
—Para mí tampoco fue fácil; yo la conocía.
Eso llama mi atención, así que alzo mis cejas invitándolo a continuar mientras le quito la botella; es mi turno de tomar.
—Sé que no es lo mismo; solo fue por una vez, pero a pesar de ese corto tiempo pude apreciar lo especial que era. Me hubiera gustado conocerla mejor; había tanto encerrado en ella, capa tras capa —comenta con pesar. Un nudo se forma en mi garganta debido a sus palabras.
—Te hubiera gustado; estaba muy loca, pero creo que incluso harían buena pareja.
Eso le saca una sonrisa triste, y la noche transcurre robando tragos de la botella mientras hablamos de ella, de sus momentos más locos, los más lindos, de sus extrañas y profundas frases. Mi pecho se comprime por lo mucho que duele, así que termino llorando bajo su hombro, pero por alguna razón siento que es lo que necesitaba: soltarlo todo poco a poco.
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Lujuria
Random-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
