TWENTY-TWO | LONDON, FELIXSTOWE, WALES

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En ocasiones, Eden se preguntaba qué haría Alastor. Otras, en si estaría decepcionado de ver como hacía exactamente lo contrario. Entonces, se daba cuenta de que eso sería lo que haría su padre, o tal vez su madre.

Se preguntó también si Remus estaría decepcionado, enfadado, o simplemente preocupado por ver que estaba sola. Rosier le había dejado marchar tras darle información sobre Harry, pero cuando quiso volver con los gemelos estos no estaban. No estaban en el campamento, tampoco en ninguno de los puntos de reencuentro acordados. Parecían haberse esfumado en el aire, así que no le quedó de otra que continuar sola, siguiendo vagos rastros de lo que creía que eran restos de magia de Fred y George.

Eden creía saber ya lo que era estar sola, pero estaba muy equivocada. Durante las noches, creía escuchar pasos siguiéndole. De día, las sombras se agrandaban y sus pensamientos se desbordaban. Hacía planes que no iban a ningún lado. Hablaba en alto esperando respuestas que no llegaban. Cuando llegó el primero de abril, lloró durante horas, escondida en una pequeña cueva del bosque antes de volver a buscar rastros mágicos.

El dos de abril, creyó escuchar a alguien llamarle. No había nadie.

El tres de abril, se quedó sin provisiones. Cuando quiso ir a algún pueblo cercano, un grupo de carroñeros aparecieron por la zona, y acabó en un callejón oculto de Londres. No tenía libras o galeones, así que esperó a que cerraran los locales para colarse y robar algo de comida.

El cuatro de abril, decidió que debía buscar a alguien. No solo a Fred y George, tal vez a Remus, Az o Harry. No sabía donde podrían estar ninguno de ellos. Agotada, al anochecer decidió dormir en Grimmauld Place. Quería sentir algo de familiaridad, aunque solo fuera un cuadro maldito o la nostalgia de un muerto.

El cinco de abril, despertó asustada al sentir a alguien llegar a la vieja casa Black. Sabía que no era el viejo Kreacher, tampoco un mortífago. No había ni un solo rastro de artes oscuras en la persona que entraba con calma, pero aún así se escondió tras una estantería con la varita lista para atacar.

- ¿Quién anda ahí? - y él también detectó su presencia. Era Lupin.

- ¿Cómo puedo saber que eres tú? - alzó la voz.

- ¿Eden? ¿Eres tú? - se acercó, pero se detuvo-. Soy yo, Remus.

- Dime algo que solo Remus Lupin pueda saber - exigió, sin bajar la varita ni un instante.

- Tu patronus es un cuervo, como el de tu madre - dijo, con voz suave-. Fred creía que era una urraca, como el suyo.

Dejó caer la varita, y salió de su escondite. Remus se veía más delgado, con más canas, pero tenía una gran sonrisa cruzando su rostro, enmarcando un poco más sus cicatrices. Abrió los brazos, y no dudó en correr a abrazarle con fuerza.

- Eres tú - murmuró. Olía a chocolate, como siempre-. ¿Qué haces aquí?

- ¿Qué haces tú aquí, Eden? - se separó, lo suficiente para sujetar sus hombros y analizar a detalle su rostro-. Eden, ¿dónde están Fred y George? Traté de contactar con vosotros, pero no lograba nada. He venido aquí porque... Merlín, no lo sé. Porque sabía que si había ocurrido algo, vendrías aquí.

- Los perdí - lloró-. La resistencia del Ministerio, de los últimos aurores, cayó y... Había un mortífago, nos seguía, le dije a George que buscara a Fred y huyeran, pero les perdí. Llevo días sola, buscándolos por todas partes, no sé donde buscarlos. No sé nada, si están bien o... O si los tienen en algún lado. No sé nada y eso me está volviendo completamente loca.

Remus volvió a abrazarla.

- Están bien, Eden, respira. Están a salvo, estoy seguro.

- ¿Y Dora? - preguntó-. ¿Cómo está? ¿Está bien?

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⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

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𝗣𝗢𝗧𝗜𝗢𝗡 ━ 𝐹𝑟𝑒𝑑 𝑊𝑒𝑎𝑠𝑙𝑒𝑦Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora