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Capítulo 22

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Narra Vanesa

Tocamos a la puerta y nos recibió un sonriente David.
Pasamos y poco a poco fuimos saludando a los compañeros que ya habían llegado. Manteníamos cortas conversaciones con ellos para hacer tiempo, con una copa de vino cada uno, que David nos iba ofreciendo conforme llegábamos.

Los últimos en llegar fueron Melen y Pablo. Saludaron, y sin más demora salimos al jardín donde estaba la mesa en la que comeríamos.
A mi izquierda estaba sentada Pilar, y al otro lado Pablo. Justo enfrente tenía a Melen y a David.

La comida transcurrió tranquila. Todos hablando con todos, riendo, bromeando y nada de trabajo. Cuando terminamos de comer nos levantamos y entre todos ayudamos a Bisbal a recoger.

Seguidamente comenzamos a preparar copas y a sacar instrumentos.
Melen y yo con una guitarra cada uno y Pablo al teclado.

El primero en cantar fue David como anfitrión y poco a poco los demás se iban animando a hacerlo. Así hasta que solo quedamos nosotros tres por cantar en este concierto tan íntimo e improvisado.

No se trataba de ver quién cantaba mejor o daba el mejor show. Sino de divertirse y pasar un rato agradable juntos y junto a lo que más nos gusta hacer.
Pues si hay algo que por siempre nos mantendrá unidos es la música, que tiene ese poder de unir a personas.

Las copas no pararon en ningún momento, y algunos como David y Lolita iban ya un poco perjudicados. Esto era algo totalmente normal, todos habíamos pasado por ese día en el que no éramos capaces de llegar a la habitación sin tropezar con todo lo que había por la casa. Pero ahí estaban ellos siempre, cogían fuerte tu mano te guiaban sano y salvo hasta la habitación para escuchar al día siguiente tus quejas sobre el terrible dolor de cabeza que llevabas encima.

- Bueno Melen, tu turno. - Le dice La Niña invitándole a cantar.
- No, no, las damas primero. - Dice dirigiéndose a mí.
- Venga gallina anímate, no te voy a juzgar. - Digo en un intento de picarlo.
- Me estás pidiendo un estreno en exclusiva. -Noto como poco a poco va acercándose a mí.
- Si estás dispuesto. - Digo tan cerca de su rostro que huelo su aliento con olor a alcohol, supongo que como el mío.
- Solo si tú me sorprendes con un nuevo éxito.
- Hecho.

Y cerramos el trato con un fuerte abrazo.
Me volví para dar unas indicaciones a Pablo que tocaba el teclado, pero al acercarme noté que estaba molesto.

- Oye, ¿te pasa algo? - Al escucharme sale de su trance y cambia totalmente su semblante a uno más amable y cercano.
- No, no. Es que me he quedado pensando. Dime.

Le di las indicaciones que Melen me dijo y me fui para dejar la guitarra y así disfrutar plenamente de este momento.

Cogí mi copa y me puse al lado de Pastora y frente a él para disfrutar del espectáculo en primera fila.
"El cielo nunca cambiará" así se llamaba la nueva canción que había compuesto. Se trata de la banda sonora de una película.

Pero no era sólo eso.

Su forma de cantar, como mueve el micro o esas pequeñas improvisaciones y giros. Todo él me tenía perdida y esa letra, me hace desear que de verdad nada hubiese cambiado.
Terminó, mirándome a los ojos, con una sonrisa que enamora y su mano extendida hacía mí.

- Supera eso mujer.
- Deja que te enseñe.

Al coger el micro de su mano nuestros dedos se rozan, y una excitante corriente eléctrica recorre todo mi cuerpo. Lo miro a los ojos y ambos nos sonreímos.

Se acercó un poco más a mí y casi rozando mi oreja susurró un "suerte" que me puso los vellos de punta.

Cogí el micro pero antes de comenzar me nació decir unas palabras.

- Este tema está todavía muy fresco. Lo he escrito esta semana y todavía queda perfeccionar y tener fuerza para cantarlo - dije bromeando para quitar tensión - Pero bueno, no me enrollo. Para todos vosotros - busque la mirada de Ramón que estaba enfrente de mí, justo dónde yo estaba antes, y mirándonos continúe - "Inmunes".

Escuché los aplausos de fondo de mis amigos, pero yo estaba enfocada totalmente en la canción, y en él.

No finjas que no vas a oírme
Sabes que lo harás...

No necesité llegar al estribillo para darlo todo, pero sí para romperme. Evité las lágrimas, pero éstas se reflejaban en mi voz rota y desgarradora, pero fuerte a la vez.

No supimos cómo hacerlo vida mía
Hicimos del invierno una costumbre.
Le entregamos el relevo al primero que cruzó
Ni tú ni yo fuimos inmunes.

Y queremos acercarnos cada día.
Atragantados de fingir indiferencia
Permitimos la avaricia
Estamos locos

Nos conformamos con tan poco...

Terminé de cantar suave, despacio, como si quisiera que esta canción fuera eterna, cuando no.

En cuanto sonó la última nota mis compañeros rompieron en aplausos y ovaciones. Lolita se limpiaba las lágrimas con una servilleta junto a su hermana. Pili me aplaudía y lanzaba palabras de felicitación y algún que otro piropo. Pero la única reacción que me importaba estaba ahí, parada sin despegar su atenta mirada de mí.

Justo cuando pensaba que nada más pasaría, noté como unos brazos se envolvían alrededor de mi cuerpo en un fuerte abrazo que me levantó del suelo.
Cuando fui consciente en vez de bajar, pasé mis piernas por su cintura y mis brazos por su cuello, como un koala.

Así, justo en esta posición nos sentimos inmortales, como si el abrazo fuese eterno, y hubiese un nosotros para siempre. Porque eso era lo que sentía cuando estaba con él. Y nada ni nadie podría jamás arrebatárnoslo.

Pasados unos minutos nuestros compañeros siguieron a lo suyo, brindando y bailando entre ellos.

A nosotros no nos importaba.

Seguíamos en la misma posición como si el tiempo no pasase o él no se cansase de cargarme. Sin movernos por miedo a separarnos de nuevo. A convertirnos en dos extraños en un mundo lleno de desconocidos.

Sacando fuerzas de dónde no había, solté mis piernas. Él comenzó a bajarme hasta posarme suavemente en el suelo. Sin despegarnos en ningún momento.
Dejé caer mi cabeza en su pecho, notando como este subía y bajaba cada vez que respiraba y escuchaba los latidos de su corazón como si de lo más interesante del mundo se tratase.

Seguimos así hasta que noté un dedo que daba toques en mi espalda en un intento de llamar mi atención. Intenté ignorarlo, con la esperanza de que la persona tras de mí se diera la vuelta y regresara por dónde había venido.

Pero esto no sucedió así.

Los toques se volvieron más insistentes y estos fueron acompañados por un llamado a mi persona.

Me giré y ahí estaba Pablo con su mano levantada y detrás suya mi amiga disculpándose con la mirada.

Y lo odié.

Por haberme hecho separarme de él, por hacerme volver a sentir frío el ambiente, por hacerme volver a la realidad. Por eso y por mil razones más que retumbaban con fuerza en mi cabeza.

- Me preguntaba si te apetecería bailar conmigo.

Después de interrumpir este momento, la verdad es que era lo último que me apetecía. Pero por la amistad que un día nos unió, acepté a regañadientes.

Total, ya había arruinado el momento.

Me tendió su mano y yo le di la mía. Aún con una mano en la espalda de Melendi.

Me agarró y me comenzó a guíar hasta la pista de baile, mientras sentía mi mano deslizarse por la espalda de Melen hasta separarnos por completo y volver a sentirme vacía.

La promesa que me hice de disfrutar esta fiesta como si la vida me fuera en ello regresó a mi cabeza. ¿De verdad me era imposible ser feliz sin él?

Estaba harta de sentirme mal. De mostrarme sería. De estar vacía cuando no lo sentía.

Esto debía cambiar.

¿Y qué mejor que con él, mi antiguo amigo y confidente?

Segunda oportunidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora