Capítulo 34: Una brecha en el camino

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Nos dirígiamos hacia el castillo de Bestia y mientras, me fijaba en los búhos y las ardillas que nos seguían por las ramas. Me recordaban ligeramente a la fauna de la selva, pero echaba en falta a mis gorilas, los elefantes e incluso, algún felino peligroso. Íbamos tan despistados con los animalillos que no nos dábamos cuenta de por dónde pisábamos. De pronto, Chad debió pisar por accidente una raíz ya rota, que acabó por romperse del todo. Entonces, perdió el equilibrio y cayó sobre Ben y Audrey. Ben actuó rápido y se agarró a una enorme raíz que los aguantó colgando de la brecha. Los tres gritaban asustados.

-¡Ben, Audrey!, gritó Lonnie.

-¡Chad!, gritó Doug.

-¡Cuidado o nos caeremos nosotros!, gritó Jane, asustada.

-¡Eso no pasará, todo el mundo a la pared!, ordené yo.

Los cuatro nos apoyamos en el árbol más grande y esperamos a que el suelo dejará de temblar.

-¡Ayuda!, gritó Audrey, desesperada.

-¡Tenéis que avisar a alguien!, dijo Chad.

-¡No! Si lo hacen nos pondremos más nerviosos, dijo Ben.

-¿Qué dices, Ben? Nos vamos a caer.

- No, tranquilo. ¡Chicos! Tenéis que hacer algo y ya, dijo Ben.

- ¡Aguantad! Vale, subamos a la copa del árbol, dije yo mientras empezaba a trepar ágilmente.

Lonnie, Jane, Doug y yo subimos hasta allí e ideamos un plan para ayudarlos. Observé detenidamente la copa del árbol en el que estábamos y vislumbré unas ramas finas que podrían servir como lianas, mi medio de transporte favorito.

- Tenemos que saltar en liana. Vosotras iréis a por Audrey; Doug, a por Chad y yo, a por Ben, dije señalando a cada uno de ellos.

- Yo soy nueva en esto de las lianas, dijo Jane, temblorosa.

- Tranquila. Es fácil. Sólo tienes que agarrarte bien e impulsarte con fuerza.

- Vale. Os toca, chicas, dijo Doug.

-¡Audrey, prepárate!, gritó Lonnie.

- Ben, si no te vuelvo a ver, recuérdame siempre, dijo Audrey con los ojos llorosos.

- Todo saldrá bien, Audrey - dijo Ben, al que ya le empezaban a fallar las fuerzas - Confía en ellas, ¿vale?

-¡Una, dos y tres!, dijo Lonnie en voz alta.

Jane y Lonnie saltaron, Audrey se soltó gritando muerta de miedo y las dos la cogieron al vuelo. Aterrizaron en el borde de en frente y saludaron con la mano, aún temblando por lo que acababan de vivir.

-¡Muy bien!, grité desde el árbol levantando el pulgar.

-¡Sigo viva!, dijo Audrey abrazando a las dos.

-¡Eh, ahora voy yo!, dijo Chad, que ya no aguantaba más.

-¡Allá voy, amigo...!, dijo Doug, un poco dudoso.

- Tranquilo, Doug. Tú puedes, dije mirándole firmemente.

-¡Vale! - dijo Doug inspirando aire - ¡Una, dos y tres!

El hijo de Mudito saltó y logro alcanzar a Chad. Unos segundos después, aterrizaron al lado de las chicas.

-¡Gracias, Doug! No sé qué haría sin ti, dijo Chad espachurrando a Doug con un abrazo.

-¡Tania! ¡Date prisa!, gritó Ben, cuya mano empezaba a sangrar por los rasguños de la raíz.

-¡Resiste, Ben!, dije agarrándome a la liana.

La historia de Tania PorterHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora