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Capítulo 59

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Mejor de lo que contaste
Vanesa Martín

Narra Vanesa

Desayunamos hablando de todo y de nada a la vez. En ningún momento mencionamos algo de lo que estuvo a punto de ocurrir anoche, no sé si sólo yo lo evitaba a toda costa, pero lo importante es que todo quedó en algo que no sé nombrar, tampoco podría describirlo, lo que sí sé es que algo en mí estaba tranquilo al saber que nada pasó.

Puede que sí me pasara con el vino, y aunque eso no sea excusa, mi dolor de cabeza lo confirmaba.

Narra Melendi

Colgó y otra vez me sentía perdido, con Lola a mi lado profundamente dormida, y aún así me sentía en el punto de partida. Me acosté a su lado y por más que lo intenté no pude dormir, miles de pensamientos rondaban mi cabeza y conforme el amanecer se acercaba estos se hacían más locos e indeseables.

Descansaba a su lado, pendiente de ella en todo momento, pero con el corazón dividido entre dos tierras, y ambas me llevaban a una sola persona.

Desperté sin haber dormido y dediqué parte de la mañana a mi trabajo mientras la niña descansaba un poco más. Le tomé la temperatura un par de veces y me alegré al saber que parecía que todo estaba bien.

Gracias Marcos, una vez más.

Cociné lo que venía siendo mi especialidad estos días, pasta. Un plato sencillo y exquisito, con el que me ahorraba miles de problemas.

Le propuse salir a dar una vuelta, pero se negó alegando que quería descansar un poco más. Así pasó la tarde y también su rara enfermedad.

Trabajaba concentrado en mi ordenador, escuchando la melodía de su guitarra de fondo, y sonidos procedentes del jardín. De vez en cuando miraba de soslayo la ventana y mis ganas de salir iban en aumento, pero no, tenía responsabilidades, y con eso me refiero a que tenía mucho trabajo. Tanto que no me acordé de la cena.

Busqué en las diferentes taquillas, pero no encontré nada que me convenciera, por lo que pensé salir a comprar, tal vez con ella.

Subí siguiendo la melodía que seguía sonando al otro lado de la puerta, dónde me detuve a escuchar un poco más. Ese acompañamiento instrumental y su voz suave cantando "No importa la distancia". Pasé y le hice un gesto para que siguiese, yo cerré los ojos y me senté a su lado a escuchar su voz, que se hacía tan pequeñita al tenerme cerca...

Volví a mirarla, detallándola más a fondo, dando rienda suelta a mis pensamientos e imaginación, pero me detuve. Me detuve, dejé de mirarla a ella para prestar total atención a sus dedos, las cuerdas que estos tocaban, el instrumento apoyado en su regazo, aún así sujeto a ella por la correa. Me detuve y todo en mí se detuvo, porque era la primera vez que lo veía, la primera vez en mucho tiempo.

Y la detuve.

- ¿Se puede saber de dónde la has sacado? - Interrumpí sin mirarla, no podía apartar la vista.
- Ehh, es mía. - Contestó aferrándola más fuerte. - Me la dio Luis, fue un regalo.
- ¿De Luis? - Pregunté incrédulo, mirándola de nuevo.
- Más o menos.
- ¿Puedo? - Sonó más una orden que a una pregunta y mis brazos extendidos tampoco se hacían de esperar.
- Toma. - Dijo tras tomarse su tiempo para sacarse la correa, que fue lo primero que miré.

Era de cuero cubierta por una especie de pelo burdeos que la hacía mucho más suave y aportaba un color granate muy característico. Con un hilo dorado en los bordes y en uno de los extremos con caligrafía fina y pequeña, muy pequeña, en el mismo tono dorado estaba escrito: LMM.

Dejé la correa tan rápido como la había tomado y empecé a detallar el instrumento en sí, la madera de diferentes tonos, con tallados en el cuerpo, un pentagrama con algunas notas, para darle un toque más especial al instrumento, junto a otros decorados.

Y por último la levanté, buscando la luz para mirar a través de la boca la parte de dentro del instrumento, dónde estaba la etiqueta, concretamente en unos de los lados, había un infinito casi tan fino como las letras doradas y en negro, pero lo realmente complicado era ver las minúsculas palabras que se diferenciaban en su trazado: mamá y papá.

Narra Vanesa

- ¿¡Si has venido!? - Gritó haciéndose la sorprendía y saludándome con un cálido abrazo.
- ¿Tenía otra opción? - Respondí abrazándola fuerte también.
- Ehhh, no. - Dijo tras fingir que lo pensaba. - Pasa, las niñas están esperándote, tenían ganas de verte.
- ¡Y yo! - Respondí emocionada. - ¡Estrella!

Mis "sobrinas" me recibieron muy efusivamente, con abrazos y besos, buscando el sitio al lado de la tita Vane para ponerme al día de todo lo que había pasado en sus cortas vidas.

El tiempo voló durante la cena y cuando nos fuimos a dar cuenta las niñas estaban dormidas en el sillón, por lo que Francis se ofreció a acostarlas y así retirarse él y que nosotras pudiéramos hablar más íntimamente.

- Me dijo Ana que tuviste que ir a Málaga de imprevisto. - Empezó cogiendo su copa para trasladarnos al salón.
- Sí... - Respondí siguiéndola. - Supongo que te habrá contado.
- Algo, pero me gustaría saberlo por tí.
- Verás...

Y relaté con lujo de detalles, eso sí, omitiendo ciertas partes que podrán causarme problemas, todo lo que pasó esos días. Tomando tragos de vino de vez en cuando y bajo su atenta mirada, pero casi sin ninguna interrupción.

- ¿Y eso es todo? - Preguntó tras un breve silencio.

Segunda oportunidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora