79. Murallas

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—¿Por qué dices eso, Helga? Mamá volvió con papá.

—Claro que no, tonto. Fue porque papá tuvo un accidente.

—No me hables así, que soy mayor que tú.

—¡Pero es que nunca te enteras de nada! Mamá no habría vuelto sin el accidente. Ni papá tampoco.

—¿Y qué tiene de malo? El accidente los volvió a unir.

—¿Acaso tú crees que se querían, si estaban separados, Álex?

—A veces los mayores son los tontos, Helga.

—Entonces yo no seré tonta.

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(Helga)

Yo le esperé. Hasta el último momento. Pero él no quiso venir.

¿Qué me quedaba sino marcharme?

Con la música, que me había recibido de vuelta entre sus brazos, que quizás no me había abandonado nunca. Y con Matt, que siempre había estado ahí para mí.

Aunque eso duró poco. Solo hasta que la discográfica decidió prescindir de él. Igual que Silvia había decidido prescindir de mí, aparentemente. Qué cosa, ¿no? Después de todo lo que había confiado, de haberme abierto con ella como casi con nadie más. Y ahora, desde que vine a LA, apenas respondía a mis mensajes o se preocupaba por mí. Esa había sido mi primera lección aprendida: éramos usados, y después tirados cuando ya no servíamos más... O cuando habíamos cumplido el objetivo para el que nos necesitaban, como Matt. Aunque a él le estaba costando un poco más aprender su lección.

Apenas unas horas antes le habían comunicado que le tocaba volverse a España, donde se encontraba su principal mercado. Ya había grabado las dos canciones de prueba que aparecían en su contrato inicial, así que teóricamente no tenían más compromiso con él. Claro que a Matt no le habían dicho eso, sino que esas dos canciones eran la puerta al disco entero. Un disco que, al parecer, ya no les interesaba, porque en el fondo Matt no tenía, y nunca tendría, madera de estrella internacional. Aunque eso también se lo pusieron con otras palabras, al más puro estilo americano.

—Quizás si tú los convences... Harán lo que tú les pidas —me rogó el día en el que le dieron la noticia. Tenía aquel brillo febril en la mirada del que sabe que lo está perdiendo todo—. A lo mejor les puedes decir que estamos pensando en otra colaboración...

Estaba acurrucada en el sofá de mi apartamento, con una sudadera cuyo origen había relegado al lugar más profundo de mi memoria. Aún me reprochaba haberla metido en la maleta, pero ahí seguía, pegada a mi piel cada vez que...

—Helga.

Matt interrumpió aquel pensamiento, y casi tuve que contener un suspiro de puro alivio. Volví la mirada hacia él, haciendo un esfuerzo para sostenérsela. Por más que lo intentaba, su desesperación se chocaba con el muro impenetrable de mi indiferencia.

En ese momento comprendí que él siempre había estado para mí, pero, al igual que con la discográfica, él ya había cumplido su objetivo en mi vida... y ahora estaba preparada para seguir adelante sola. Contuve un estremecimiento: quizás estaba donde debía estar, rodeada de gente de mi calaña.

—¿Para qué, Matt? En el single anterior aún estábamos bajo el impacto de nuestras apariciones en SingTubers y encima este aún no es nuestro mercado, así que dudo que sirviera de algo. —Podría haberme quedado ahí. Pero no, continué, sin piedad, sin remordimiento, indolente—. Además, tenemos estilos demasiado diferentes. Mi próximo disco no tendrá nada que ver con...

Una voz compartidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora