—Emmita, ¿qué haces?
—Nada.
—¿Cómo que nada? ¡Pero si te he escuchado!
—¡Pues razón de más! Si a ti no te gusta la música, ¿no, Helga?
—¡No! Pero... pero... Esa canción no la había oído nunca. ¿Es tuya?
—No, Helga. Ya basta.
—¡A mí no me engañas!
—Ni tú a mí. ¿O quieres que le diga a papá y mamá que escuchas música? ¿Eh?
—¿Y tú? ¿Tú quieres que yo le diga que estás componiendo? Porque no lo saben, ¿a que no?
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Al ver a mamá allí me llevé uno de los mayores sustos de mi vida. Helga se había girado después y pude ver su rostro demudado.
—A la cocina los tres ahora mismo.
Ninguno se atrevió a contradecirla, y salimos corriendo como alma que lleva el diablo, con cuidado de no mirar a mamá a la cara.
David parecía el más calmado de los tres, pero la leve agitación de su respiración le delataba. ¿Qué iba a pasar ahora?
Estaba claro que papá sospechaba algo, y también sabía que apenas unos días antes David se lo había confesado todo a Alejandro, cuando lo había abordado. Pero parecía que él estaba de nuestra parte, porque había seguido como si nada.
Y ahora...
Ahora todo pendía de un hilo.
Lo único positivo que podía sacarle a la situación era que se acabaría nuestro problema con la canción de esa semana: quizás ya no habría canción que cantar.
—Huy, ¿y esas caras? —había preguntado papá al vernos aparecer.
Yo le lancé una sonrisa nerviosa, pero Helga no se contuvo, por supuesto.
—Pregúntaselo a mamá. Seguro que está deseando contártelo...
Papá apoyó las manos sobre la isla de la cocina, mirándola de soslayo.
—Es que si sois tan evidentes...
No fui consciente de que se me había abierto la boca hasta que miré a Helga y vi que ella estaba literalmente igual.
Mamá apareció en ese momento, como si tuviera todo el tiempo del mundo en sus manos.
—Alfred, ¿puedes meter el pollo en el horno, para que no se enfríe? —le preguntó a papá, fingiendo un tono despreocupado.
Después se sentó a la mesa y nos indicó con un gesto que todos hiciéramos lo mismo. Tuve que recordarles a mis músculos cómo se andaba de lo rígidos que estaban. Hasta podía notar la tensión de Alejandro...
Papá fue el último en sentarse.
—Cariño...
—No empieces, Alfred. No sé si estoy más molesta con ellos o contigo... —le cortó mamá.
—¿Conmigo?
—¿Molesta?
Ni el tono jocoso de papá ni el esperanzado de Helga se nos pasaron por alto.
Mamá levantó una mano.
—No estoy enfadada..., todavía —puntualizó—. Aunque tendría derecho, ¿sabéis? Porque esto no es jugar limpio.
Mamá acabó de manera tan categórica que a papá se le escapó una risa.
—Perdón... Perdón.
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Una voz compartida
FanficAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
