Contigo
Pablo Alborán & Sebastián Yatra
Narra Melendi
Poco a poco nuestras pieles dejaron de sentirse y nuestros ojos se perdieron.
Pero yo no pude apartar los míos de ella mientras me daba la espalda para irse con él. No quería recordarla así, que su espalda fuera lo último que viera cuando nos separábamos, en vez de sus ojos.
Y me odiaba.
Me odiaba por no haber sido más rápido, atrevido, por no haber sido valiente, por haberle ofrecido ser mi asesor, por perderla...
Podía ser yo el que ahora mismo bailaba con ella sintiendo su tacto y olor en mí.
Perderme en sus ojos era mi juego favorito, oír su risa hacía que todo sonido resultase imprescindible y besarla era tocar el cielo. ¡Cómo la echaba de menos!
Bajo la cabeza y arrastrando los pies me dirijo a la mesa de las copas. Con alcohol la tristeza se vuelve más llevadera, y con suerte me dará el valor que sobrio no tengo.
Mientras preparo la copa una voz a mi espalda me devuelve a la realidad.
- Que sean dos.
Sin apartar la vista de lo que hacía comencé a preparar otra para Pili.
Cuando ambas estuvieron listas le di la suya y brindamos.
- Salud. - Dijimos a la vez.
Ambos dimos un trago a nuestra copa y nos sentamos para hablar más cómodamente.
- Cuanto tiempo. No recuerdo la última vez que tuvimos una charla a solas. - Dice Pastora.
- Yo sí. - Me mira de forma interrogante y aparentemente alegremente continúo. - Y no me gustaría repetir.
Pastora abre sus ojos y no puede reprimir una sonrisa, al igual que yo. Había recordado.
- Hombre, tampoco fue para tanto.
- Y que lo digas, un par de amenazas y miradas de mala muerte si se me ocurría dañar a cierta personita.
- Sabías que no iba en serio.
- Yo creo que lo dijiste muy, muy en serio. Ni mi padre me habló nunca tan seriamente.
Me dió un suave codazo, que nos hizo llevar nuestras miradas al centro de la pista de baile, justo donde ellos bailaban en su burbuja ideal. Abrazados, respirando el uno del otro, muy juntos para mi gusto...
- ¿Desde cuándo se conocen? - Necesito respuestas, saber si se trata de una verdadera amenaza o son sólo ideas mías fuera de contexto.
- Desde mucho antes que nosotros llegásemos a su vida. - La miro y levanto una ceja interrogante.
¿De verdad se conocían desde hace tanto tiempo?
- Sí. Ambos malagueños con un sueño en común. Un grupo de amigos y un chiringuito fue todo lo que hizo falta para crear un lazo casi indestructible entre ellos.
- ¿Por qué casi?
- Bueno, no sé si lo sabías, supongo que no, pero ellos eran mejores amigos, como yo y ella ahora. Pero según lo que Vane me contó, Pablo comenzó a sentir cosas por ella. Un sentimiento más allá de la amistad. - Asentí. - Ella siempre dejó claro que lo único que sentía por él era esa gran amistad, pero cuando uno está enamorado no atiende a razones. Por ello, Vanesa decidió poner distancia, darse un tiempo en esa amistad y retomarla ese mismo verano. Sin embargo, los días se volvieron semanas, las semanas en meses, y los meses los volvieron desconocidos a ojos de los demás.
- Vaya. - Fue lo único que atiné a decir mientras procesaba toda esta nueva información.
- Sí, una trágica historia de amor. Tú mejor que nadie debes saber que este es caprichoso.
- Y que lo digas.
- Parece que están recuperando el tiempo perdido, dándose una segunda oportunidad.
- Eso parece... - Digo sin mucho entusiasmo.
- Dime, ¿cómo es que Pablo es tu asesor? Vane jamás me dijo que lo conocías.
- No, ha sido un descubrimiento de última hora. Y puede, que al principio... me pareciera... simpático. - Medité mis palabras y me limité lo máximo posible al responder, no tenía ganas de continuar hablando de esto.
No ahora que sé lo que siente por ella.
- ¿Tú conocías la canción?
- ¿Cuál?
- Inmunes.
- No. Sólo quiso decirme el título esta misma mañana, pero se negó a cantarla.
- Es preciosa. Como todo lo que hace. - Dejo salir un suspiro.
- Sí, pero también muy triste.
- Al final sufrir es inevitable. - Digo cabizbajo, casi susurrando.
- No siempre. - mi mirada en ellos comienza a quemar y a doler, por eso mientras ella habla despego la vista y la llevo al perfil de Pilar que sigue mirándolos mientras habla - A veces sólo hace falta ser valiente. - Dice, ahora sí, mirándome.
- Eso es tan difícil. Al final prefieres dejar las cosas como están por el miedo a perderla del todo. No soportaría perder esa complicidad que tenemos.
- Eso es algo que nada ni nadie os puede arrebatar.
- Es un arma de doble filo.
- Ya tienes algo con lo que luchar.
Aprovechamos este silencio para dar un nuevo trago a nuestras bebidas y poner en orden nuestros pensamientos, al menos yo.
- ¿Y qué pasa si no es recíproco? Si sólo es... amistad.
- Dejad de llamar amistad al amor, jode mucho.
- Por favor Pili, dime si ella siente lo mismo.
- ¿Tú qué crees?
- Que lo nuestro es algo demasiado especial, fuerte, llámalo... eterno. Por más que nos neguemos.
- Entonces, ¿¡me decís a qué esperáis!? Dejad de ser puto inmunes - Tras un momento de silencio en el que mi cabeza iba a mil pensando miles de respuestas y argumentos sobre por qué era mala idea, mi boca se adelantó.
- Se acabó. - Levanté la cabeza y la miré decidido, aunque en el fondo estaba aterrado. - Necesito volver a ser lo que fuimos. Sanar, pero esta vez juntos.
- ¡Así se habla!
Pastora me mira afirmativa y me da unos golpes en la espalda a modo de ánimo.
Era el momento.
Antes de levantarme doy un último trago a mi bebida, esta vez más largo, casi hasta terminarla, en un último intento de hacerme sentir valiente.
Con el alcohol en la sangre, nos dirigimos una última mirada mientras me levanto y de nuevo llevamos nuestras vistas al centro de la pista. Justo donde minutos antes ambos se encontraban bailando, pues ya no estaban.
Busco en Pastora una respuesta pero ella niega haciéndome saber que ella tampoco tiene idea de a dónde han ido.
- Vamos. - Dice dejando su copa en la mesa y poniendo rumbo a no sé dónde.
Aligero el paso hasta alcanzarla y juntos pasamos toda la pista de baile, cruzándonos con algunos de compañeros que nos entretuvieron más de la cuenta.
Salimos de ahí y andamos por el amplio césped rodeando la casa.
Era noche cerrada, la luna brillaba en el cielo y lejos de la fiesta de nuestros amigos sólo se escuchaba el ulular de los búhos y algún que otro grillo.
Este tipo de noches eran las que ambos amábamos compartir.
Una noche así todo se fue a la mierda.
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Segunda oportunidad
RandomVanesa Martín está en el mejor momento de su carrera musical. Para ella todo está bien hasta que La Voz kids trae a ella su pasado, y tira todos sus planes y esquemas al suelo. "¿Acaso existía un anhelo humano más triste -o más intenso- que desear u...
