—Papi, ¿cómo supiste que querías ser cantante?
—Era algo que sabía desde pequeño, Alejandro. Pero no siempre es así. Hay gente que lo descubre de mayor.
—Yo no sé.
—No pasa nada. Aún tienes tiempo para descubrirlo.
—¿Y con mamá pasó igual? ¿También supiste que la querías desde pequeño?
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(Alejandro)
Ver a Laura esperándome allí había sido el mejor regalo que habría podido desear en mi vida. Mil veces mejor que ganar Eurovisión, sin duda.
En ocasiones aún la miraba y me sorprendía, como si fuera una aparición. Como si lo que había soñado tantas veces por fin se hubiera hecho realidad. Y otras se me ponía cara de tonto solo de pensar en que iba a verla esa tarde.
—Tío, es que eres muy pesado con esa sonrisa estúpida. Corta ya, ¿no?
Así es como sabía lo de la cara de tonto, porque Helga seguía encontrando cualquier motivo para reírse de mí. Claro que desde que había recuperado a Laura hasta eso me daba igual... Y la ausencia de sus puyas ahora incluso me producía una punzada de dolor.
—¿Álex? ¿Todo bien? —me llamó Laura, tocándome el hombro.
Volví al presente, y este fue uno de esos momentos en los que agradecí tenerla junto a mí. Estaba radiante, con los ojos llenos de luz y el gesto tranquilo, como nunca la había visto. Eso suavizó un poco mi preocupación.
Laura volvió a apretarme el hombro, probablemente esperando una respuesta. Entonces sacudí la cabeza para despejarme. Aún estaba asimilando todo lo que había pasado en tan poco tiempo.
—Creo que necesito un descanso —le pedí, dejando la guitarra a un lado y poniéndome en pie. Ella me siguió rápidamente, tomándome de la mano y acercándose de frente.
Tenerla a esa distancia tuvo un efecto inmediato en mí. Se me aceleró el corazón y abrí mucho los ojos. Ella debió de darse cuenta de alguna forma, porque también se sonrojó. Me lanzó una sonrisa pícara y se acercó a darme un beso... que terminó en la mejilla.
Ouch. Mi corazón acelerado sintió una punzada de decepción justo en el momento en el que mis ojos se cruzaban con los suyos, traviesos. Puse los míos en blanco, y su sonrisa se acentuó. No tardó en volver a acercarse... y esta vez pude sentir sus labios sobre los míos, dulces y suaves, cariñosos y también un poco curiosos.
Saboreé el momento, y deseé con todas mis fuerzas nunca acostumbrarme a ellos. Cada vez me gustaba más esta Laura, desinhibida, preparada para asumir riesgos. Liberada. Pero que necesitaba sus tiempos.
Por eso, cuando el beso empezó a subir de intensidad, hice acopio de todas mis fuerzas para separarla con cuidado. Mis manos pronto empezarían a buscar su cuerpo, y ese era el momento en el que podía bloquearse, como ya nos había pasado otras veces.
Estaba haciendo grandes avances, pero los cambios no suceden de la noche a la mañana, y algunos aún le iban a costar.
Laura lanzó un suspiro y guio la mano que aún me tenía cogida hacia su cintura. Luego se apoyó en mi pecho poco a poco, todavía tratando de calmar su respiración.
—Gracias —murmuró.
Con la mano libre le acaricié el pelo, mientras yo también trataba de calmarme. Ella aprovechó para, lentamente, echar los brazos por mi cintura y apretarme con fuerza. En ese momento sentí que el peso que sentía desde la partida de Helga se suavizaba un poco. Yo también le pasé el brazo por los hombros y la apreté con fuerza unos instantes, hasta que ella se separó al poco, con los ojos brillantes.
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Una voz compartida
FanfictionAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
