74. Nueva misión

1.1K 139 10
                                        

En mi mano comienzan a aparecer los pequeños rayos que he visto desde hace tres días. Permanecen cinco segundos y después desaparecen, dejando mi mano algo quemada. Que hayan pasado dos semanas desde que hice mi primer rayo (que también casi mata a mi padre), no significa que haya avanzado mucho. Solo logro acumular unos cuantos durante pocos segundos, y después desaparecen.

—¡Vamos, ______! —escucho una voz muy familiar. Miro en aquella dirección y lo primero que veo son sus ojos azules—. ¡Lo vas a lograr, de veras!

A su lado está mi padre, Issei y Sakura. Los tres han venido a acompañarnos en el entrenamiento desde hace una semana. Con justas razones, todos se sorprendieron por mi rápido avance.

—¡Guarda silencio, idiota! —la pelirrosa golpea su cabeza—. ¡Necesita concentración!

—Con tus gritos la desconcentras más —le comenta mi amigo peliverde.

Ella se sonroja y Naruto se burla de ella, a la vez que Issei se ríe por lo que ocasionó. Mi padre niega con la cabeza por sus actitudes y golpea a los tres en la cabeza.

—Ya cállense —les ordena.

—Perdón, Kakashi-sensei —dicen casi al unísono.

Una pequeña sonrisa aparece en mi rostro y me giro hacia otro lado, intentando ignorar su alboroto. Hago las posiciones de manos y extiendo mi brazo derecho. No tardan en aparecer la misma cantidad de rayos; pero como siempre, tampoco tardan en desaparecer.

(...)

Mi padre y yo abrimos la puerta, después de escuchar un “pase” del otro lado. Cuando entramos, vemos a la rubia que aparenta ser joven, pero que es una anciana en realidad. Nos posicionamos en el centro de la oficina y hacemos una leve reverencia en forma de saludo.

—¿Nos llamó, lady Hokage? —pregunta mi padre por los dos.

—Sí, quería darles buenas noticias. —Cierra el libro que leía y nos mira a los dos—. Es sobre Takeshi: le harán una última inspección y saldrá de cuarentena en esta misma semana.

Entreabro los labios por la sorpresa y a los pocos segundos, una sonrisa de alegría sustituye cualquier otro rastro de sentimiento en mi rostro. Miro mi padre con emoción y veo la satisfacción reflejada en su rostro. Sin pedir permiso e imprudentemente, corro hacia la Hokage, salto sobre su escritorio y caigo en su regazo para abrazarla. Podría decirse que casi la asfixio.

—¡Muchas gracias, lady Tsunade! —le digo, aún abrazándola.

Escucho su risa en mi oído y me da unas palmadas en la espalda, para después alejarme y quitarme de encima de ella. Vuelvo con rapidez a mi lugar inicial, al lado de mi padre.

—Gracias, lady Hokage —le dice mi padre, con más calma que yo.

—Les avisaré un día antes de su salida, para que estén listos —nos dice.

—Está bien —decimos al mismo tiempo.

—Ahora, debo decirles otra cosa —añade la rubia—: es una misión. Hace un día, unos ninjas renegados entraron a la aldea y, al parecer, en este momento se encuentran en los bosques de la Hoja.

Nuestras miradas cambian de una inmensa alegría, a una rotunda seriedad.

—Los equipos 6 y 7 estarán involucrados —continúa—. La misión es que deberán encontrar a los ninjas y llevarlos a prisión, antes de que lleguen a los suburbios y causen estragos.

—¿Cómo entraron? —pregunto.

—Por la falta de personal, hay pocos ninjas cuidando la entrada.

—¿Cuántos ninjas son?

—Al parecer, cinco.

—¿Y un equipo de seis personas se encargarán de ellos? —digo con incredulidad y un toque de arrogancia—. Diría que con dos shinobi podrían detenerlos.

—Son cinco los que los detendrán. —Miro con confusión a mi superior. «¿Quién no participará?»—. La sensei del Equipo 6 está embarazada —explica.

«Por eso no la he visto con su equipo últimamente». Asiento con la cabeza a la razón de por qué seremos cinco y espero alguna otra indicación.

—¡¿Qué esperan?! —nos grita y doy un paso atrás por el susto—. ¡Vayan, ahora!

Acatamos sus órdenes al instante y los dos salimos por la ventana para mayor velocidad y facilidad. Sigo a mi padre, quien ha tomado la iniciativa de buscar al resto de los que participarán en la misión. Por suerte, encontramos a los tres chicos reunidos en frente de Ichiraku Ramen. Mi padre les explica la misión lo más resumida que se pueda y aceptan ayudar. Los cinco corremos hacia los bosques de la aldea y nos detenemos en un punto rodeado de arbustos.

—El plan es este —dice el único sensei—: haremos dos equipos que buscarán por diferentes áreas. Yo lideraré uno, y ______ el otro. Naruto y Sakura, irán conmigo; Issei, te quedas con ______. Si un equipo encuentra a los ninjas antes, deberán avisar al otro.

—¿Cómo lo haremos, si estarán lejos? —pregunta Sakura.

—Yo crearé un clon que vaya con el equipo de ______, y ella creará uno que vaya con nosotros —explica y entiendo su punto; pero continúa la explicación por los demás:—. Si un equipo se encuentra con los ninjas, el clon desaparecerá y el líder del otro equipo lo sabrá. Así, acudirán en su ayuda.

—¡Yo no necesito ayuda de nadie! —comenta Naruto—. Puedo hacerlo solo.

—¡No seas impaciente, Naruto! —lo regaña la pelirrosa.

Ruedo los ojos y hago mi clon, seguida de mi padre. Luego, espero más indicaciones de él.

—Ahora, ¡dispércense! —ordena.

Issei y yo nos alejamos en la dirección contraria, con el clon de mi papá detrás nuestro. Saltamos entre los árboles y de vez en cuando, uso mi Seisujikan para enviar a mi mente a otro lado que no está al alcance de nuestras vistas, mientras mi padre carga mi cuerpo. Nos detenemos un momento para analizar una zona. Me siento contra un árbol y, como siempre, uso el Seisujikan y mi mente sale de mi cuerpo. Paseo por todos los lados y no logro ver nada. Me dispongo a seguir, pero algo me detiene y hace que vuelva a la realidad, dentro de mi cuerpo. Una punzada aparece en mi brazo y noto que tengo un shuriken clavado. Lo saco y presiono la herida. Miro a mi alrededor y veo a Issei deteniendo a los cinco ninjas por sí solo. El clon ha desaparecido, por lo que supongo que mi padre y su equipo vienen en camino. Me pongo de pie y comienzo a ayudar a Issei. Peleamos los dos juntos un rato; él contra dos, y yo contra tres. En eso, dos ninjas me atacan a la vez y me desorientan; luego, un golpe en mi cabeza y todo se vuelve negro.

Una Llama CongeladaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora