Parte 8.
De vez en cuando se me escapaba la mirada hacia la cuna. Todavía me parecía mentira: ¿ese bebé era mío de verdad? ¿No era otro sobrino, el hijo de una amiga?
Entonces reconocía la naricilla y los ojos de David en él y no podía evitar llenarme de orgullo. Era tan precioso...
David, por su parte, pasaba en el hospital todo el tiempo que podía, y en esos momentos no apartaba la vista de él, como si fuera a desaparecer. Al menor ruido ya estaba encima para ver qué le ocurría.
―Lo vas a malcriar... ―le hice notar, medio en broma, cuando volvió a comprobar que no necesitaba que le cambiaran el pañal.
—Eso espero —me reconoció, dirigiéndome una sonrisa juguetona.
Y así fue como nos encontró la siguiente visita.
Mónica.
Cuando David le había dado la noticia, ella le había dejado bien claro que no por eso iba a dejarlo o lo iba a querer menos. Y que todo lo importante para David también lo era para ella, así que no quería que la apartara.
Yo todavía no sabía lo que iba a significar todo esto, pero no había podido negarme a nada. Al menos por el momento.
La sonrisa juguetona de David se tornó en una nerviosa nada más la vio.
—Mónica... ―la recibió, dirigiéndose hacia ella y dándole un beso en la mejilla.
Era la primera vez que los veía juntos, y no pude evitar sentir una punzada de celos. Habría querido que ese beso hubiera sido para mí, que su brazo rodeara mis hombros, sobre todo desde que habíamos compartido ese otro beso. El remordimiento me podía tanto como el deseo, porque no sabía lo que había significado para él, pero para mí...
—Helga... —me llamó Mónica, haciendo un esfuerzo por sonreír.
Seguía en la puerta, y comprendí que no se atrevía a entrar. Me fijé en ella, en su cuerpo esbelto y su pelo rubio ceniza, que llevaba con un corte moderno muy favorecedor. Su sonrisa parecía sincera.
—Mónica, gracias por venir —conseguí articular, con esfuerzo—. Discúlpame, estoy un poco cansada —me excusé, recolocándome en la cama.
Ella asintió, y David la guio hasta la cuna. Su orgullo rebosaba por los cuatro costados y lo inundaba todo, y Mónica era consciente. Demasiado consciente.
Miró al niño con una mezcla de nervios e inseguridad, pero en ese momento Eric hizo una mueca que nos derritió el corazón a todos. Y luego empezó a lloriquear, como si fuera consciente de la atención y quisiera aprovecharse de ella. Tampoco podía negar que era mi hijo, estaba claro.
David tardó dos segundos en cogerlo, y yo lancé un suspiro, a lo que él me respondió con una sonrisa sin rastro de culpa. Mónica fue consciente de todo el intercambio, con los ojos entrecerrados. Sonreí para mis adentros, porque hacerlo abiertamente habría sido demasiado descarado.
Claro que entonces rodeó a David y apoyó la mejilla en su brazo.
—Te sienta bien ser papá, aunque yo eso ya lo sabía —le susurró.
Ahora tuve que contenerme para no soltar un insulto. Tampoco ayudó el hecho de que él le dirigiera una mirada llena de cariño. Mónica le hizo una carantoña a Eric, que seguía en brazos de David, y este volvió a llorar, ahora con más fuerza. Sí, definitivamente hijo mío.
David y Mónica intentaron calmarlo, sin éxito.
—¿Le toca comer ya? —me preguntó David, incrédulo.
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Una voz compartida
FanfictionAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
