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Kiev

¿Has visto algo una vez una estrella fugaz? ¿La has visto brillar en la noche?
Ella era así.
Estraña, minúscula y poderosa. 
Con una sonrisa que lo iluminaba toda incluso mientras se desplomaba. (Fabricante de lagrimas)

Me despierto con la sensación de que algo no va bien, como si una sombra se arrollara a mi alrededor. Mis párpados se abren, pesados y cansados, mientras los latidos de mi corazón retumban en mi pecho, como un aviso de que algo está a punto de irse al carajo.

Un latido. Abro los ojos, clavando la vista en el vacío.

Tres latidos y unos ojos del color de un mar tormentoso invaden mi mente.

Lo primero que hago es tomar mi móvil para llamarla. Me levanto de la cama king size mientras escucho el tono de llamada, pero no hay respuesta. Comienzo a inquietarme; ella siempre contesta. Aunque solo sea para decirme cuánto me odia y ofrecerme una descripción detallada de cómo planea asesinarme. Abro la puerta y salgo de la habitación como un alma qué lleva el diablo cuando, de repente, recibo una llamada.

Sin embargo, no es de la persona que espero.

Aun así, descuelgo al instante, llevando el móvil a mis oídos.

—¿Qué sucede? —pregunto sin rodeos a Erin.

Su respiración agitada me llega desde el otro lado de la línea, y eso es una puta mala señal. Lo conozco de toda la vida; puede tener un carácter temperamental, pero Erin nunca pierde los nervios. En situaciones desesperantes, es la persona más tranquila que conocerás.

Excepto ahora.

Una extraña sensación se instala en mi interior, y por segunda vez en mucho tiempo, siento miedo.

—¿Erin, qué mierda...?

—La perdí.

Esa es toda su respuesta. Su voz suena ligeramente atormentada y llena de molestia. El mundo comienza a dar vueltas a mi alrededor y los latidos en mi pecho se intensifican, ahogando los sonidos del resto.

—¿Qué quieres decir con que jodidamente la perdiste? —espeto mientras avanzo por el pasillo hacia la sala de cámaras, encontrándome con la cara preocupada de Ayla.

—Kiev... —intenta llamarme al verme pasar a su lado, pero sigo mi camino.

—Ahora no —respondo cortante, aun esperando una respuesta que no llega. Una respuesta que ya no necesito; al entrar en la sala, comprendo a qué se refiere.

La habitación está completamente a oscuras, iluminada solo por las pantallas que cubren toda la pared, mostrando cada rincón de la ciudad. Sin embargo, solo puedo concentrarme en una de ellas. La que muestra a mi conejito abrazando a Erin antes de golpearlo, dejándolo inconsciente, y luego salir corriendo con lágrimas en los ojos.

La imagen se repite una y otra vez en un bucle interminable, aumentando las palpitaciones en mi cabeza mientras un torrente de preguntas me asalta, dejando puñaladas a su paso.

La diferencia es que conozco su mente lo suficientemente bien como para saber con total certeza cuál fue su propósito. La sola idea me deja helado.

Fue tras él.

Y fue tan jodidamente desquiciada como para hacerlo sola.

Deduzco que debieron amenazar a uno de sus seres queridos para conseguirlo.

—Retrocede la imagen —ordeno a Isaac, quien mueve las teclas furiosamente, mostrando ojeras muy marcadas—. ¿Cuánto tiempo ha pasado y por qué demonios nadie me informó?

LujuriaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora