Capítulo 3: La Isla de los Perdidos

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Pasó una semana. Yo seguía yendo con Jane, Lonnie, Ben y Doug, como buenos amigos que éramos. Al acabar las clases, me encantaba sentarme en las gradas a hacer los deberes. Puede que a veces me distrajera un poco viendo a los chicos practicar para el torneo, pero es que yo adoraba ese ambiente. El torneo era y sigue siendo un juego en el que dos equipos juegan por marcar gol. Se conduce la pelota hasta la otra portería mientras se esquivan los cañones y a los rivales. Me sabía el reglamento entero y, a veces, me daban ganas de lanzarme a la pista y jugar con los Caballeros Guerreros de Áuradon, pero no podía. En el torneo solo había chicos.

Cuando terminé los deberes fui hacia la pista para verles más de cerca y, mientras les contemplaba, Audrey me interrumpió ese relajante momento.

-¿Qué hay, Tan? ¿Otra vez viendo a los chicos? ¿Acaso hay alguno que te guste?

-¡Qué va, Audrey! Simplemente, me encanta el torneo.

- Ya. Pues si te gusta tanto, sabrás que no puedes estar en la pista.

-¿Por qué no? - pregunté arqueando una ceja - No molesto a nadie.

- Sí, sí que molestas - insistió dejándome claro una vez más que era un incordio para ella - A mi equipo de animadoras y a mí, dijo señalando a un grupo de chicas que hacían estiramientos.

En ese momento se acercó Chad, el hijo de Cenicienta. Se quitó el casco y se repeinó su rubio cabello abultado.

- Buenas, Tania - me saludó antes de dirigirse a Audrey con una sonrisa de oreja a oreja - Hola, Princesa Audrey. ¿Cómo estás?

-¿Qué hay, Chad?, le saludé yo.

- Chad, ¿podrías decirle a Tania que se aleje de la pista? Sabes muy bien que no puede estar en ella.

- Bueno, es cierto que, si no eres jugador del torneo o animadora, no puedes estar aquí.

- Oye, sólo quiero veros jugar - le reproché con un puchero - Me apasiona el torneo y me encantaría jugar algún día.

- El torneo es sólo para chicos...Pero si quieres hacer deporte siendo chica, puedes ser animadora. Audrey es la capitana y se le da genial, añadió medio babeando.

- Oh, gracias, Chad, dijo Audrey con dulzura.

- Yo prefiero el torneo, insistí.

- Lo siento, Tan. Es sólo para chicos.

- Lo sé...¡y me parece injusto!

- Tania, ya lo has oído. Si no eres animadora o jugador del torneo, te vas. ¡Fus, fus!, dijo echándome con la mano mientras mantenía esa sonrisa falsa.

- Audrey...querida... - dije tratando de contenerme - Ya me estás hartando. Sólo llevo una semana de curso y ya me estás poniendo de los nervios. ¿Sabes? Para ser una princesa eres bastante cruel conmigo.

-¡Oh! ¿Cómo te atreves a hablarme así?, dijo llevándose una mano al pecho dramáticamente.

-¡Ya basta! Tan, será mejor que te vayas de aquí. Deja que Audrey ensaye con su equipo, me reprochó Chad.

Claro, como Chad estaba colado por Audrey siempre la defendía. Tuviera o no la razón. Lo malo es que Audrey estaba locamente enamorada de Ben, y Chad era como su perrito faldero. Y yo eso no lo soportaba, ya que no estaba haciendo nada malo y, aún así, me echaban la culpa. Para evitar problemas, me fui sin pensarlo dos veces.

Me senté a la sombra de un gran sauce del patio trasero. Había muy poca gente por ahí y pensé que me podrían dejar en paz. Tenía la cabeza metida entre las rodillas y no veía lo que pasaba a mi alrededor.

La historia de Tania PorterHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora