Ya era la hora. Salimos por la parte trasera de la Academia Áuradon para montarnos en la limusina real.
- Evie, en serio, te has lucido, dije sin poder parar de mirarme de arriba a abajo.
-¡No hay de qué! Siempre disfruto con estas cosas, dijo Evie bajando las escaleras.
Estábamos a punto de subirnos a la limusina, cuando Colega se puso a gemir a los pies de Carlos.
-¡Eh, copiloto!, dijo el perro.
- No, Colega - dijo Carlos - Tú te quedas. La isla es demasiado peligrosa.
-¿Acaba de...?, comenzó a decir Jay, extrañado.
-¿Hablar? Sí, ya, luego te lo explico, respondió Carlos.
Sentí pena por Colega, pero Carlos tenía razón. La isla era muy peligrosa para él.
-¡Adiós, Colega!, dije subiéndome a la limusina.
- Vámonos, dijo Ben.
Jay condujo la limusina hasta un acantilado donde se detuvo para darle al botón del mando que abría la barrera. Cuando aceleró, ante nosotros se creó un precioso puente dorado hecho con magia. Estaba enamorada del paisaje y del mar tan azul y resplandeciente que había bajo nosotros, pero todo eso terminó cuando atravesamos la barrera.
-¡Hala! - dije llevándome una mano al estómago - Nada más cruzar la cúpula, me ha entrado un bajón.
- Es normal. Bienvenidos a la Isla de los Perdidos, respondió Evie mientras le daba un escalofrío.
Jay aparcó la limusina cerca del puente viejo y todos salimos del coche. Abrí la puerta y pisé tierra, una tierra embarrada y de aires grises y contaminantes.
-¡Ajá! - dije con los brazos en jarra - Bien, Isla de los Perdidos, Tania Porter está aquí - No es que me alegrara de estar en la isla más peligrosa del mundo, pero el hecho de descubrir nuevas rutas interesantes hacía palpitar mi corazón. Estaba viviendo toda esa nueva emoción cuando me vino un olor asqueroso que casi me hizo vomitar. - ¡Ufff! ¿A qué huele?, pregunté tapándome la nariz.
-¿Qué pasa?, preguntó Evie.
-¡Huele a una mezcla de tripas y pescado podrido!
- Sí, es lo que se suele comer por aquí, dijo Jay.
Me dio una arcada sin poder evitarlo y decidí no pensar en todo eso. Teníamos mucho trabajo que hacer. Entre todos, tapamos la limusina real con unas lonas que había a nuestro lado sobre unas cajas. Evie no parecía sentirse a gusto al volver a la isla y, la verdad, Carlos y Jay tampoco. Pero, por suerte o por desgracia, estaba a punto de saber cómo era el lugar donde habían vivido de niños. Cuando terminamos, Ben y yo nos acercamos a un túnel circular muy curioso. Lo inspeccionamos por fuera y Ben preguntó:
-¿Qué hay aquí dentro?
- Mejor que no lo sepáis, dijo Jay separándonos del túnel.
- Eh, chicos. Tranquilidad. Que nuestros padres no se enteren de que estamos aquí, dijo Carlos mirando a Evie y Jay.
Anduvimos hasta adentrarnos en la ciudad. Estaba sucia y llena de trapos, cajas, grafitis y carteles pintarrajeados de Mal, Ben, el Hada Madrina y Bestia. Los ciudadanos parecían simpáticos, pero en cuanto te acercabas un poco, te miraban mal o te gruñían. Mientras caminábamos por los callejones de la isla, unos niños intentaron robarle un broche a Evie, pero esta los detuvo a tiempo.
-¡Eh, quieto! - dijo poco antes de ver los rostros apenados de los niños - Quédatelo. ¡Corred!
Parecía que Evie sentía pena por los niños de la isla y en el fondo quería hacer algo por ellos. Mientras, Ben y yo explorábamos la ciudad. Llegamos a una plaza donde había una ventana con una señora deprimida asomada. Me miró con una ceja arqueada y no se me ocurrió otra cosa que saludar a mi manera: chocando el puño con ella. Fue tocarla y me lanzó una especie de chillido con el que se despidió y cerró la ventana de golpe.
Entonces, volví con Ben que estaba saludando a una especie de bandido que casi le muerde cuando le saludó. En eso, llegaron los hijos de los villanos y nos detuvieron antes de que siguiéramos adelante sin saber cómo funcionaba la isla. En ese momento, nos dieron unos consejos para sobrevivir en ella:
- Las manos en los bolsillos al menos que estéis robando, dijo Jay.
- Caminad encorvados o desafiantes, dijo Carlos.
-¡Y jamás sonriáis!, añadió Evie.
-¡Uf, vale...! Vale, dije intentando mantener la calma.
- Gracias, quiso decir Ben.
- No, ni gracias, ni por favor. Sólo...
Evie trató de calmarnos. Entonces, empezaron a darnos consejos mientras cantaban y bailaban una marchosa canción con un baile imponente. Al principio, Ben y yo hacíamos el ridículo y no pillábamos nada. Pero a lo largo del paseo por la isla, aprendimos a ser más rebeldes, a robar a nuestros propios amigos y a asustar a los callejeros de la Isla de los Perdidos.
Terminamos el baile en unas callejuelas y cuando Ben y yo practicábamos nuestros pasos, me choqué con un chico al que no vi llegar. Tenía un pañuelo amarillento en la cabeza y vestía con ropas viejas y sucias de color naranja, un mentón prominente y unos brazos muy musculosos. No me dio mucho tiempo a fijarme en él antes de que empezara a hablar, pero sí me di cuenta de que yo ya había visto antes a ese chico. Y, en una décima de segundo, todas las imágenes de todos los sueños que había tenido últimamente se me pasaron por la cabeza a toda velocidad.
¡Pues claro! Era uno de los compinches de Uma, el pirata de naranja que me perseguía por la isla. Me costaba creerlo, pero mis sueños se estaban haciendo reales: ya estaba en la Isla de los Perdidos a la que creía que no tendría ocasión de ir y ahora me encontraba con una de las siluetas de mis sueños...¡en la vida real! Traté de controlarme y me hice la dura con ese pirata para no decepcionar a mis amigos y que creyeran que me tomaba en serio eso de asustar como una villana.
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La historia de Tania Porter
Genç KurguHola, soy Tania Porter y soy la hija de los legendarios Tarzán y Jane. Soy una chica de selva, una loca curiosa, interesada por las aventuras y el riesgo. Os contaré mi historia, las aventuras que viví mientras estudiaba en la Academia Áuradon y cóm...
