Abigail
El mundo entero esta sumergido bajo el agua y yo estoy nadando a travez de el
(Does it hurt?)
Contemplo la escena frente a mis ojos con los dientes apretados. La rabia, la frustración y la impotencia fluyen a través de mí mientras sigo con la vista clavada en la pantalla plana del salón de juegos, donde una reportera de noticias está anunciando el asesinato de un estudiante que se dirigía a su escuela.
Un estudiante.
Un niño de apenas quince años.
Degollado de par en par, con su cadáver a la vista de los ojos mórbidos de todos los que se crucen con él.
¿Jugamos a las escondidas? Por un día que pierdan sin encontrarme, será una muerte que provocaré hasta pintar esta ciudad de sangre.
Iba en serio; exactamente un día después de ver su mensaje, alguien ha muerto, lo cual deshace un poco las sospechas sobre la perra rubia, ya que aún se encuentra en interrogatorio y no pudo ser la culpable de esta muerte. Yo aún no me lo creo; tal vez cuenta con un cómplice para que haga el trabajo sucio por ella. Tal vez...
—Si sigues con esa mirada, le abrirás un hueco a la televisión.
La voz proveniente de mis espaldas me sobresalta, encontrándome con Ayla. Sin embargo, no lleva su sonrisa maníaca habitual y enérgica; incluso está vestida con un simple suéter negro de lana de gran tamaño, que le llega hasta las rodillas. Sus ojos verdes están algo opacos, pero la seriedad en ellos activa mis alarmas.
—¿Te encuentras...?
—Miente —dice de repente, con la vista totalmente enfocada en la pantalla del frente.
—¿Te refieres a la reportera? —pregunto, frunciendo el ceño y alternando la mirada entre la pantalla y ella, pero solo se queda viendo un punto fijo en una de las esquinas del salón—. ¿Sobre qué lo haría?
—No lo sé, pero mira sus ojos; su expresión corporal cambia cuando dice que aún no se han detectado pistas que indiquen la identidad del culpable. Ella sabe algo.
Por unos instantes, solo me quedo en silencio. Sabía de su habilidad para leer la expresión corporal, pero presenciarla en persona es increíble.
—Deja de mirarme con esa cara de sorpresa. ¿Creías que solo era buena para andar alimentando a mis mascotas y aterrorizar a las personas?
—No, yo no... —corto la frase a media con una pregunta que ha estado más tiempo en mi mente—. ¿Por qué envidia? Los demás pecados tienen algún sentido para mí según a quiénes les corresponde. Pero en cambio, el tuyo no.
—Supongo que simplemente ocupé el cupo faltante —dice con un simple encogimiento de hombros, restándole importancia, pero algo me dice que hay más de lo que muestra.
—¿Crees que deberíamos...?
—¿Hacerle una amistosa visita? —termina por mí con su expresión maníaca volviendo a sus rasgos—. Sin duda.
—De acuerdo, deja que me cambie de ropa —comento, echándome un vistazo a mi conjunto conformado por un vestido veraniego color pasteles y chanclas. Sin duda, el cuero sería más apropiado para esta ocasión.
—No te demores; iré a buscar su dirección con Isaac. Te espero en la salida del antro en veinte minutos.
Entro en mi habitación cambiándome rápidamente. Escojo un conjunto conformado por botas altas, top negro, chaqueta y pantalones de cuero. Me observo unos segundos en el espejo, peinándome con los dedos hasta formar una coleta en lo alto de mi cabeza. Una vez conforme con mi imagen, salgo del cuarto tratando de hacerlo lo más discreto posible; no quiero que Kiev se entere de mi próxima salida; tiende a ponerse un poco histérico con todo lo que está pasando respecto a mi seguridad. Volteo mi rostro vigilando mis espaldas sin dar con nadie.
ESTÁS LEYENDO
Lujuria
Casuale-Corre-se dijo a sí misma-Corre y no mires atrás. Pero la chica olvido que de las sombras y el pecado nadie puede escapar... Después de todo la única forma de librarse de la tentación es caer en ella
