35. La mujer de la fotografía - ESPECIAL 3/8

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Varios minutos más tarde, el Hatake decide buscar a su hija, ya que ella no ha aparecido por la aldea. Sube a los tejados de las casas y ubica una pequeña figura sobre las cabezas Hokage. Y no solo es una, sino dos. Al parecer, ella está junto a su nuevo amigo.

Corre sobre las casas y sube hasta la cima. Cuando llega, se encuentra con una escena que, de nuevo, le hace lucir su lado de padre sobreprotector: su hija abrazando al rubio.

-¡Al fin te encuentro! -dice, con la esperanza de interrumpir; después, ella lo mira-. ¡Hola! -extiende su mano, saludando a ambos niños, con un poco de fastidio-. Vamos, ______, debo llevarte con el Hokage.

(...)

Después de presentarla con el Hokage, éste mismo le pregunta algo que entristece a la niña y logra poner tenso a Kakashi.

-¿Y bien, ______ -dijo el Hokage-, te molestaría decirme, dónde está tu familia?

La niña no responde, lo que hace entender a ambos adultos que ella no sabía nada ni sospechaba nada de su realidad.

-Me temo que hasta mañana al amanecer podremos asignarte un hogar propio -dice el superior, cuando todos guardan silencio-. Por esta noche, te quedarás a dormir con Kakashi. ¿Están de acuerdo?

Los familiares asienten. La niña cree que no le queda de otra a ambos, pero su padre está emocionado.

-Puedes retirarte, ______ -le indica el Hokage a la niña-. Kakashi, espera unos minutos.

Cuando la niña sale y cierra la puerta detrás de sí, Kakashi suelta el aire que llevaba conteniendo inconscientemente. No abrazar a su hija después de no haberla visto jamás ha sido un gran reto para él desde que la vio por primera vez.

-Sí que tienen gran parecido, Kakashi -le dice, haciendo referencia a la madre de la niña-, ¿pero cómo es que estás tan seguro? ¿Y si te equivocas?

-No estoy equivocado -protesta-. Lo prueban los análisis.

-Los análisis también pueden fallar.

-Pero el sentimiento de ver a tu hija, no.

Después de haber protestado fuertemente, el peliblanco se relaja. Su superior suspira, resignado. Es verdad. Aquel sentimiento fue el que le hizo saber todo.

-Cuando sea el momento, le dirás -concluye el Hokage-. Ahora, ve y cuida a la niña, que seguro está cansada.

Dicho esto, el Hatake asiente y sale por la puerta de la oficina. Se encuentra con la niña sosteniendo su cabeza. Se preocupa al instante, pero se relaja cuando ésta lo mira. No le dice nada y camina, esperando que ella lo siga. Por su parte, la niña piensa que si él fuera padre de alguien, sería pésimo; lo que no sabe es que él es su padre y no tiene experiencia en eso.

Cuando llegan a la casa del Hatake, ella está exhausta, mientras que él lucha internamente por saber dónde dormirá su hija. Finalmente, le ordena dormir en su dormitorio. Él va por una manta y se recuesta en el sofá, cuando recuerda que olvidó decirle dónde estaba su dormitorio. Se sienta y busca a la niña con su mirada. La encuentra observando una fotografía... Es la fotografía. Su corazón late con fuerza y suelta:

-Es la primera habitación subiendo las escaleras -ella lo mira-. Intenta dormir.

Ella no le cuestiona nada y él agradece internamente por eso. Si supiera quién es esa mujer, o si tan siquiera encontrara algún parecido con ella... No, definitivamente no. No podría decirle la verdad aún.

(...)

A la mañana siguiente, él se levanta primero. Hace el desayuno y, en eso, baja la niña.

-Hola -le dice sonriente-, no esperaba verte despierta.

La niña no dice nada y se sienta a comer con él. El primer desayuno familiar no es muy alegre, sino lo contrario: distante; así que él decide tomar su libro y centrarse en él, para evitar incomodidad.

-Debemos ir con lord Hokage pronto -dice él, cuando termina un capítulo más.

Él siente la mirada fulminante de su hija y evita sonreír: tiene la misma expresión que su madre.

-¿Qué? -le pregunta él, para disimular su sonrisa.

-Nada.

Él vuelve a concentrar su mirada en el libro, pero no lee ni una palabra más. La nostalgia lo invade y recuerda cuando hacía enojar a Natsuki y lo miraba de la misma manera en que su hija lo hizo segundos antes.

-Disculpa, Kakashi...

Él la mira, a punto de reprenderla por haber llamado a su padre por su nombre; pero se contiene al recordar que ella no sabe quién es él realmente.

-¿Quién es esta mujer de la fotografía?

Su respiración se corta, pero luego suspira pesadamente. Cierra el libro y vacila, mirando la mesa, después la ventana y, finalmente, a su hija. En ella ve la viva imagen de su amada. Decide levantarse y acercarse a ella, como si le fuera a contar un secreto, pues así era. Él no revelaba sus sentimientos hacia nadie en frente de nadie; a excepción de su amada y, por lo visto, también su hija.

-Esa mujer es la mujer de la que siempre estuve enamorado -le dice, cuando está su lado.

Siente el corazón pequeño cuando mira la foto. Siempre sucede lo mismo: antes de salir de su casa, mira la foto y suelta algunas lágrimas, recordando todos los momentos que pasó junto a la hermosa pelinegra de ojos púrpura.

(...)

Un mes y medio después, Kakashi le ofrece entrar a la Academia, a la vez que recuerda y le destaca sus cualidades: fuerza, valentía, velocidad, determinación... Cuando lo hace, recuerda la vez en que espiaba una salida de ella junto a Naruto, su amigo. El mismo niño que lo insultó la primera vez que los vio juntos volvió a hacerlo; ella terminó rompiéndole varios dientes. Sin embargo, después fingió enterarse por enfermeras lo que ella había hecho y ocultó el hecho de que la estaba espiando con fines paternales (celos de padre sobreprotector).

-Piénsalo -le dice el Hatake a su hija-. Tienes seis semanas antes de que inicie el nuevo curso. Hasta pronto.

Dicho esto, se aleja de su hija con la esperanza de que acepte entrar y estudiar, pues así podría tener más tiempo con ella, ya que estaba asegurado que él sería el sensei de su equipo cuando se graduara.

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¡Capítulo 3 de 8 del especial! 5 votos y continúo ^^

Una Llama CongeladaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora