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Tercera persona

Mañana ya no estaré aquí...Nostradamus

La chica camina por la calle con paso firme pero apresurado. Es de madrugada y no quiere demorarse demasiado. Sin embargo, es algo que tiene que hacer y sabe que es mucho mejor ahora, antes de que el valor que la embriaga termine agotándose. Su cabello azul se revuelca con el viento, tapando sus ojos. A lo lejos, un graznido de un cuervo la hace saltar asustada, sonriendo instintivamente.

Una sonrisa por cada vez que algo la asusta.

Otra por cada vez que el dolor se hace demasiado fuerte para sobrellevarlo.

Y muchas más justo cuando está por hacer algo terriblemente imprudente.

Demente.

Problemática.

Deshonra.

¿Cuántas veces ha sido llamada así? Demasiadas como para contarlas.

Pero por una vez tiene las fuerzas suficientes para terminar con esto. El hecho de ver a su hermana lo cambió todo. Cuando corrió tras de ella, pudo volver a verla; su corazón casi se parte en el pecho debido al dolor de ver su hermosa carita otra vez tras tantos años de duelo, mientras le daba una mano para que la sostuviera. Sin embargo, no fue capaz; su cuerpo se disolvió en el aire antes de poder conseguirlo, dejándola sola otra vez.

Las chicas creyeron que sus gritos eran debido a que algo le estaba haciendo daño, pero no era así. Su grito era el sonido que le dio al permitirse romperse en pedazos para que, una vez se recuperara, lo hiciera aún más fuerte.

Ella no sería otra vez solo la sombra del brillo de su hermana.

Ella era azul.

Era demente.

Con gusto por todo lo problemático y dramático.

Era una anarquista de corazón.

Y ya estaba harta de sentirse inferior por eso frente a sus padres.

A partir de ahora, las cosas cambiarían, y ellos tendrían que tomar la decisión de aceptarla así como era o simplemente la perderían para siempre.

Así que la chica, con una mirada decidida, siguió avanzando, sin ser consciente de que debía protegerse de las verdaderas sombras de la noche. Esas que acechan silenciosas por una oportunidad.

La chica no sabía que a veces la muerte era así de irónica; a ella le daba igual si estabas alcanzando tu mejor momento o si no te lo merecías en absoluto.

Solo llega reclamando almas, sin importarle nada más. Tal vez por eso la chica no lo vio venir al tropezar con alguien en su camino: el cuchillo que llevaba escondido.

—Perdón.

No lo vio hasta que fue demasiado tarde. Cuando la hoja ya se alzaba brillando a la luz de la luna de sangre antes de cortar su garganta en un rápido golpe.

La muerte no es justa en absoluto; no castiga a quien le corresponde. No le importa cómo algunas personas, sin alma en su interior, conducen a personas con un aura tan viva, tan chispeante, hacia ella.

—No es nada personal, cariño. La vida es injusta —dice dándose la vuelta para volver a adentrarse en las sombras de donde vino. La chica, en cambio, no es capaz de hablar para pedir ayuda mientras siente la sangre ahogarla, cortándole el aire en los pulmones.

Sus piernas temblorosas la hacen caer mientras sostiene su cuello con las manos bañadas en su sangre, sintiendo la vida escapar de sus manos.

Y mientras convulsiona en el suelo de concreto, lo último que capta sus ojos es una bandada de cuervos en lo alto, haciendo sonidos como si estuvieran llorando su pérdida.

Sus ojos se sienten pesados, pero aun así los fuerza para seguir observándolos desde abajo. Si es cierto que la reencarnación espera volver como uno de ellos, al menos le deben eso.

Es el último de sus pensamientos junto con una sonrisa.

Una sonrisa incluso mientras la muerte la reclama.

Siempre una de ellas, hasta el último momento.

Porque espera que cuando encuentren su cuerpo sepan que no se fue con tristeza, sino todo lo contrario.

Si su hora es esta, entonces... que así sea.

《~~~******~~~》

¡Feliz 14 de febrero, mis amores! Como prometí, aquí tienen sus dos capítulos. Realmente me hubiera gustado que hubieran sido capítulos algo románticos, pero no pudo ser 🤧.

Llevo tiempo anunciando esta muerte; de hecho, creé a este personaje con ese objetivo en mente. Incluso desde su primera aparición, ya sabía que así es como terminaría. Sin embargo, no pensé en el cariño tan grande que le tomaría, y es que muchas veces conecté más con ella que con la propia protagonista. Así que no tienen ni idea de lo mucho que sufrí escribiendo esto.

LujuriaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora