61. Cambio de actitud

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Cuando no creía poder tener más mala suerte, estornudo, haciendo que todos los presentes en la habitación me miren. Sasuke posa su mirada en mí y mis mejillas arden a la vez que mi corazón se estruja. Empuja débilmente a Sakura y ella se gira hacia la puerta, donde yo estoy. Entonces, se da cuenta de la situación.

—__-______ —tartamudea—, yo...

Levanto la mano extendida, callándola. Me quedo de pie en la puerta, con la mirada del antiguo Equipo 7 sobre mí. Lady Tsunade le da unas indicaciones sobre su cuidado a Sasuke y se retira. Naruto no tarda en llegar a mi lado.

—¿Estás bien?

Sin dejar de mirar a Sakura y mi novio, que todavía siguen muy juntos, le respondo:

—Sí. Sólo quería ver si Sasuke estaba bien...

El nombrado me mira y veo su preocupación en la mirada. ¿En serio le preocupa?

—..., pero veo que está bien acompañado.

Le lanzo una mirada fulminante a la pelirrosa y salgo de la habitación. Camino por los pasillos del hospital hasta la salida. Sé que debería volver con mi padre, pero seguramente seguirá hablando con Takeshi. Salgo por las puertas deslizantes del centro médico y camino con paso determinante hacia el bosque. Ahora mismo, sólo necesito estar sola; sino, romperé cualquier cosa a mi paso.

(...)

Las vendas de mis manos están desgarradas y rojas; mis nudillos, con heridas frescas. Ambas manos me tiemblan por la dureza de mis golpes hacia el árbol que ahora está destrozado de un solo lado. La marca de maldición vuelve a la normalidad cuando me controlo por completo. Sé que tengo un sello, pero su seguridad depende de mi fuerza de voluntad, y esta vez no he querido mantener sellado aquel poder que Orochimaru me otorgó.

Escucho pasos cerca de mí y me levanto a duras penas. Me tambaleo y me coloco en posición de pelea, esperando al enemigo. Entonces, aparece un azabache que me ha lastimado con una estúpida acción.

—Deberías estar en el hospital —le digo y me dejo caer contra el mismo árbol en el que estaba.

—Tú también.

Ignoro su comentario y veo que se acerca a sentarse a mi lado. Me vuelvo a levantar y casi caigo, de no ser porque él me sujeta del brazo justo a tiempo. Si no fuera por mi manga larga, posiblemente lo hubiera lastimado con la técnica de la sustancia púrpura.

—Déjame ir —le pido.

—No. Quiero aclararte algo.

—No digas nada —corto su discurso de disculpa—. Tú y yo sabemos que Sakura está enamorada de ti, y que aquel "simple" abrazo sólo era amistoso —digo, haciendo comillas con los dedos.

Sin esperarlo y sin poder evitarlo, abraza mi cuerpo contra el suyo. Me quedo en mi lugar, sin corresponderle. Siento su corazón latir con rapidez a mi lado. Detrás de él, por fin veo una figura anaranjada de punta amarilla que llegó con mi novio.

—Naruto —balbuceo.

—Sasuke me obligó a venir —se rasca la nuca.

Me alejo un poco de la persona que me abraza y veo una sonrisa arrogante en su rostro. «Sus intenciones eran lastimar a Naruto, no disculparse».

—Eres un idiota —le suelto y lo alejo de mí con un empujón.

Sasuke me mira confundido y Naruto un poco asustado.

—¿De qué hablas?

Intenta acercarse a mí nuevamente, pero extiendo mi descubierta mano en su dirección y de un segundo a otro, ésta se torna púrpura. Él se detiene al verme.

—¿Me lastimarás? —me pregunta, confundido.

—______, no lo hagas —pide Naruto.

Paseo mi mirada de mis nudillos ensangrentados hasta el árbol destrozado; después, miro a mis dos compañeros de equipo. No sé qué me sucede últimamente, pero desde la invasión a la aldea no he dejado de sentirme culpable por las muertes de muchas personas.

—Debo irme.

Dicho esto, me alejo de ellos dos con dirección a mi casa. Si me siguen, no creo poder detenerme.

(...)

Cinco días después, me encuentro frente a una casa que jamás tuve la ocasión de visitar, pues nadie importante para mí vivía dentro. Toco la puerta tres veces y aparece el rostro del niño peligrís. Me mira confundido por mi repentina aparición y explico:

—Quiero que me enseñes a controlar el Seisujikan.

Sé que Takeshi no tiene mucha experiencia y tengo el presentimiento de que él no podrá enseñarme con la misma claridad de un adulto; sin embargo, se trata de la única opción que tengo para aprender a controlar mejor mi kekkei genkai.

Me mira con una sonrisa arrogante y accede a mi petición. Dejamos su nuevo y pequeño departamento y caminamos por la aldea.

—Necesito de alguien que use genjutsu —comenta mi hermano menor, que ahora será mi sensei por un tiempo.

Cuando estoy a punto de contestarle, alguien me llama:

—Hola, ______ —saluda Asuma-sensei.

—Hola —fuerzo una sonrisa. Realmente quería entrenar y no pienso perder el tiempo.

Noto que a su lado está mi padre. Él nos mira a ambos (sus hijos) y noto su incomodidad y deseo de entablar una mejor relación. Después de charla con Takeshi, no dudó que él fuera su hijo, pues tenían el mismo cabello. Sin embargo, no han tenido oportunidad de hablar porque en cuanto mi padre se recuperó, lo mandaron a una misión con Asuma-sensei. Pero, por lo que veo, han vuelto.

—Queríamos hablar Kakashi y yo con ustedes, niños —nos dice el moreno.

—¿Sucede algo? —pregunto.

—Es sobre la sustancia púrpura de tus manos.

—¿Sustancia púrpura? —pregunta sin comprender mi hermano.

—Pensé que ya sabías que en nuestras manos aparece una sustancia púrpura que retrocede el tiempo en lo que tocas —digo y coloco mis manos en mi cintura.

—No sabía nada, lo juro.

—Bueno —nos interrumpe mi padre—, eso no importa. Queríamos informarles más acerca de eso.

—Antes que nada —ahora interrumpo yo—, ¿cómo es que usted, Asuma-sensei, sabe del Seisujikan?

Mi padre suspira y observa a su amigo con una mirada de celos.

—Yo era mejor amigo de su madre —dice un orgulloso Asuma.

Y un pensamiento egoísta y sinsentido aparece en mi mente: «¡Genial! Ahora todos conocen y tienen alguna relación con mi madre».

Una Llama CongeladaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora