Íbamos tranquilamente de camino a mi cuarto, cuando al pasar por delante del suyo, vimos la puerta entreabierta y nos miramos mutuamente con una mezcla de incredulidad y aburrimiento. Sabíamos perfectamente lo que estaba pasando.
-¡No me lo puedo creer!, exclamó Carlos al ver a Chad con una capa de rey y una corona hecha con la impresora 3D.
El hijo de Cenicienta estaba tirado en el suelo, con el móvil y con un gran desorden por toda la habitación, y eso que no era ni la suya.
-¿En serio? - le reproché queriendo recordarle la vergüenza que le hice pasar en el gimnasio - ¿Se puede saber qué haces?
- Esperad un momento - pidió con un gesto de silencio mientras hablaba con alguien por teléfono - ¿Audrey? Sí...¡sí! Oh, ¿en serio? No te preocupes, ahora mismo voy - Chad colgó y se giró emocionado hacia nosotros - ¡Me voy! ¡Audrey se ha quedado atascada en su viaje y tengo que ir a rescatarla!
- Eso está a seis horas de aquí, dijo Carlos.
- No me importa. Audrey me necesita, insistió él, avanzando hacia nosotros.
-¡Eh, eh! Espera un segundo, dije yo, parándole los pies.
Carlos aprovechó y le quitó la corona de la cabeza con el mentón en alto.
-¡Eh, mi corona!, exclamó Chad.
- Lo siento, Chad, pero todavía eres un príncipe - él soltó un suspiró triste y decidí animarle de la mejor manera que se me ocurría - ¡Anda, corre a por tu princesa! Es tu momento.
Chad volvió a sonreír todo orgulloso y salió de la puerta creyéndose un héroe.
-¡Allá voy, Audrey!, anunció saliendo a toda pastilla de la habitación.
-¡Vaya...!, exclamó Carlos sin creerse del todo lo desquiciado que estaba el pobre chico por la hija de Aurora.
Carlos y yo nos reímos y dejamos marchar a nuestro alocado amigo, recogimos lo que había de por medio y nos dirigimos a mi cuarto. Abrí mi armario y busqué mi botiquín mientras se sentaba al borde de mi cama, preocupado de si le escocería. Mientras sacaba agua oxigenada y gasas de algodón, empezamos a hablar. Me senté a su lado y, al tocarle el brazo, noté un bulto en su bíceps, cosa que me hizo soltar una risita. Él se rio conmigo sin entender nada y me preguntó con la mirada qué me hacía tanta gracia.
-¡Cómo se nota que estás en el torneo!, solté.
-¿Qué?
- Te has puesto fuerte, le aclaré mientras empapaba una gasa con agua oxigenada.
-¡Ah...! Bueno, puede ser - dijo entre risas - Cuando vine de la isla, era un palillo, así que ser un Caballero Guerrero de Áuradon me ha dado mucha fuerza, entre otras cosas.
Posé la gasa de algodón sobre su moratón y el chico dio un pequeño sobresalto.
-¿Todo bien? ¿Te duele?, pregunté mirándole a los ojos.
- Estoy bien. Tranquila.
- Toma, sujétate fuerte - dije mientras rebuscaba un poco de celo en el botiquín - Hace seis meses eras un chico tímido, sin modales y con temor a los perros. ¿Te acuerdas?
- Sí, he cambiado bastante. Y tú, también. Hace seis meses eras más...adorable - Esas palabras hicieron que me girara a mirarle, de repente. Es lo que hay, soy demasiado transparente y una tontería como esa me sacó una sonrisa. ¿Antes le parecía más adorable? ¿Y qué? ¿Ahora no? - Quiero decir que ahora eres más rebelde y más...guay.
-¿Más podrida?, pregunté, orgullosa.
- Sí, supongo que sí. Y te sienta bien.
Volvimos a sonreírnos mutuamente mientras cortaba un cachito de celo y le apretaba la gasa contra su golpe para que se curara rápido. Levanté la mirada hacia él y, realmente, estábamos muy cerca. No pude evitar dirigir la mirada a sus labios, pero sí lo que podría haber pasado, por el bien de todos. De nuevo, bajé la cabeza, escuchando a mi cabeza para ahorrarme un disgusto a mí y a mis mejores amigos. Sabía que si lo hacía, todo lo bonito que había entre nosotros se acabaría.
-¿Te acuerdas de la primera vez que nos vimos?, pregunté haciéndole cambiar de tema mientras recogía todo y volvía a guardar el botiquín en el armario.
-¡Cómo olvidarlo...!, respondió con la mirada perdida.
Y ambos recordamos ese momento en el que nos encontrábamos en el bosque de los alrededores de las pistas del torneo. Carlos estaba conociendo a Colega cuando hice un ruido que llamó su atención. Y entonces fue cuando me descubrió y se quedó mirándome muy sorprendido. Bajé de un salto y le cedí mi mano para que me la estrechara diciendo:
- Soy Tania, hija de Tarzán.
-¿Tarzán? ¡Qué guay! Yo - dijo dándome su mano - yo soy Carlos, el hijo de...
- Cruella de Vil. Sí, la villana más loca, dije interrumpiéndole.
Desde ese momento en el que nos dimos la mano, conectamos como grandes amigos que seríamos siempre.
- Parece que fue ayer, dije volviendo de mis recuerdos.
- Sí. Y, ¿te acuerdas de cuando entraste en el equipo?, preguntó, sonriente.
- Pues claro. Fue uno de los mejores días de mi vida - dije con la mirada iluminada - Fue el día en el que dejé de sentarme a veros en las gradas, el entrenador Jenkins rompió las reglas por mí y, por primera vez en la historia de Áuradon, entró una chica en el torneo.
- Sí, hiciste Historia. Y, además, eres una gran jugadora. Todo el mundo lo sabe - añadió él mientras comprobaba su herida vendada - Y también, una gran enfermera.
- Gracias. En la selva, solía curar a los animales heridos en nuestro campamento. Ya sabes, prácticas de veterinaria.
- Se te dará muy bien, ya verás - dijo dedicándome una sonrisa sabiendo que era mi trabajo soñado y al instante, me miró con algo de lástima - ¿Echas de menos a tus padres?
- Sí, todos los días - dije tras soltar un suspiro - Es más, creo que después del Cotillón iré a la selva una temporada.
- Haces bien. Pero, ¿estarás mucho tiempo?
- Unas semanas, supongo, estaremos de vacaciones - dije mientras le miraba y le leía la mente - Si quieres, puedes venir un día con los demás.
- Sí, claro. Estaría genial.
- Me gusta ese plan, opinó, de repente, Colega, el perro parlante.
-¡Eh, amiguito! ¿Estabas escuchando?, le preguntó Carlos.
- Yo siempre escucho y observo.
- Por cierto, Colega, gracias por acompañarnos a la isla. Al final, nos serviste de mucha ayuda para distraer a los piratas, dije guiñándole un ojo.
- No ha sido nada. Me alegro de que todo haya acabado bien.
- Bueno, yo no cantaría victoria tan pronto, dije mirando al suelo.
-¿Qué quieres decir?, preguntó Carlos dedicándome una mirada que reflejaba cierto terror.
- Es que algo me dice que Uma y su tripulación no están derrotados del todo. No sé, son muy poderosos.
-¿Tú crees que encontrarán la forma de volver a atacar?
- Es sólo una intuición. No siempre acierto, dije refiriéndome a él sin que él fuera consciente.
Hubo unos segundos de silencio en el que nos imaginamos las posibles maneras que podían existir de que esos piratas o cualquier otro villano encerrado en esa isla pudiera tener para venir a nuestro paraíso y sembrar el caos. Carlos apoyó la mano sobre mi hombro haciendo que volviera en mí mirándole a sus ojos color chocolate y me sugirió algo para animarme.
-¿Y si damos una vuelta antes de que se vaya el sol? Así nos distraemos.
- Me parece perfecto, respondí tras unos instantes en los que le correspondí con una sonrisa bien amplia.
Los dos nos despedimos de Colega y salimos de la habitación para dirigirnos a la parte trasera de la Academia Áuradon, donde estaba el enorme jardín y un precioso lago de agua cristalina.
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La historia de Tania Porter
Novela JuvenilHola, soy Tania Porter y soy la hija de los legendarios Tarzán y Jane. Soy una chica de selva, una loca curiosa, interesada por las aventuras y el riesgo. Os contaré mi historia, las aventuras que viví mientras estudiaba en la Academia Áuradon y cóm...
