—¿Estás nerviosa por el recital de mañana, Emma?
—Un poco. Creo que es la primera vez que me pasa, mamá.
—Bueno, es normal. Nunca habías tocado en un teatro tan grande... Pero hay algo más, ¿no?
—Ah. ¿Cómo lo sabes?
—Por la pieza que estabas tocando. No es la de mañana...
—Ya...
—¿Me lo quieres contar?
—Es que... Es que Lucas ha decidido dejar el conservatorio.
—¿Tu amigo?
—Sí, ese. Y a lo mejor ya no lo voy a ver más.
—Seguro que sí, Emma, si de verdad es tu amigo.
—¿Pero por qué sonríes así, mamá? ¡Mamá!
—Por lo que le acababa de decir a papá cuando te hemos escuchado al piano...
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(Emma)
No habría podido pasar un peor bachillerato. La yaya falleció cuando estaba acabando la educación secundaria, y entonces papá había desaparecido de nuestra vida.
No es que antes estuviera todo estupendamente, pero mamá y papá se habían esforzado en que no nos afectara toda la polémica que los rodeaba a ellos, y para nosotros esa época no fue tan mala. De hecho, recuerdo que había empezado a pasar otra vez más tiempo en casa, porque sentía que me necesitaban. Papá y mamá estaban tan ocupados haciendo de escudo que Helguita y Alejandro lo estaban notando.
Pero luego todo había escapado a nuestro control. Tengo que reconocer que no era consciente del pilar esencial que era la yaya en nuestra familia hasta que se fue y vi a Helga llorando en el parque. Sabía que iba a ser difícil, ¿pero tanto? Y a eso se sumaba que mamá estaba igual de perdida que yo, y también todo lo que echaba de menos a la yaya.
—No me imaginaba que sería así —le reconocí a Helga un día, mientras esperábamos a la profe de inglés.
Ella me había mirado con unos ojos fríos como el hielo.
—Tú no sabes nada. No sabes nada de nada —había respondido, con la misma frialdad de su expresión.
—Puede que sepa más de lo que crees, Helga — le contesté, preparándome para lo que venía. No era la primera vez.
—No, no sabes lo que era la yaya para mí.
Me acerqué a ella, pero sin tocarla. Sabía que cuando se ponía así me rechazaba: había que dejarle su espacio. Pero la miré, invitándola a desahogarse. Y ella lo estaba esperando. La vi tragar saliva.
— A la iaia li cantava (A la yaya le cantaba) —me dijo, en catalán, lo cual me sorprendió aún más. Entre nosotras no hablábamos en ese idioma. Solo lo hacíamos con la yaya.
— Helga, però si tu... (Helga, pero si tú..) —empecé, pero ella negó con fuerza, con los ojos brillantes.
—A la iaia era a l'única. I ja no em queda ningú (A la yaya era a la única. Y ya no me queda nadie). —Empezó a llorar, y supe que había llegado el momento de abrazarla, ahora que había mostrado su vulnerabilidad. Casi podía sentir el vacío en su interior—. Ni siquiera ha esperado a mi cumpleaños —añadió, con la voz tan rota que a mí también se me saltaron las lágrimas. Ya había soltado el secreto, por eso había dejado el catalán—. ¿Es que la yaya no me quería tanto? —continuó.
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Una voz compartida
FanfictionAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
