Capítulo 56: Vamos a arrasar

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Al llegar a la Isla de los Perdidos, nos encontramos con Mal e Evie, que habían ido a la peluquería de Lady Tremaine, la madrastra de Cenicienta, a por bombas de humo.

¿Recordáis que Carlos le dijo a Colega que se quedara en la Academia Áuradon? Pues no le hizo mucho caso, porque cuando fue a coger la varita, ahí estaba el canino, en el maletero de la limusina. Tras una regañina cariñosa de su dueño, aceptamos que se quedara con nosotros.

Les enseñamos nuestra copia falsa de la varita a las chicas, la cual admiraron tan anonadadas como nosotros. Ambas saludaron a Lonnie y aceptaron su ayuda de inmediato. Entonces, nos adentramos por un túnel que nos conducía al barco pirata de Uma y su tripulación. Avanzamos por el muelle mientras los piratas nos miraban con cara de asco, sonrisas malignas y sed de venganza. Nos distribuimos a lo largo del muelle y yo me puse a la izquierda de Mal, un poco más delante que Carlos. Los miré a todos detenidamente demostrando que veníamos preparados para cualquier batalla que pudiera surgir.

Y por fin la vi. Allí estaba Uma, liderando en medio de todos e inquieta porque empezara el espectáculo. Ahora que podía ver su verdadera cara, fuera de mis malos sueños, comprobé que su rostro mostraba unos ojos profundos de color marrón, casi negro, y por supuesto, su cabello largo y trenzado de color turquesa bailaba con el viento del muelle. Llevaba un vestuario que, al verla, me dio la sensación de que había salido del mar.

Estábamos todos listos para rescatar a Ben, al cual, Harry tenía maniatado sobre la plancha. Miramos fijamente a Uma y pensamos: "vamos a arrasar". Antes de darle la varita, esta nos pidió que le demostrarámos si funcionaba. Aunque pensé que no se dieron cuenta de que, aunque hubiera sido la verdadera varita del Hada Madrina, dentro de la Isla de los Perdidos no hay magia y no podrían haberla usado de todas formas. Pero supongo que la emoción hizo que se olvidaran de ese detalle. Al ver a Colega, Mal le apuntó para engañar a Uma y, en principio, funcionó. Todos los piratas cayeron en el juego cuando el perro parlante que, finalmente, resultó ser de lo más util, soltó unas cuantas palabras. Así que les dimos la varita a la vez que soltaban a Ben y salimos corriendo al momento.

Pero tardaron muy poco en darse cuenta de nuestra trampa. Aprovechamos para coger las espadas y las bombas de humo antes de escuchar el grito lleno de rabia de Uma y así fue como empezó la batalla. Se desató un duelo increíble con espadas y saltábamos de un lado a otro del barco para tirar a los piratas por la borda. Dejamos a Mal contra Uma, ya que eran archienemigas; Jay fue a por Harry y los demás atacamos al resto de la tripulación.

Tenía experiencia con las espadas debido al R.O.A.R y pude deshacerme de unos cuantos enemigos a la vez. En un momento, Gil, el hijo de Gastón, me silbó para que le prestara atención y se columpió en una de las cuerdas gritando como mi padre en señal de burla hacia mí, cosa que me sentó muy mal y juré que se arrepentiría. Vi que Gil luchaba con Ben y que Carlos le defendía, pero justo antes de que este pudiera irse, Gil le dio un golpe a su espada y esta se quedó clavada en la madera del barco. Carlos cayó fuertemente de espaldas sobre uno de sus brazos y le oí gemir de dolor. Entonces, sin pensarlo dos veces, me columpié en una cuerda para llegar hasta ellos y, con un verdadero grito de la hija de Tarzán, aterricé al lado de Gil.

-¡Tú!, dijo sorprendido.

-¡Yo! - dije con una sonrisa torcida - ¡Aléjate de Carlos!

- Ahora no. Antes, pienso partirlo en dos, dijo riéndose.

-¡Por encima de mi cadáver!, dije, seria.

Corrí hacia él y ambos nos enfrentamos. Al ser el hijo de Gastón, era más fuerte que yo y sus golpes me echaban para atrás, pero yo era más ágil y siempre le esquivaba. Era igual que su padre: un fortachón que no tiene cerebro para pensar. En una de esas, le hice la zancadilla y cayó arrodillado. Aproveché para sujetarlo e inmovilizarlo en esa posición.

- Te daré un consejo, Gil. Nunca te metas con una chica de selva, dije sin soltarle.

-¡Vale, pero suéltame de una vez!, dijo quejándose.

-¡Anda, sí! ¡Vete a llorarle a tu capitana!, dije empujándole.

Gil salió corriendo y al girarme, me encontré con Carlos, que había recuperado su espada. Se acercó y me miró a los ojos con una sonrisa.

-¿Te he sorprendido?, pregunté rodeándole con el brazo.

- Siempre lo consigues, contestó esbozando una sonrisa.

Vi que se estaba frotando el brazo, al parecer se había hecho daño mientras luchaba.

- Recuérdame que luego te mire eso. ¡Venga! Tenemos que irnos ya.

Carlos asintió y nos dirigimos hacia el muelle de nuevo. Nos juntamos todos cerca del túnel y mientras seguíamos luchando, Evie lanzó una bomba de humo que cegó a los piratas. Nosotros huimos por el túnel rápidamente, dejando derrotados a Uma y su tripulación. Nos subimos a toda velocidad a la limusina y volvimos a toda velocidad a nuestra Academia Áuradon.

Durante el trayecto, mientras Jay felicitaba a Lonnie por lo genial que había estado y Ben hablaba con Mal sobre Uma, yo hablaba con mi mejor amigo.

- Lo hemos conseguido. Perdona por haber dudado de ti en algún momento, Tan. Prometo no volver a hacerlo, dijo mirándome con una sonrisa.

- Tranqui, ya estás perdonado, pero sólo por esta vez, dije devolviéndole la sonrisa y acariciando mi espada.

-¿En qué piensas?, preguntó intuyendo que me pasaba algo.

-¿Recuerdas cuando dije que a veces desearía haber vivido aquí, en la isla? Cuando discutí con Chad sobre las chicas en el torneo...

-¿La mayor tontería que has dicho nunca? Sí, claro que la recuerdo.

- Pues para tu información - dije entre risas - por muy peligroso que sea vivir en un sitio como este, he visto algo en esa tripulación que me ha gustado mucho. Obviamente, son villanos que buscan hacer el mal, pero ver que tienen como líder a una chica de lo más poderosa y a la que respetan de verdad ha sido...interesante, cuanto menos, ¿no crees?

- Cierto, están muy unidos. Y eso es peligroso, pero...entiendo lo que quieres decir.

Carlos comprendió que estaba comparando el equipo que formaban los piratas con el del torneo. Algo bueno que tenían esos villanos era que en su grupo habían hombres y mujeres que luchaban por igual, aunque fuera par hacer el mal. Y eso es algo que los Caballeros Guerreros de Áuradon no tenían. De momento, ya que esperaba con todas mis ganas que el nuevo entrenador, procedente de la isla, cambiara el dichoso reglamento.

Al poco rato, ya estábamos de nuevo en Áuradon. Y, aunque nadie se dio cuenta, habíamos cometido un pequeño, pero importantísimo error: el libro de hechizos de Mal se quedó en la isla y eso nos traería un gran problema, ya veréis. Esa aventura aún no había llegado a su fin.

La historia de Tania PorterHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora