Abigail
Soy mujer, escuchadme rugir
Helen Reddy
—Movimiento circular hacia la derecha. No, no a la izquierda, a la derecha. Ahora, Body Roll, más natural. No, estás demasiado tiesa; un gusano retorciéndose lo haría mejor.
—Hago lo que puedo, ¿vale? —contesto frustrada a mi entrenadora de baile personal, más conocida como Rian. Pero aquí entre nosotros, es una dictadora.
Gotas de sudor recorren mi frente; incluso mis cejas están cubiertas de ellas y necesito varias respiraciones para estabilizarme. Caramba, no sabía que esto podía ser tan agotador.
—Solo necesito un minuto y podremos continuar.
—Llegamos tres días así, y apenas has avanzado algo —dice con un ceño fruncido—. Lamento decirte esto, pero... el baile no es lo tuyo.
—Auch. Eso dolió —digo llevándome una mano al pecho de forma dramática.
—No es que no sea lo tuyo —comenta Chiara, lanzando miradas molestas hacia Rian—. Es solo que es una coreografía muy compleja para que la sepas manejar bien en, ¿qué? ¿Una semana?
—Cinco días, pero ¿quién lleva la cuenta?
—¿Estás segura de que puedes hacerlo?
Muerdo mi labio con indecisión. Quiero decir, Rian tiene razón; bailar nunca ha sido lo mío. Lo evito tanto como puedo, a no ser que cuente esos bailes borrachos que terminan con mi cara en el suelo y varios videos burlones en Internet. Pero oye, la única que puede limitarse a algo eres tú misma.
—Puedo hacerlo —digo con una seguridad que no tengo. Pero a la mierda.
—Bien, bien. Entonces será mejor que comencemos desde el inicio, pero esta vez no te muevas tan tensa. Fluye. ¿De acuerdo? Como si fueras un arroyo —dice moviendo los brazos como si fuera un pulpo furioso o borracho. No sabría identificarlo.
—¿Puedes parar de hacer eso? Es perturbador.
—Concéntrate en esto una vez, Moore.
—De acuerdo, de acuerdo.
—Bien. Tres, dos y...
Y así continuamos durante toda la maldita tarde. Hasta que mis músculos de la cadera y cintura gritan de forma dolorosa cada vez que los muevo. Rian termina dañando su garganta por todas las veces que me grita corrigiéndome y Chiara sale con una jaqueca. Pero aun así sigo practicando por la noche frente a un espejo mientras veo videos en Internet.
Cinco días.
Ese es el tiempo que tengo para llevar a cabo mi plan. Últimamente las cosas no suelen salir como lo que espero, pero realmente rezo para que esta vez sea diferente.
Luego de pasar por la terrible humillación a la que fui sometida, llegué a mi casa al anochecer. Después de estar horas en la bañera contemplando un plan de venganza, no importa cuánto trabaje mi mente sin descanso. No se me ocurría nada.
Fue justo antes de irme a dormir cuando recibí un mensaje. Tomo mi móvil y vuelvo atrás en la conversación de ese día.
Número desconocido: ¿Quieres ayuda para vengarte?
Yo: ¿Quién eres?
Número desconocido: Me ofendes, preciosa. Pensé que habíamos tenido una conexión.
Yo: ¿Asher?
Número desconocido: Ah, sabía que no me había equivocado contigo. Ahora, en cuanto a la venganza, ¿qué me dices?
ESTÁS LEYENDO
Lujuria
Acak-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
