Detrás del rubio que ha estado conmigo siempre, veo a varios rostros familiares más: el equipo Gai, el Equipo 6, el 8, el 10 y mi padre.
—No me sorprende que mi padre y tú estén aquí —le digo a Naruto—; pero, ¿y los demás?
Me ayuda a levantarme y seco la sangre que cae de mis oídos.
—Escuchamos el escándalo que hizo Naruto por ti —explica Sakura.
—Con justas razones —comienza a decir Issei—, vinimos a ayudarte.
Todos me miran, decididos a dar su vida por mí si la situación lo amerita. Les muestro una sonrisa de agradecimiento y miro a mi hermano, que está en frente de todos, defendiéndonos.
—Takeshi —lo llamo—, ¿te escapaste?
—Podría decirse —me contesta.
—¿Alguna información sobre el enemigo? —me pregunta Neji.
—Es como si pelearan conmigo, pero más difícil; mismas habilidades, pero mejoradas y perfeccionadas.
Noto la tensión del ambiente cuando Bugendai se pone de pie y nos pira a todos.
—¿Has llamado a más ratas? —me pregunta.
—Idiota —balbuceo.
—Me encargaré de esto —me dice Naruto.
Lo sostengo de la mano antes de que se aleje de mí. Él me mira con confusión, pero su mirada no es tan dura. Jamás lo ha sido conmigo.
—Solo un kekkei genkai puede derrotar a otro —digo.
—Entonces, lo haré yo —dice mi padre.
—¡No! —escucho la voz de mi hermano—. ¡Es una batalla de Seisujikan contra Seisujikan!
Entreabro los labios y vuelvo a cerrarlos.
—No dejaré que mueras en una batalla que es mía —le digo—. ¡Bugendai sigue dentro de ti!
—¿Cómo estás tan segura de que lo está?
Siento una pizca de esperanza al escuchar lo que dice. Si es verdad, él puede utilizar el Seisujikan con total libertad; lo que haría que esté en una batalla con la misma altura que Bugendai.
—Estúpido niño —habla Bugendai—... Aunque no lo esté, puedo volver a estarlo.
Sin que nadie lo espere, Takeshi se teletransporta hacia él y comienzan una batalla de taijutsu, donde están a la par y de vez en cuando, uno acierta golpes en el otro. Todos están atónitos ante la pelea, incluyéndome. Es tan veloz que casi nadie nota los movimientos del otro. Mi padre deja al descubierto su Sharingan y noto cómo se tensa al ver la escena con mayor detenimiento.
—No puedo quedarme aquí —digo.
Me suelto del agarre de Naruto y corro hacia la batalla.
—¡______! —escucho que gritan Naruto y mi padre, pero los ignoro.
Llego hasta ellos y detengo levemente el tiempo para ver más lentos sus movimientos. Capto al instante y comienzo a pelear al lado de Takeshi.
—¿Qué haces? —me pregunta.
—Bugendai tampoco está dentro de mí —digo—. Tengo la misma altura que ustedes dos.
—Dos contra uno, ¿eh? —Nos agachamos para esquivar una patada de Bugendai—. Somos el doble.
Acertamos un puñetazo que logra hacer sangrar la nariz de Bugendai. Nos detenemos para tomar aire. Entonces, se me ocurre algo. Hago la posición de manos y digo:
—¡Justu: multiclones de sombra!
Decenas de copias mías aparecen a nuestro lado. Takeshi se sorprende por la cantidad, pero luego sonríe al entender mi plan.
—Cien contra uno —dice.
—Exacto —sonrío.
Miro a Bugendai, que está en frente de nosotros. Quita con brusquedad la sangre que cae de su nariz y nos mira con odio.
—¡Mocosos! —escupe—. ¡APRENDERÁN LO QUE ES USAR EL SEISUJIKAN!
Sin saber cómo pasó, todos mis clones desaparecen y a Takeshi y a mí nos deja con un golpe fuerte en el estómago. Ha detenido el tiempo y usó el Seisu para llegar a cada uno de nosotros.
Nos golpea el rostro y los dos caemos hacia atrás. Mi cabeza palpita aún más e intento levantarme, pero caigo. Veo que mi hermano hace lo mismo, pero termina igual que yo. Bugendai se acerca hacia nosotros, con una sonrisa arrogante en el rostro. Entonces, alguien aparece entre los tres y gira con velocidad, haciendo una especie de cúpula que hace retroceder a Bugendai. Cuando finaliza el movimiento, noto dos cosas: una, es Neji quien hizo la técnica de Rotación de Palma de Ocho Trigramas para protegernos; dos, Bugendai está desorientado.
—¡Ahora, Kiba! —escucho decir a mi padre.
—¡Colmillo sobre colmillo! —le escucho gritar.
Alguien me toma en brazos y nos saca del alcance del ataque. Al llegar con los demás, noto que, quien me lleva en brazos, es Naruto; con Takeshi hicieron lo mismo, solo que fue Shikamaru; y con Neji también, pero fue Lee. Nos dejan a salvo y veo que Kiba termina su ataque, dejando aún más desorientado a Bugendai. Mi amigo-perro corre hacia nosotros y se posiciona entre todos. Para nuestra mala suerte, el enemigo no tarda en recuperarse y solo tiene unas cuantas cortadas. Nos mira a todos y vuelve a sonreír.
—Me han hecho cosquillas, ¡felicidades! —exclama y aplaude. Luego, vuelve a su posición original—. Ahora, es mi turno.
Comienza a caminar hacia nosotros sin prisa. Todos vuelven a ponerse tensos. Ni siquiera el Bugendai que vivía en mí puede ser derrotado por quince ninjas.
A solo metros de nosotros, una persona corre y se posiciona entre los dos bandos. Su cabello verde brilla en la oscuridad y su yeso es distintivo entre todos.
—¡No dejaré que te acerques! —le dice Issei.
—¿Y qué harás, niñito? —le pregunta.
—¡Issei, vuelve! —le pide Sakura.
—Te meteré en mi genjutsu —pronuncia Issei, ignorando a su compañera.
Bugendai corre, pero no usa el Seisujikan. Mi amigo peliverde saca un recipiente muy pequeño de su bolsillo y saca unas pastillas. Se las traga con velocidad y dirige su mirada a Bugendai. El enemigo cae de rodillas y mantiene fija su mirada en Issei. Dos segundos es suficiente para que Bugendai caiga al suelo. Todos nos quedamos en silencio, a la espera de que Issei diga qué ha hecho para que Bugendai esté así. El peliverde se gira, con los ojos cerrados y una sonrisa en el rostro. Todos sueltan un suspiro y una sonrisa comienza a formarse en mi rostro.
—Caíste —se escucha su voz.
De un momento a otro, Bugendai estira su brazo en forma de flecha y atraviesa a Issei por el estómago. Todos quedan petrificados ante la escena y solo se escucha el grito desgarrador de Sakura, seguido de la tos ahogada por la sangre de Issei.
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Quedan: 2 capítulos.
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Una Llama Congelada
Hayran KurguUn tonto. Un amargado. Un impuntual. Tres varones que eran mis personajes favoritos de una historieta. Los tres lograban que mis días tuvieran una pizca de felicidad. Pero, sin saber por qué, mis días no sólo se volvieron plenos de felicidad, sino q...
