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Capítulo 40

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Alone, Pt. II
Alan Walker & Ava Max

Narra Vanesa

No sé cómo, pero se había dado cuenta de que algo andaba mal.

Estaba segura.

Esperaba la intervención de alguno de los otros dos allí presentes, pero el tiempo pasaba y lo único que hacíamos era aumentar su angustia, sin contar mis molestias.
Respiré hondo, con los ojos cerrados y llevando mis manos hasta sus hombros para atraerla más a mí.

- Lola.

Sentí el peso de una mano ajena que se apretaba sobre mi hombro cómo muestra de apoyo. Sin mirar sabía de quién se trataba. Llevé una mano sobre la suya y lo miré unos segundos antes de volverme otra vez hacia Lola y seguir hablando.

- Han… han llamado al programa… La noticia… no es agradable - Con cada palabra el dolor inrementaba.

El nudo en mi estómago se hacía cada vez más grande, mientras mis ojos se cristalizaban con los suyos. Yo quería protegerla de todo y ahora era yo la que iba a destrozarla sabiendo que mi dolor no es nada comparado con lo que ella sentirá.

- Por favor, dime… - Temblaba bajo mis manos y cada vez su piel palidecía más. - Ya.
- Nos han llamado del hospital… Luis. - Noté como se removía bajo mis manos.

Mientras buscaba las palabras para seguir hablando se deshizo de mi agarre de un tirón, intenté detenerla, pero su mirada llena de dolor me detuvo, inmóvil en el sitio miraba como Melen la atrapaba entre sus brazos mientras ella, pataleaba, gritaba y lloraba intentando zafarse de él, sin éxito.

No hacía falta decir más. Una mirada bastó para decirle lo que con palabras no podía. Para conectar y entender un poco mejor nuestros dolores.

- ¡Suéltame! - Gritaba. - Déjame. ¡Mentira, es mentira! Él es cauteloso, yo sé que está bien. ¡LUIS!

Melen miraba a Lola, a Ana, también a mí, Lola a él, luego al suelo, después a mí, era una guerra de miradas en la que, por primera vez, no participaba porque no podía mirar a otros ojos que no fuesen los suyos. No podía moverme.

- ¡Quiero irme! Dejadme. - Gritaba mientras forcejeaba.

Melendi me miraba sin saber bien qué hacer, y sin dudarlo le indiqué que la soltara, evidentemente ella aprovechó ese momento de duda de él para apartarse y sin mirar atrás correr, mientra que Melendi la llamaba sin éxito alguno.

No quería retenerla, menos minimizar su dolor. Esto era algo que no estaba en mi mano evitar y aunque me dolía verla así, ella tenía que pasar por esto.
La miraba alejarse, con lágrimas en los ojos y apartando a quién se metiese en su camino en una carrera a contrarreloj, como quién corre por su vida, siendo seguida por Ana, pero yo no. Yo había decidido no seguirle, no me había movido, sólo la veía correr y alejarse.

Y es que aunque quería, no podía.

Siempre fui buena en este tipo de situaciones, sabía cómo calmar a la gente y cómo llevar las situaciones de tensión, pero siempre había un talón de aquiles. Por más que mi mente la había seguido, abrazado y calmado, mi instinto de supervivencia se había activado, indicándome que no era sólo yo, justo en el momento en el que más le había visto sufrir, había sido el momento en el que más había sufrido yo...

-  Arriba. - Dice mientras tira de mí con fuerza hasta ponerme en pie.

Debido a la sorpresa o no sé, tuve que apoyarme en él que me agarró con fuerza de la cintura para no caer. Acariciaba mi mejilla y me sonreía en un intento de darme fuerza y seguridad.

- Vamos, tienes que ir a por ella.
- No, ella necesita tiempo. - Respondí sin mirarlo directamente a los ojos.
- Es sólo una niña, a saber qué locura puede cometer.
- Ella es más que una niña. Sabe lo que hace.
- No deja de tener 8 años. Y el dolor no es un buen aliado en estos casos. - Me toma de la barbilla obligándome a mirarlo. - Te necesita.
- Pero…
- Nada de peros. Está asustada, perdida, enfadada y claro que triste también. Su persona favorita del mundo está en un hospital a kilómetros de aquí, no es tonta, tal vez no vuelva a verlo nunca y sin él está… sola.
- Lo sé. - Suspiro rendida. - ¿Y yo que debo hacer? Ahora mismo me odia…
- Shh, claro que no. Ella no te odia, sabe que esto no es culpa tuya. Pero será tu culpa no estar con ella cuando más te necesita. - Me pone frente a él agarrándome de los hombros antes de hablar. - Vane, - Dice serio. - esta es su casa ahora, nosotros somos su familia, tú eres como una madre para ellos. Vé y deja de ser tan cerca por una vez en tu vida. Sino lo haces por mí o por tí, hazlo por ella, te aseguro que te lo agradecerá.

Me tomo unos momentos para intentar recomponerme y asentar la angustia que siento, no quería que ella me viese mal.

- Acompáñame. - Pido. - Por favor.
- Por supuesto. - Responde con una sonrisa.

Caminamos juntos siguiendo el eco de los gritos de Ana y Lola que hacían eco en los pasillos.
Nuestros pasos inconscientes nos llevaron a una de las salas de sonido dónde Ana intentaba calmar a Lola en vano.

Nada más poner un pie en la puerta llevó su vista hacia mí. Su mirada seguía herida, pero en sus ojos se leía la incertidumbre y era lo que más le dolía, el no saber.

Simplemente hablé alzando la voz por encima de la de ellas sin moverme un centímetro y firme, al menos en apariencia.

- Coge tus cosas. - Ordeno atrayendo todas las miradas a mí. - Nos vamos a Málaga. - Afirmé con mi acento del Sur.

La cara de Ana era un poema, Melen aunque estaba sorprendido sabía llevarlo bien, y por último Lola, su cara era de sorpresa absoluta, pero a la vez de emoción, de felicidad. No dudó un segundo en ponerse en pie y salir corriendo, pero esta vez no fue seguida por nadie, esta vez sabíamos que volvería.

- Vane, ¿estás segura? - Pregunta Ana.
- Sí. Saca dos pasajes para el primer vuelo con destino a Málaga. - Le digo.
- Que sean tres.

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Nuevo single.
Y pronto nuevo capítulo.

Segunda oportunidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora