—Ay, Alfred, ¿crees que le irá bien a Emma?
—Claro, cuquita. ¿Por qué no iba a ser así? Seguro que se divierte mucho. Solo es su primer día de cole, no la estamos mandando a la guerra.
—Pero... Ya sabes que a veces se bloquea cuando conoce a gente nueva. ¿No es demasiado pequeña todavía?
—Amaix, no querrás que la dejemos sin escolarizar, ¿no? Además, la timidez se supera enfrentándola, aunque le cueste un poco al principio.
—Lo sé, pero no deja de ser nuestra bebé.
—Pues este es solo el comienzo, porque después viene Alejandro, y el futuro hermanito o hermanita.
—No sé si esto se me da bien, Alfred... ¿Cómo sabemos que estamos haciendo lo correcto?
—No sé si podremos saberlo, pero intentaremos hacerlo lo mejor posible.
—Ay, ruru. Tengo muchas ganas de que puedan empezar a tomar sus decisiones, para no tener que hacerlo por ellos. Pero, por otro lado, me da tanto miedo... Y ahora, ¡otro más!
—Ya lo afrontaremos cuando llegue el momento, cuquita. Y será maravilloso.
—No sé...
—Lo será, Amaia, porque lo haremos juntos.
__________________________________________________
(Alfred)
El día que los vi venir a los dos tan juntitos me di cuenta de lo mucho que habían crecido. Emma era ya toda una señorita de quince años y Alejandro, con doce, estaba a las puertas de la adolescencia, aunque todavía no dejara de ser un niño. ¿En qué momento había volado el tiempo de aquella manera?
Ambos traían aquella mirada pillina a la vez que soñadora. Seguro que la habían heredado de su madre. No pude evitar un suspiro de satisfacción.
—Papá, Emma y yo estábamos viendo los vídeos de vuestras actuaciones en OT —me avanzó Alejandro, con voz insegura.
—Y, cuando hemos llegado a Amar Pelos Dois...
—Mi canción...
—Se nos ha ocurrido una idea.
Alterné la cabeza de uno a otro como en un partido de tenis. Los dos se lanzaron una mirada, como para reafirmarse. Aquí venía.
—¡Queremos hacer un disco de versiones! —gritaron ambos al unísono.
Y después..., el silencio.
Reconozco que tardé un poco en reaccionar.
—¿Versiones de qué? —pregunté, estupefacto.
—Pues de canciones, papi. ¿De qué va a ser? —se rio Emma, con voz ligera, aprovechando para sentarse en una de mis rodillas y echarme un brazo por los hombros.
—Como tú cuando tenías nuestra edad, papá —me recordó Alejandro.
"Ay, hijo. Si yo te contara...", pensé para mis adentros.
Veía las chispas de emoción en los ojos de ambos. Pero, aunque les pareciera fácil porque habían crecido los dos rodeados de música por todos lados, este mundo no lo era. No era un juego de niños. Y había que ser consciente de lo que se hacía, porque lo contrario sería jugar con las ilusiones y aspiraciones de mucha gente, como, por desgracia, pasaba a menudo.
—Pero, un momento. ¿Esto es una idea pasajera? ¿Uno de vuestros juegos, que se os olvidará en unas semanas? —les pregunté, un poco tajante.
ESTÁS LEYENDO
Una voz compartida
FanfictionAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
