38

331 37 37
                                        

Abigail

―Lo normal es una ilusión. Lo que es normal para la araña es el caos para la mosca. - Morticia Addams

¿Recuerdas cuando dije que Chiara sería un problema para otro día?

Bien, hoy es ese día.

Luego de un desayuno digno de dioses, había decidido seguir recorriendo el lugar, esta vez por mi propia cuenta. En mi camino me encontré con un pasillo repleto de luces parpadeantes y cuadros de distintas épocas, una habitación llena de espejos, el gimnasio y el mismo cuarto endemoniado al que Kiev me había llevado una vez, engañada por Asher.

Es cuando estoy dirigiendo mis pasos hacia la salida que escucho los gritos provenientes de la entrada del infierno.

—...una mierda! No pienso irme de aquí hasta verla con mis propios ojos.

Y es jodidamente su voz, por lo que apresuro mis pasos, temiendo lo peor.

—Tengo una mejor idea, ¿por qué no mejor te arranco los ojos y ya está?

Y sip, ese es Erin, con esas venas en su cuello y frente hinchadas debido a su agresión retenida. ¿Siempre tiene que estar molesto?

Samael también se encuentra en la entrada, recostado en la puerta, observando todo con su sonrisa maliciosa. Asher, en cambio, se encarga de tratar de retener a la bestia, pero por lo visto no le está yendo muy bien.

—Yo tengo una mejor: ¿por qué no te vas a la mierda?—gruñe ella en su dirección, su cabello rojo revoloteando con fuerza por todo su rostro, debido a la brisa otoñal.

—Esta pequeña cosita está pidiendo a gritos que la rompa en dos. Vuelve a hablar y voy a dejar de contenerme para partir tu cráneo.

—Tócame y...

—¡Chiara! —grito, llegando hasta ella y deteniendo su frase suicida mientras le lanzo miradas a Asher para que saque a Erin del lugar antes de que realmente trate de cargarse a mi amiga—. Menuda sorpresa. ¿Qué estás haciendo aquí?

—¿Qué qué estoy haciendo aquí? ¿Qué estás haciendo tú aquí? —pregunta, apuntándome con su dedo de forma acusadora—. ¿En serio te creíste que iba a tragarme esa chorrada de "nuevo novio en Las Vegas"? Cada vez mientes peor.

—Eh, hice mi mejor intento; tan mal no pude haberlo hecho.

—"Chia, te escribo para contarte que conocí a alguien en Las Vegas. ¿Cómo estoy en Las Vegas en primer lugar? Gané una rifa para una entrada a uno de sus casinos. ¿Qué loco, no?" —lee en voz alta, citando mi mensaje—. Y caminando por las calles conocí al futuro amor de mi vida. Creo que me quedaré con él en su casa, por un tiempo indefinido. Si mi abuela pregunta, cuéntale que estoy contigo.

—No tiene mucho sentido, ¿verdad? —digo con una mueca avergonzada.

—Empezando porque en tu vida te has ganado nada cuando se refiere a la suerte; habría más probabilidad de que una stripper se convierta en monja que esa historia.

—Te sorprendería el pasado de muchas monjas —comenta Samael en tono misterioso—. Pero en serio, si eso fue lo mejor que se te ocurrió, hay un gran problema contigo. Supongo que por eso haces tan buena pareja con Kiev.

—No somos una pareja —he perdido la cuenta de las veces que he tenido que aclarar esto desde que llegué al lugar.

—Aún no me has dicho qué estás haciendo aquí. ¿Es que perdiste la cabeza? —pregunta zarandeándome un poco, como si con eso me hiciera despertar de un grave caso de delirio.

LujuriaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora