80(bis). Nuestras voces compartidas. Parte 1

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Parte 1. Para empezar diré que es el final...

(Amaia)

Habíamos llegado al día de los premios sin darnos cuenta, y ahora íbamos en tren de camino al aeropuerto de Barajas para recibir a Helga.

Pero la escena me parecía surrealista. Habíamos esperado hasta saber cuándo y cómo iba a llegar Helga para adaptar nuestros planes y poder recibirla directamente en el aeropuerto. Nuestras cosas ya estaban en el hotel donde nos prepararíamos; solamente faltábamos nosotros.

Para ser sincera, había temido la reacción de Helga cuando le contamos que iríamos a por ella para llegar juntos al hotel, pero tenía que reconocer que me había sorprendido.

—De acuerdo, se lo diré a mi equipo. Como estaré con vosotros, no hará falta que me acompañe tanta gente —se había limitado a decir, pensativa.

Alfred y yo habíamos intercambiado una mirada incrédula. La verdad era que en las últimas semanas habíamos notado un cambio en nuestra hija, y eso hacía que deseara recibirla con más ganas. Quizás querría quedarse con nosotros.

—Ojalá, cuquita —había coincidido Alfred—, pero ahora tiene un futuro prometedor por delante, y parece que se está defendiendo bien... Habrá que ver cómo viene —había concluido.

No me había quedado más remedio que aceptar que llevaba razón. A nuestros hijos no les faltaría nuestro apoyo, pero no nos interpondríamos en su camino.

Miré a Emma, que observaba el paisaje sumida en sus pensamientos, y me acerqué a ella para tocarle la pierna. Emma me sonrió.

—He quedado con Noah en el bar del hotel antes de irnos a la gala —nos avisó—. Pero os despediré cuando salgáis a la alfombra roja.

Asentí, recordando que Noah era uno de los representantes de Eurovisión que estaba nominado en otra de las categorías, que no recordaba.

Aún me dolía que no hubiera querido unirse a la familia en la alfombra roja, pero de nuevo..., era su decisión, ¿no? Al menos estaría allí a nuestro lado durante la gala, y podría mirarla cuando la mencionara en mi discurso...

Discurso que debería estar revisando en ese momento. Estas cosas nunca se me darían bien.

Alfred se removió incómodo en el asiento a mi lado, pero sabía que no era por nuestros acompañantes, sino por el plan que estaba en marcha.

En los asientos al otro lado del pasillo iban Álex y Laura, junto con David. Era la primera vez que viajaba con gente ajena a nuestra familia, lo cual me dejaba más inquieta que a Alfred, que lo había hecho con más frecuencia.

Cuando el hecho de que aún faltaban dos personas se coló en mis pensamientos, noté cómo se me aceleraba el corazón. Era la primera vez que lo pensaba, y eso me puso nerviosa. Volví a mirar a Emma, que se había mantenido muy reservada después de haber dejado a Lucas. Hasta donde sabíamos, aún no había contactado con Chris, lo cual no dejaba de desconcertarnos un poco, pero no habíamos querido entrometernos. Ahora empezaba a dudar de que el muchacho fuera a reunirse con nosotros alguna vez.

El carraspeo de Alfred a mi lado me hizo recordar mi discurso. Álex y David estaban comentando algo, pero la tensión de David se podía notar desde mi asiento. Sabía que nuestro hijo había sacado el tema de conversación para distraerlos y relajar los ánimos. Me fijé en Laura, que lo miraba casi con adoración en los ojos. Su mirada, y hasta su postura, eran mucho más definidas ahora, y se la veía a gusto cerca de Álex. Incluso se había atrevido a viajar sin su hermana: deseé sinceramente que triunfara esta noche, y no solo en los premios, sino en su primera aparición pública. Se lo merecía después de todo.

Recorrí a mis hijos con la mirada, para terminar posándola en Alfred: no siempre había sido fácil compaginar el cuidado de nuestra familia con mi carrera artística, pero me había traído hasta aquí. Recordé a aquella muchacha despreocupada que había ganado OT, los inicios de mi relación con Alfred, y todo lo que había seguido después. Pasando por su accidente, la recuperación, y la vida que habíamos comenzado juntos... con todos sus altibajos, errores y triunfos. Siempre habíamos salido al paso, y seguíamos queriéndonos.

Busqué su mano y se la apreté con fuerza: esperaba seguir cantando y enseñando música durante muchos más años, pero sobre todo esperaba vivir todo eso junto a él, viendo a nuestros hijos cumplir sus sueños.

Alfred me devolvió el apretón y me dedicó su sonrisa más sincera, aquella que tenía solo para mí. Un 'te quiero' infinito, las notas de nuestros nombres en el teclado, los 'juegos' hasta el amanecer.

Y en ese momento me sentí en paz.

Llegamos a nuestro destino, y Alfred se levantó como un resorte sin soltarme de la mano.

—¿Preparados? —nos preguntó, paseando su mirada por todos los presentes.

Contigo, Alfred, hoy y siempre.

Una voz compartidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora