Capítulo 47: Las chicas no están permitidas

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Quedaban un par de días para el Cotillón Real y estaba que me moría de nervios por ir. Aunque aún había algo a lo que tenía que acostumbrarme: Carlos iba a pedir a Jane ir al baile juntos y después, le pediría salir. Yo sólo quería lo mejor para todos, como siempre, y pensé que si ambos iban a ser felices juntos, lo mejor era no perseguir a Carlos. Tenía que asumir que había llegado tarde para él. ¡Eso sí! Aunque saliera con otra chica, ya fuera Jane o cualquier otra, seguiríamos siendo mejores amigos para siempre, porque si no iba a ser así, no se lo perdonaría. Pero quitándonos todo lo negativo, voy a recordar ese momento tan feliz, tan enérgico y tan emocionante de cómo les dije a los Caballeros Guerreros que volvía al equipo. No habían encontrado a otro sustituto y sin Ben, se les caía todo. Así que, sin pensármelo 2 veces, reocupé mi puesto, como si nada hubiera pasado.

-¿En serio? ¿Vas a volver?, preguntó Jay, entusiasmado.

-¡Sí! - respondí esbozando una amplia sonrisa - Os dije que tenía que recuperar los exámenes suspendidos y ahora que lo vuelvo a tenerlo todo controlado, vuelvo a mi equipo.

-¡Me alegro tanto! Ya te echábamos de menos, dijo Carlos.

Yo sonreí de oreja a oreja e hicimos piña para celebrarlo.

- Gracias, chicos. El torneo es mi pasión y aunque las chicas supuestamente no se permiten, me alegro mucho de que el entrenador me viera como una de vosotros, dije mirándoles a todos.

-¡Lo eres, número nueve!, dijo Jay guiñándome un ojo.

-¡Eh, vosotros tres! ¡Menos charlar y más entrenar!, ordenó Chad desde el centro del gimnasio.

- Te recuerdo que el entrenador soy yo, chaval - dijo Jay pavoneándose - Aunque tienes razón, empecemos de una vez.

Todos asentimos y nos colocamos en posición para iniciar el entrenamiento. Frente a mí se colocó una persona menos musculosa que el resto de los chicos, pero con la misma energía fuerte y poderosa de los Caballeros Guerreros. Aunque su rostro estaba cubierto por una máscara, juraría que me dedicó una sonrisa amistosa a través de ella.

-¡Venga, chicos, a entrenar! ¡Carlos, tú conmigo!, dijo Jay.

Me encantaba ver a mi amigo de entrenador. Jenkins nos dejó debido a la excepción que hizo conmigo. De alguna manera, me sabía mal, pero estuvo completamente seguro de la oportunidad que me dio y sabía que era el principio de un cambio. Era un hombre maravilloso: me había incluido en el equipo, es decir, rompió las normas por mí y eligió a un chico estupendo como entrenador sustituto, Jay. Y como no, Chad se quejaba diciendo que él podría ser aún mejor que él.

Mientras esquivaba la espada de mi rival, me quedé fascinada con la facilidad con la que se movía. Era incluso más ágil que la mayoría de mis compañeros. Me sorprendió tanto que consiguió darme un golpecito con la espada en el hombro que me eliminó del entrenamiento. Me reuní con Carlos, al que Jay acababa de mandar al banquillo, y nos dimos cuenta de que mi rival iba eliminando uno a uno a todos los chicos, a la par que Jay. De pronto, sólo quedaban ellos dos. Todo el mundo, incluidas las animadoras, lo miraban sin perderle de vista.

-¿Hemos metido a un nuevo fichaje en el equipo?, susurré a Carlos.

- Que yo sepa, no, pero no se le da nada mal, contestó sin quitarle ojo a aquel jugador.

Yo asentí siguiendo el combate fijamente con la mirada. De pronto, Jay se detuvo. No llegaron a vencerse el uno al otro, pero Jay estaba tan asombrado que se quitó el casco esperando a que descubriera su identidad. El sujeto también se lo quitó y lo primero que vimos todos fue una larga melena oscura que le llegaba por la espalda a esa persona. Al ver de quien se trataba, nos quedamos con la boca abierta.

La historia de Tania PorterHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora