—Papi..., ¿cómo es Los Ángeles?
—Princesa, ya me lo has preguntado muchas veces.
—Ya, pero quiero escucharlo otra vez.
—¿Sí? ¿Por qué?
—Para no olvidarme de lo importante.
—¿De verdad? Pues... ya sabes que Los Ángeles es la ciudad de las estrellas. Una ciudad deslumbrante...
—Pero vacía.
—Claro, porque no son las luces de casa. En realidad no son estrellas, sino...
—Fuegos artificiales.
—Eso es. Ojalá no se os olvide nunca, princesa. Ni a ti ni a tus hermanos.
__________________________________________________
(Alfred)
Amaia y yo habíamos pasado un día que... ni en nuestros mejores sueños. Pero todo había tenido que torcerse. Ya era preocupante cuando Alejandro nos dijo que Helga se había marchado sin permiso, pero entonces habíamos recibido una videollamada de Emma, que era importante que atendiéramos.
Comprendí que todo se había ido a la mierda cuando Amaia apareció con aquel papel entre las manos y el rostro demacrado. ¿Por qué nuestro día de ensueño tenía que terminar de aquella manera? Le di un apretón a Amaia, con una sonrisa, y ella intentó cambiar el gesto. Me tendió el papel, pero yo no le dediqué ni una mirada. Ahora teníamos que estar para Emma, que probablemente también nos necesitaba...
... Porque estaba total e irremediablemente perdida. Me había hecho falta mirarla dos segundos de nuestra videollamada para comprobarlo: sus ojos cobraban un brillo distinto cuando hablaba de Chris, a pesar de ese punto de tristeza que los acompañaba.
—El vídeo es una pasada, Emma. Pero ha sido toda una sorpresa —le comenté, después de los saludos pertinentes. A mi lado, Amaia estaba rígida a causa de la tensión—. El chico que sale contigo nos dijiste que se llama Chris, ¿verdad?
—Sí...
—Me gusta mucho cómo canta. Espero conocerle en persona. Seguro que será interesante hablar de música con él —le comenté, tratando de que no nos notase la preocupación.
Y debió de hacer efecto, porque vimos como nuestra hija se ruborizaba. Amaia y yo intercambiamos una mirada, y parece que ella entró un poco más en la videollamada.
—Bueno... Ya veremos. ¿Y qué tal va todo por casa? —quiso saber nuestra hija, cambiando de tema—. ¿Alejandro, Helguita...?
El pánico me invadió por unos segundos. ¿Qué era mejor hacer? No podía ignorar a Amaia a mi lado, ni quería mentirle a Emma. Pero, realmente, ¿en qué punto estábamos?
—Estamos todos muy bien, Emma. Te echamos de menos —saltó entonces Amaia. Tuve que hacer grandes esfuerzos para que no se me notara la sorpresa—. Lucas también.
¿Perdona? ¿A qué había venido eso?
Me giré bruscamente para mirar a Amaia, que tenía la mirada perdida. Se formó un silencio incómodo entre los tres.
—Eh... Yo también os echo mucho de menos —comentó Emma, al cabo de unos segundos—. Y a Lucas. Hablo con él a menudo —añadió.
Ahí estaba. Si es que teníamos una hija que no nos la merecíamos. Amaia y yo volvimos a mirarnos, y no supe interpretar si en sus ojos había desconcierto, extrañeza, o incluso alivio. No sé qué esperaba, la verdad.
—Volviendo al vídeo, Emma, —traté de reconducir la conversación hacia otros derroteros. Más valía dejar ciertos temas—, tenían permiso para subirlo, ¿verdad?
ESTÁS LEYENDO
Una voz compartida
Fiksi PenggemarAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
