Disparos
Dani Fernández
Narra Vanesa
- Mira Luis, ella es Vanesa, la cantante sabes. Y él Melendi, también lo conoces. - Nos presentó efusivamente. - Vamos, vamos. - Nos alentó a avanzar.
- Encantado. - Dijo Melen a un lado de la cama, soltando mi mano. - Quiero darle la enhorabuena, tiene usted una hija maravillosa.
- El mérito no es sólo mío. - Respondió mirando a Lola que sonreía orgullosa.
Yo seguía estática en el sitio, sin hablar y con la mirada clavada en aquella camilla que ocupaba aquel buen y carismático hombre. Sentía mi labio inferior temblar y no podía hacer nada por evitarlo. Joder, no estaba preparada para ser yo quién jodiese la felicidad de estas personas ahora.
- Acércate, deja que te vea más de cerca. - Dijo Luis.
Mis pasos eran pesados, desganados, no por acercarme a él, de hecho tenía muchas ganas de conocerlo en profundidad, sino por las circunstancias en que lo hacía.
Es que no sé cómo Melen está tan tranquilo sabiendo que su vida está en constante cuenta atrás.
- Encantada. - Pronuncié extendiendo mi mano hacia él.
La mañana pasó rápido, al menos para algunos. Melen y yo nos sentamos en un sillón que había en la sala mientras Lola le contaba todo lo que había hecho estos días. Hablaban de muchas cosas, diversos temas que podrías resumir en la vida en general. Y de vez en cuando notaba su mirada clavada en mí, en nosotros. Normalmente la mantengo, más esta ocasión fue la excepción. Cada vez que él nos miraba no sabía qué hacer, quería irme, coger un vuelo y huir, pero no, no podía. No sin ellos.
- Se hace tarde, creo que deberíamos almorzar. - Interrumpió Melen.
- Por supuesto, deberíais salir a tomar algo. Yo no me moveré de aquí. - Respondió Luis con humor.
Pero Lola no estaba muy de acuerdo, de hecho, iba a negarse rotundamente, si no fuese porque Melen propuso una alternativa.
- No, no necesariamente. Justo a la salida hay una cafetería, cojo unos bocadillos y listo.
- Vale. Te acompaño. - Exclamó Lola tomando la mano de Melendi con confianza.
Y sin darme tiempo a decir o hacer ellos ya salían por la puerta, dejándome a solas con aquél hombre. Y no, no estaba incómoda, tampoco asustada, era una mezcla de sentimientos raros que no sabía manejar.
Sólo podía pensar que este era el mejor momento para comunicarle "eso". No podría con Lola delante y tal vez sea mejor que él mismo se lo diga. Así que siendo muy egoísta, lo admito, me levanté, con las manos sudorosas y sin dejar de temblar, y me acerqué finalmente a él.
Que al parecer ya me esperaba.
- Relájate chiquilla, no es bueno acumular tanto nervio en el cuerpo. - Dijo tocando mi brazo en un intento por calmarme.
- Yo… tengo algo, algo que decirle… - Buscaba las mejores palabras, pero esta vez ningunas me convencían. - Siento de…
- Lo sé.
- No, no… espere, es importante… lo que…
- ¿Esperar? Me estás pidiendo un imposible.
- De verdad… escuche - Decía como podía mientras él sólo interrumpía.
- No necesito que me digas lo que ya sé.
- ¿Lo que qué? - Pregunté blanca como el papel.
- Sí. Tú lo sabes, yo, y supongo que tu amigo también. - Mi cara era un poema, mientras él sólo seguía hablando. - Luché, batallé, y perdí la guerra, no soy tonto, sólo mira a tu alrededor, mírame, para no verlo debes no querer hacerlo. Esto es lo fácil, la muerte es eso, se terminó.
- No diga… Yo … yo lo siento, de v - Y nuevamente me interrumpió.
- Seré claro, no estoy aquí contigo para hablar de mi desgraciada y temprana muerte, no. En cualquier momento llegarán y esta tal vez sea la última oportunidad que tendré de contártelo.
- ¿Contarme el qué?
- Toma asiento. - Dijo señalando una silla que había en la esquina.
Sentía que era importante, desde que entré había algo que me tenía intrigada, esas miradas, sus gestos, no sé, sólo sé que había algo. Y estaba a punto de descubrirlo.
Agarré de un tirón la silla y la llevé hasta un lado de la cama, cerca pero no lo suficientemente como para incomodar. Me senté y esperé, impaciente, a que empezara a hablar.
- Déjame que empiece refrescándote la memoria. - Se hizo el silencio durante unos segundos que me parecieron horas. - ¿Qué sabes del accidente?
- De… - Temblaba tanto que casi no podía pronunciar palabra.
- Sí.
- Bueno. - Aclaré mi garganta e hice memoria. Reproduciendo una por una las palabras de aquel médico.
- Y si te digo que no se trata de un ladrón ni un delincuente del momento. Sino de alguien más cercano, alguien que tú y yo conocemos muy bien. - Esperaba que dijera algo, pero yo seguía expectante, impaciente por saber, pero aterrada al mismo tiempo. - No te lo tomes como algo personal si te digo que era Helena quién conducía ese coche.
- No…
- Sí.
Después de tanto. Tanto tiempo.
Dicen que todo lo bueno es devuelto, que al lugar donde fuiste feliz siempre regresarás. Pero ¿qué hay de esos malos tragos? Qué pasa cuando historias que veías de lejos, aparentemente superadas, y que por mucho que tú quieras no habían llegado a su final, para mí desgracia.
Lo había negado, pero la verdad siempre encuentra la manera de romperte los esquemas que creaste según tus propias "mentiras". Sólo fue un punto y aparte.
Un hasta luego.
Nos veremos con más fuerza.
Y no podía parar de pensar, reviviendo los malos momentos y preguntándome de qué la conocería este hombre. Tal vez fue otra víctima de ella, o un daño colateral como solía decir.
¿Pero por qué ahora?
Después de tanto tiempo.
- Me gustaría darte más tiempo para procesarlo, pero no lo tenemos. Necesito ir a lo importante.
- Decía, no sin esfuerzo al hablar. - A aquel 2 de noviembre hace ya 8 años…
Temblaba no podía evitarlo, todo lo que por tanto tiempo intenté olvidar volvía, de cara, sin anestesia previa, me había ostiado terriblemente.
.
.
.
Tengo mil cosas por hacer, pero el próximo capítulo lo subiré pronto.
Lo prometo 💜
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Segunda oportunidad
AcakVanesa Martín está en el mejor momento de su carrera musical. Para ella todo está bien hasta que La Voz kids trae a ella su pasado, y tira todos sus planes y esquemas al suelo. "¿Acaso existía un anhelo humano más triste -o más intenso- que desear u...
