Yo no he hecho que te despidieran. Al menos, no directamente. -Al ver que ella no respondía, preguntó-: ¿Me vas a invitar a pasar o no?
Capítulo 32:
Lali tenía el pelo envuelto en una toalla y el aire frío le había puesto la piel de gallina. Optó por dejarle entrar.
-Siéntate -dijo mientras él la seguía hasta la sala.
Lo dejó a solas un momento para ir a quitarse la toalla y secarse el pelo. De todos los hombres del mundo, Peter era el último que ella habría imaginado tener sentado en el salón de su casa.
Se peinó y se secó el pelo lo mejor que pudo y, durante un par de segundos, pensó en pintarse los ojos y los labios. Pero descartó la idea de inmediato. Lo que sí hizo fue cambiarse los lentes por los de contacto.
Con el pelo húmedo, regresó al salón. Peter estaba de espaldas a ella, estudiando las pocas fotografías que había sobre la repisa de la chimenea. Había dejado la casaca en el sillón. Vestía una camisa blanca, con los puños arremangados mostrando sus musculosos antebrazos. Una amplia arruga le recorría la espalda hasta meterse en los jeans. Su billetera asomaba por uno de los bolsillos y las costuras enmarcaban su trasero. La miró de arriba abajo por encima del hombro.
-¿Quiénes son estas dos? -preguntó Peter señalando la foto de en medio, en la que aparecía junto a Candela, ambas de toga y birrete, en la entrada de la casa de su padre.
-Mi mejor amiga, Candela, y yo la noche en que nos graduamos del colegio.
-¿O sea que has vivido por aquí toda tu vida?
-Sí.
-No has cambiado mucho.
Ella se acercó a él.
-Aunque ahora soy mucho mayor -dijo.
Peter la miró de nuevo por encima del hombro.
-¿Cuántos años tienes?
-Treinta.
Él mostró sus dientes blancos con una sonrisa que venció todas las defensas de Lali, llevándola a clavar los talones en la moqueta beige.
-¿Tan mayor eres? -preguntó-. Te conservas bien para tu edad.
Oh, Dios. No quería profundizar más en ese tipo de declaraciones, pues sin duda no llevaban a ninguna parte. No quería que él la deslumbrara con su sonrisa. No quería sentir cosquilleos ni tener pensamientos pecaminosos.
-¿Por qué has venido?
-Me ha llamado Felipe Villanueva. -Peter metió una mano en el bolsillo del pantalón y desplazó el peso del cuerpo de un pie a otro-. Me ha dicho que han vuelto a ofrecerte el trabajo y que lo has rechazado.
No lo había rechazado. Sólo había dicho que tenía que pensárselo.
-¿Y qué tiene eso que ver contigo?
-Felipe cree que debía hablar contigo y convencerte de que lo aceptes.
-¿Tú? Tú piensas que soy el ángel de la muerte y la oscuridad.
-Eres un ángel de la muerte muy lindo.
Ahhh, no.
-Ha sido una mala elección. A mí no... -Lali se detuvo porque no podía mentirle diciendo que a ella no le gustaba él. Porque le gustaba. Incluso contra su propia voluntad. Así que compuso una media verdad-: No sé siquiera si me caes bien.
Peter rió entre dientes, como si supiera que mentía.
-Es lo que le dije a Felipe. -Esbozó una sonrisa encantadora, y se echó hacia atrás sobre sus talones-. Pero él cree que yo puedo hacerte cambiar de opinión.
-Lo dudo.
-Creí que dirías eso. -Peter caminó hasta el sofá y sacó algo del bolsillo de su casaca de cuero-. Así que voy a darte una ofrenda de paz.
Le tendió un pequeño libro de bolsillo con una cinta rosa alrededor. «El lenguaje del rugby: la jerga, el saber popular, todo lo que nunca aprenderá en televisión».
Sorprendida, lo aceptó.
-¿Lo has comprado tú?
-Sí. Y le pedí a la chica de la librería que le pusiera el lazo.
Le estaba haciendo un regalo. Una ofrenda de paz. Algo que podría utilizar. No algo típicamente masculino, como flores o chocolate o ropa interior barata. Había pensado en ella. Le había prestado atención. A ella.
-No tenían cinta negra, así que elegí la rosa.
Lali sintió que su corazón empezaba a dar brincos en su pecho, y supo que estaba metida en un gran problema.
-Gracias.
-No hay de qué.
Miró la cara de Peter, dejando atrás la sonrisa camino de sus ojos verdes. Un problema grande y terrible, del tipo que visten camisas blancas y jeans. Del hombre que quedaba con chicas estilo Barbie porque podía hacerlo...
Peter bajó la mirada para encontrarse con los ojos de Lali, y supo que su regalo había surtido efecto. La había ablandado, llevándola justo a donde él quería. Pero antes de tenerla atrapada por completo, dispuesta a ponerse en sus manos como pelota caída del cielo, su mirada se hizo recelosa. Dio un paso atrás y la desconfianza le hizo fruncir el entrecejo.
-¿Felipe te pidió que vinieras a halagarme? -preguntó al tiempo que cogía el libro.
Continuará...
![](https://img.wattpad.com/cover/33681683-288-k878763.jpg)