30. Vértigo

872 87 189
                                        

—Papi, papi, mira.

—¿Qué, baby?

—Soy como Gloria en el concierto.

—¡Bravo, Helga! ¡Pero qué bien lo haces! Vas a ser una batería impresionante.

—¿Sí? ¿De verdad? ¿Pero cuántos años me quedan?

—Pues a ver... Si tienes seis..., por lo menos diez.

—Jo, papi, ¡pero eso es mucho! ¡Yo quiero ir ya! ¿A que ya toco bien la batería?

—Sí, muy bien. Pero imagínate que nos vamos a Latinoamérica tres meses, ¡eso es mucho tiempo! ¿Qué harías sin mamá tanto tiempo?

—¡Mamá se vendría con nosotros! ¡Y Emma y Álex! Pero papi..., ¿dónde está Latidomédica?

—¿Latinoamérica? Está muy lejos, Helguita...

—¿Pero me llevarás algún día, papi?

—Claro, si vamos de concierto, será como una aventura.

—Sí, ¡yo quiero "ir de aventuras" contigo, papi!

__________________________________________________

(Helga)

Mierda, papá me había encontrado. Lancé un bufido cuando escuché su voz, a pesar de que Stefi estaba intentando entretenerlo en la puerta. Tenía mis dudas de que mamá también fuera a venir con él, pero parecía que no lo había hecho.

Dejé escapar una queja interior por mi mala suerte: había acabado en casa de Stefi después de la pelea con mamá, porque me parecía que había menos opciones de que me encontraran que en casa de Víctor. Pero mi amigo debía de haberse ido de la lengua, a pesar de que le había pedido por favor que no lo hiciera.

En el fondo, sentía que no me podía enfadar con él: tampoco es que se pudiera hacer mucho cuando papá se ponía en modo intenso... Pero mi única esperanza de poder escaparme se acababa de esfumar.

Después de salir corriendo de casa, había llamado a Esteban, que me había recogido en el teatro. Todavía no estaba muy lejos, así que había vuelto a por mí y había tratado de convencerme de que me quedara en su casa, pero no me sentía cómoda con la idea, sobre todo si no estaban mis amigos. Así que al final había accedido a llevarme con Stefi. A continuación había tratado de quedarse con nosotras, pero mi amiga había logrado que se marchara.

Hell solo va a dormir el resto del día —le insistió, empujándole hacia la puerta. Era verdad: tenía una jaqueca que apenas podía sostener la cabeza—. Ya te avisaremos cuando decidamos qué hacer.

Por suerte, ni siquiera Esteban se oponía a lo que Stefi dictaba, así que al final nos habíamos quedado las dos solas. Mi amiga me había dado algunos remedios y me había metido en la cama, donde había dormido un buen rato..., hasta que papá me había encontrado. Ahora me arrepentía de no haberle hecho caso a Esteban.

—Helga no está aquí —escuché a mi amiga, seca.

—No me vengas con tonterías. Por supuesto que está aquí. Así que, o me dejas pasar a por ella por las buenas, o llamaré a la policía. Seguro que no quieres que te inspeccionen la casa, ¿verdad?

No me hizo falta escuchar más. No es que tuviera muchas esperanzas, de todas formas. Y, sobre todo, no quería que mi amiga se metiera en problemas. Su piso no era muy grande, y yo no dudaba de ella, pero...

Me puse en pie como buenamente pude y me dirigí hacia la puerta, tratando de aparentar dignidad. Maldita borrachera. ¿Es que no había tenido suficiente con las veces anteriores? Mi corazón se resintió un poquito cuando recordé las imágenes que se estaban difundiendo por las redes sociales en ese momento. Encima mamá pensaba que...

Una voz compartidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora