Me encuentro saltando entre árboles. No sé cuánto tiempo ha pasado, pero no es más de una hora desde que dejé la aldea. Mi entorno consta de figuras verdes y cafés; fácilmente podría confundirme con el ambiente gracias a mi camisa verde oscuro y mis pantalones negros.
Me detengo un segundo para tomar aire. Ya usé cuatro veces el Seisu, para poder teletransportarme metros adelante y poder avanzar más rápido. También acumulé chakra en mis pies para aumentar la velocidad, dejando una que otra marca en las ramas altas de los árboles que fueron mi camino.
Cuando me dispongo a seguir con mi camino, diviso un cuerpo robusto en el suelo. Me oculto detrás del tronco del árbol en el que estoy, a la vez que saco unos shuriken para defenderne. Salgo de mi escondite y, cuando me preparo para lanzar mis armas, me detengo y observo con detenimiento la escena. «Es un hombre robusto. Pero... no está vivo, sino...». Guardo los shuriken y bajo del árbol. Camino con sigilo hasta el cuerpo y noto que es uno del sonido. Posiciono mis dedos en su cuello y compruebo lo que suponía: sin señal de vida. Me alejo del inerte cuerpo y sólo una palabra aparece en mi mente: «Chouji».
Mi cuerpo actúa por instinto y comienzo a buscar meticulosamente a mi amigo. Creo cuatro clones de sombra para cubrir más terreno y les doy la orden de desaparecer en dado caso que encuentren al Akimichi.
Por mi lado, recorro unos metros a la redonda del cuerpo, que fue marcado por mí como punto de partida. Pasan los minutos y no encuentro señales de mi amigo. Siento que la desesperación comienza a ganar la batalla contra la calma. Entonces, un clon desaparece y siento que sus recuerdos llegan a mí: Chouji está a sólo unos metros.
Con chakra acumulado en mis pies, corro lo más rápido que puedo. En treinta segundos llego al lugar indicado por mi clon. En ese mismo punto, mi amigo del clan Akimichi se encuentra inconsciente, sentado contra un árbol y tomando su banda con su mano derecha. Encima de él, la escritura: «Date prisa, tortuga. Te vamos a estar esperando». Mi corazón se parte en dos al ver tal escena y, sin pensarlo, corro hasta él. Caigo de rodillas a su lado y me quito los guantes con velocidad. Concentro la energía natural en mis manos, que se vuelve la sustancia púrpura que conocía desde hace mucho. Coloco mis manos en su pecho y retrocedo el tiempo con lentitud, para no lastimarlo. «Vamos...», me animo mentalmente.
Conforme pasan los segundos, el resto de mis clones desaparece y sus recuerdos llegan a mi mente. Los ignoro y pongo mi total atención en no lastimar a Chouji. «Si me desconcentro, puedo llegar a empeorar las cosas».
Cuando siento un punto exacto donde está estable, me alejo de él y vuelvo a ponerme los guantes. Sigue inconsciente, pero está menos en riesgo de muerte.
Creo dos clones y mando uno por ayuda a la aldea; el otro, lo obligo a quedarse con mi amigo. Subo a un árbol, con dirección hacia donde apunta la escritura del árbol en donde Chouji descansa. Antes de partir, miro a mi inconsciente amigo y susurro:
—Resiste, amigo.
Después, vuelvo a ponerme en marcha.
(...)
Diez minutos más tarde, vuelvo a detenerme al sentir que un clon mío desaparece: es el que buscó ayuda. Sus recuerdos vienen a mí y me doy cuenta que llegó a tiempo por ayuda. Pero, aunque vayan a la misma velocidad que yo utilicé para llegar a él, tardarían alrededor de una hora.
Ignoro aquellos pensamientos negativos y me dispongo a seguir; sin embargo, cuando me preparo para volver a saltar, escucho un golpe en seco a mi izquierda. Bajo de la rama hacia los arbustos y me oculto. Hay tres opciones de lo que pueda ser la cosa que escuché: uno de mis amigos, uno del sonido, o un animal.
Pero cuando me asomo entre una abertura del arbusto, me doy cuenta que se trata de mi compañero Hyuuga. Salgo de mi escondite y a medio camino, me doy cuenta que ya derrotó a su contrincante. Cuando llego a su lado, noto que mira el cielo. Tomo su mano y le digo, con la esperanza de que siga al tanto de la realidad:
—Ya llegué, perdón por tardar.
Tarda en quitar su vista del cielo, pero lo hace y la posa en mí.
—__-______ —susurra.
—¿Cómo te sientes?
Suelto su mano y saco un kunai. Comienzo a cortar su ropa para tener mayor acceso a sus heridas físicas. Con Chouji no lo hice, ya que eran heridas internas y, aunque le quitara la ropa, daría igual. Por el lado de Neji, sus heridas están al aire y necesito verlas para no dañar otro órgano.
—Como un trapo —escupe.
Aprieto la mandíbula cuando veo la seriedad de sus heridas: una en el pecho, justo al lado de su corazón; otra, en el estómago.
—Es grave, ¿no? —me pregunta.
—Hay peores.
Quito las vendas que cubren su torso y después, me despojo de mis guantes.
—No digas nada —le pido.
Coloco mis manos en su pecho y concentro la energía natural. La sustancia púrpura me ayuda a retroceder el tiempo lo necesario para detener la hemorragia.
—Gracias —balbucea.
Miro sus ojos perla y noto su gran cambio de actitud desde la última vez que lo vi, en las finales de los exámenes chuunin.
—Cualquier compañero haría esto por ti —digo. Coloco mis púrpuras manos en su estómago y vuelvo a hacer lo mismo con la sustancia.
Cuando termino, me separo de él y me pongo los guantes. Hago una posición de manos, pero no alcanzo a decir el jutsu ya que él ha tomado la palabra.
—No por eso —dice, refiriéndose a sus heridas—, sino porque decidiste cambiar el destino.
Hago un clon de sombra y le obligo a quedarse con él. Después, me vuelvo hacia el herido y le digo:
—La ayuda vendrá pronto. Resiste.
—Creo que descansaré un rato —susurra y cierra los ojos.
Me alarmo y me dejo caer de rodillas, posicionando mis dedos en su cuello para tomar el pulso: sólo está inconsciente. Me alejo, con más calma de la que tenía dos segundos antes, y decido usar mi Seisujikan por primera vez en distancias largas. Cierro mis ojos y plasmo la imagen donde Naruto pelea contra el quinto del Sonido, meticulosamente. Cuando lo logro, siento que el ambiente cambia a uno con más aire. Abro los ojos y me encuentro en campo abierto. Busco con la mirada a mi amigo rubio y lo primero que veo son varios clones de él peleando y desapareciendo fácilmente. Siento un terrible dolor de cabeza y, en el cuello, la marca de maldición comienza a esparcirse.
—Mierda —susurro, antes de caer de rodillas.
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Una Llama Congelada
FanfictionUn tonto. Un amargado. Un impuntual. Tres varones que eran mis personajes favoritos de una historieta. Los tres lograban que mis días tuvieran una pizca de felicidad. Pero, sin saber por qué, mis días no sólo se volvieron plenos de felicidad, sino q...
