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Capítulo 16

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Narra Vanesa

Al principio todo fueron conversaciones triviales y risas por doquier, nada relevante, dos amigas poniéndose al día sin profundizar demasiado. Sin embargo, poco a poco esto fue cambiado. Cada vez profundizábamos más en los temas y estos cada vez se enfocaban más en mí, justo lo que mi amiga quería.

- ¿Por qué has tardado tanto? Ya sé que no pasas por tu mejor momento, pero esa cara de amargada que me llevabas al salir es demasiado, hasta para ti. - Dice esto último en un intento de quitar hierro al asunto y hacerme responder.
- Nada. Estaba acostando a Lola. - Mi respuesta, como era de esperar, no fue suficiente. Se quedó callada esperando que continuara, y no tuve más remedio. - Tiene pesadillas.
- Tú también
- No, no. Ya no…
- No era una pregunta. - Replicó.
- Vanesa, mírame. - Su tono no ofrecía oportunidad a réplica.

No era serio ni me aterrador, ella siempre me transmitía confianza y serenidad. Era un tono tan autoritario como cálido a la vez.
Levanté la mirada y la miré a los ojos.

- ¿Qué te pasa?
- No sé, no lo sé. Estoy bien. - De todo lo que podía haber dicho, y me hace una pregunta a la cuál no sé responderle.
- No, no lo estás. No te has dado cuenta. No, no quieres darte cuenta, y eres la única. Tus ojos no brillan a todas horas, no sonríes por todo, ni te ríes demasiado. - Me toma la mano por encima de la mesa. - Te conozco, y sólo te he visto una vez peor. También sé que esto es una secuela, nada nuevo. Debes solucionar tu pasado, puedes hacer lo que quieras, pero deja el pasado atrás y sigue adelante. Porque del pasado aprendemos, pero tienes que vivir el presente. Por favor, hazte caso por una vez. - Al terminar de hablar ella, no pude evitar que una lágrima se deslizase por mi mejilla, aunque ella rápidamente la elimina. Y continúa. - Caerse es un accidente, quedarse en el suelo es una elección.
- Tienes razón. Pero por más que lo intento si mi pasado sigue aquí. - Digo señalando mi pecho, justo dónde se encontraba el corazón.
- Vane, él no tiene porqué ser pasado. Nunca podrás echarlo de tu vida, lo sabes. Debes aprender a vivir con ello, o con él.
- No puedo. - Las lágrimas caían por mi rostro sin control. Pero ya me daba igual.

La comida había pasado a segundo plano y ahora todo lo era esta conversación.

- Sí.
- ¡No! No soy buena para él. El amor no está hecho para mí. ¡Joder! Yo solo quiero que él sea feliz.
- ¿¡Te estás escuchando!? Esta no es la Vanesa Martín que el mundo conoce, que yo conozco. Deja de dar tanto discurso de amor y libertades, y empieza a aplicarlos un poco a tu vida.
- De verdad, te entiendo, pero no sé qué me pasa. Yo creí que estaba superado, pero estos días. Tantas horas con Melen y esos niños…
- Te entiendo. - Se levanta para alcanzarme una servilleta y sentarse a mi lado. - Pero debes seguir, con o sin él. Eso lo decides tú. Tienes que tener claro que nada de lo que pasó fue tu culpa, nada. Confiaste en las personas equivocadas…
- Fue un error demasiado grande.
- Pero puedes arreglarlo confiando ahora en las adecuadas. Es tu momento de empezar nuevamente. Tu carrera está en su máximo esplendor, y las grabaciones de La Voz serán una gran experiencia. Vive, disfruta, sé valiente y lo más importante, ama.

No tenía nada que añadir, mi cabeza daba demasiadas vueltas y mi amiga había dado en el blanco, una vez más.

Me dió un respiro, pero no tardó en volver a la carga.

He de ser sincera, estas conversaciones eran terapéuticas, como ir al psicólogo. Pero ella sí me conoce.

Mis secretos dejan de serlo para ella.

Porque con ella no hay secretos.

- ¿Por qué ahora? - Me pregunta Pili.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Por qué después de tanto tiempo vuelve todo esto de golpe?

Necesité unos segundos para pensar y poder responder sinceramente a este nuevo "ataque".

- No sé. Realmente nunca dejé de pensar en ellos. Puede ser el estar tanto tiempo rodeada de niños. Pero esa niña, no puedo, me hace sentir cosas y me recuerda a Ramón.
Luego él me hace disfrutar tanto, sentir que de nuevo todo está bien. Pero no, nada lo está. Duermo con él, y parece que nada ha cambiado. Guardó mi ropa y yo sigo con él, incapaz de acabar. Y es que parece una puñetera novela ¡Marta Cuesta! Parece que el mundo se empeña en… no sé. - Dije todo sin parar, sin pensar, necesitaba soltar un poco. Y estallé.
- A ver, por partes. ¿Has vuelto con Melen?
- No. Se puede decir que nunca lo hablamos. Del todo.
- Entonces, ¿habéis tenido relaciones con otras personas posteriormente cuando aún seguían siendo pareja?
- Más o menos… pe-
- Vale, no estoy de acuerdo, pero lo entiendo. ¿Inma? - Sé que no le ha quedado claro el punto anterior. Pero ella sabe que no quiero decir más, de momento.
- No sé nada de ella desde aquel día. Sólo el apellido de la niña.
- Mejor. Sabes, muchas personas en el mundo se llaman así.
- Ya…
- ¿Y?
- Bueno, y si tienen algo que ver. ¿Si rehizo su vida?
- No divagues. Lo más probable es que sea una coincidencia. Y en el improbable caso de que tenga algo que ver con Inma, ella estaría…muerta. - No lo había pensado bien, y al hacerlo, esa simple posibilidad, sin querer, me hizo daño, más de lo que debería. - Sé que tampoco quieres eso. - Negué con la cabeza. - Pero eso es fácil. Podemos mirar los datos de la niña, si así te quedas más tranquila. - Y lentamente, con movimientos casi imperceptibles acepté, aunque sabía que no era lo correcto. De hecho a nosotros no nos estaba permitido revisar esa información. De todas formas confío en que con ayuda de Ana encontraremos la manera. - Por último.
- Dime. - Dije dándole paso a continuar.
- Lola, ¿es ella? Esa niña que te recuerda a Ramón.
- Sí. - Dije en apenas un susurro inaudible.
- A mí me recuerda a ti.

Alcé mi vista para mirarla. A veces mi amiga era impredecible, y este era uno de esos momentos.

Vi como se levantaba para recoger la mesa, e internamente se lo agradecí millones. Me levanté yo también, y juntas limpiamos todo.

Esa noche no dormí. No pude dejar de pensar que mi amiga tenía razón. En todo.

Entonces, ¿qué debo hacer?

Segunda oportunidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora