42. Me hace querer

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Unos golpes en la puerta se hacen presentes. Levanto mi cabeza, deseando que sólo haya sido un sueño; pero vuelven a oírse. Me levanto de la cama y, mientras camino hacia la puerta, acomodo mi cabello y me cubro con un suéter. Al abrirla, me encuentro con su singular cabellera blanca.

—Hola, ______ —me dice—. ¿Cómo amaneciste?

—No tienes que hacer esto todos los días, papá —le sonrío.

Sé que me devuelve la sonrisa cuando veo que su ojito se hace más pequeño.

—Lo sé, hija —dice—, pero quería darte algo.

Extiende su mano y me entrega un libro algo viejo de color tinto. Lo tomo con mi mano y espero por explicaciones.

—Es el diario de tu madre —dice y mi respiración se detiene—. No recuerdo muy bien qué dice, pero te ayudará con el control de tu kekkei genkai.

Asiento y, después de despedirse, se retira. Cambio mi ropa y les aviso al equipo 6 que no entrenaré con ellos hoy. Mis planes cambiaron desde que Kak..., mi padre, me dio el diario. «No me he acostumbrado, a pesar de haber aceptado ya la verdad».

Salgo de mi casa y camino por las calles de la Hoja. La gente sigue mirándome mal, pero ya no me importa porque sé que mi madre protegió a la aldea. Ella murió siendo héroe de la Hoja. Estoy orgullosa de ser su hija.

Una sonrisa aparece en mi rostro y me siento bajo un árbol con las intenciones de leer. Suspiro profundamente y abro la primera página. No hay fecha, pero sí hay una inscripción. La letra está mal hecha y parece que fue mojado. Entonces, leo:

«Mi mamá no está. No quiso despertar y tenía hambre. Llamé a los vecinos y lloraron.

No qué pasa, pero la escondieron en una caja de madera. Me dijeron que me fuera lejos y jamás volviera.

No qué hacer. Tengo frío y hambre. Mamá lloró ese día y al siguiente no despertó. No quiso aunque le grité...

Me va a regañar por eso...

Quiero a mi mami. Quiero a mi mami. Quiero a mi mami».

Eso último se repitió varias veces. Mi madre perdió a mi abuela siendo una niña... Es verdad, ella se suicidó por matar a su clan. Mi abuela se suicidó.

Unos pies se posan en frente de mí y alzo la vista. Me encuentro con el pelirrojo que me quiso matar.

Me levanto de golpe y cierro el libro. Después, retrocedo. Mi cuerpo tiembla al recordar lo que sucedió en el Bosque de la Muerte; pero me controlo al recordar el pasado de Gaara.

—¿Me temes? —pregunta.

Mis manos sudan y mi labio tiembla. Cierro los ojos, apartando el recuerdo del bosque. Cuando los abro, estoy calmada.

—No —respondo.

—Deberías.

La arena sale de su calabaza y se alza detrás de él.

—No me harás daño —le digo.

—¿Crees que tus palabras me cambiarán? —suelta y una aguja de arena se forma al lado de mi cabeza—. Fueron palabras estúpidas...

Guarda silencio y se acerca a mí. Después, deshace la aguja y la arena regresa a su recipiente.

—..., pero me hicieron algo —confiesa y me quedo atónita—. Dime, ¿qué es esto que siento? Es cálido —se acerca a mí, pero no retrocedo—, reconfortante y... me hace querer...

—¡______!

Escucho la voz de Naruto y me giro en esa dirección. Cuando ve con quién estoy, se pone en posición de pelea, listo para defenderme. Pero nadie hace nada cuando siento el cuerpo de Gaara rodearme. Sus brazos están a mi alrededor. Gaara me está abrazando. No dura mucho y, cuando se retira, me observa a los ojos. No dice nada, pero me transmite muchos sentimientos. Sin decir nada más, se aleja, dejándome sola con Naruto. Él se acerca a mí con rostro de preocupación.

—¿Estás bien? —me pregunta.

—Sí, claro —balbuceo.

Primero, descubro que mi abuela se suicidó cuando mi madre era una niña; después, Gaara me muestra afecto, cosa que es completamente extraña. ¿Que si estaba bien? Lo dudo, pero no quiero preocupar a Naruto.

—Bueno —se conforma él—. Te estaba buscando para presentarte a alguien —dice con una sonrisa.

Toma mi mano y tira de ella, haciendo que camine. Lo sigo por la aldea hasta que salimos de las calles y nos adentramos en el bosque. Llegamos a unos arbustos donde está un hombre de cabello blanco y largo. Lo reconozco al instante.

—¡Sabio pervertido! —le grita Naruto y no puedo evitar que una sonrisa aparezca en mi rostro.

—¡Ay, cosa hermosa! —dice el viejo para sí. Está espiando a chicas en el río de al lado.

Naruto se desespera y hace su jutsu sexy. El viejo voltea y la sangre no tarda en brotar de su nariz. Es la primera vez que veo esta escena y no puedo evitar reír a carcajadas. Cuando me tranquilizo, el viejo me mira.

—Veo que trajiste a tu novia —le dice a Naruto.

Mis mejillas arden y me pongo a la defensiva, gritando:

—¡No soy su novia! —le doy un golpe en la cabeza.

Naruto balbucea algo y luego me mira para sólo sonrojarse.

—Viejo pervertido —cambia de tema—, le quería presentar a ______, mi mejor amiga.

Siento un pequeño dolor en mi pecho cuando pronuncia: "mi mejor amiga". Desde nuestra plática en el Bosque de la Muerte, mis sentimientos se han vuelto un tornado. Sé que le gusto a Naruto y Sasuke me insinúa lo mismo; pero no puedo decidirme. Naruto ha estado conmigo siempre y Sasuke... Cuando estoy con él, algo en mi interior cambia, y me hace sentir bien.

—¿______? —Naruto me saca de mis pensamientos.

—¿Uh?

—Te decía que te presento a Jiraiya, o como yo lo llamo, el sabio pervertido —se acerca a mí y me dice al oído—: le encanta espiar a las chicas.

—Espera un segundo, niña —me dice el viejo—. Eso de espiar es para una investigación.

—Ajá, sí, claro —digo sarcásticamente—; y yo, vuelo.

Naruto y yo reímos, pero después paro en seco. «¿Será que mi clan pueda volar?».

—Oye, niña —me dice Jiraiya—, ¿no serás parte del clan Umi?

Mis ojos se abren como platos. Jamás mencionaron esto en la historia original y, justo cuando yo llego, todos parecen saber algo.

—¿Clan Umi? —pregunta Naruto.

«¡Es verdad! ¡No le he contado nada a Naruto!».

Una Llama CongeladaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora